Tacos de canasta a pura resistencia

La pareja de inmigrantes mexicanos han librado un sinnúmero de batallas para llevar el sustento al hogar
Tacos de canasta a pura resistencia
María Elena y su esposo José Samuel Herrera han vendido tacos por más de 19 años/ fotos: Aurelia Ventura.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

“¡Pásele, pásele, tacos de canasta calientitos, tacos dorados!”, grita con fuerza María Elena Herrera con la intención de que su voz alcance a quienes, al cruzar la calle, entran o salen del Consulado de México en Los Ángeles.

María Elena Herrera y su esposo José Samuel Herrera están cumpliendo 18 años de vender tacos de canasta y otros antojitos mexicanos afuera del Consulado de México en Los Ángeles a fuerza de pura resistencia y tenacidad.

“Nos han echado a la Ciudad, a la policía. Hemos pagado multas por miles de dólares, nos han metido a la cárcel, nos han quedado debiendo, nos han amenazado con darnos un balazo. Hemos pasado frío, lluvias, altas temperaturas, y aquí seguimos por pura necesidad”, dicen José y María.

María Elena Herrera y su esposo José han enfrentado muchos obstáculos en su necesidad por llevar el sustento a su hogar. (Aurelia Ventura/La Opinion)

El matrimonio del sinaloense José Herrera y la nayarita María Elena Herrera llegó en 2001 con sus tres menores hijos de 9, 8 y 5 años a Los Ángeles.

“Venimos porque una hermana nos solicitó la residencia”, recuerda José.

Al principio, él trabajó en una fábrica pero el ingreso no era suficiente para mantener a la familia.

Como ya se dedicaban a la venta de comida en Acaponeta, Nayarit donde residían, decidieron empezar a vender tamales en los proyectos (complejo de departamentos para personas de bajos ingresos) en el barrio de Boyle Heights.

“Hasta que un día mi hermano nos dijo, están perdiendo el tiempo, vayan a vender tamales y champurrados afuera del Consulado de México. Ahí está el negocio”, dice María Elena.

Los tacos de canasta y tacos dorados  (Aurelia Ventura/La Opinion)

En esa época, la gente llegaba desde la 12 de la noche a hacer fila en el Consulado de México para ser los primeros a las siete de la mañana cuando abrieran las puertas.

“Era una fila larga por toda la subida de la calle”, recuerda María Elena.

Así fue como una madrugada llegaron con sus tamales, champurrado, café y pan para vender a los mexicanos que esperaban por horas con sillas y cobijas afuera del consulado.

“Para las cinco de la mañana ya habíamos vendido todo”, cuenta José.

Pero con la bonanza, empezaron los problemas. “Los de seguridad del Consulado nos echaban a la policía, a la Ciudad. Nomás faltó que mandaran traer al FBI. Un día un agente de seguridad nos amenazó con darnos un balazo”, dice María Elena.

Y efectivamente los inspectores de la Ciudad empezaron a llegar y multarlos. “Venían en unos Van amarillos.Yo ya los conocía y nomás lo veía venir, dejaba todo mi comida y corría a esconderme para que no me dieran multas”, relata.

María Elena y su esposo José Samuel Herrera han sorteado infinidad de tacos de canasta y dorados. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Pero no siempre se podían escapar. “Nos ponían multas por 300, 500 y hasta 800 dólares. Hemos pagado multas por miles de dólares. Con decirles que todavía estamos pagando en abonos una multa de 600 dólares que nos dieron en 2014”, platica José.

Muchas veces les decomisaban toda la comida. “Un día nos metieron a la cárcel. Fue un jueves de Acción de Gracias. Nos dio mucho miedo porque nos habían dicho que nos tendrían detenidos todo el fin de semana largo y nos dejarían libres hasta el lunes. Por suerte solo fue un día”, narran.

Fue hasta hace dos años que les salió competencia y llegaron otros vendedores a ofrecer comida a los mexicanos que llegan al consulado.

“Durante años fuimos amos y señores. Y muchos vendedores intentaron ponerse, pero les caía la ley y ya no volvían. La verdad no es fácil”, dicen.

Tan no es fácil que el administrador y los empleados de seguridad los han presionado para moverse e instalarse en diferentes puntos del edificio del consulado. “El administrador del consulado nos dio el tiro de gracias. Antes estábamos afuera, ahora nos pusieron enfrente”, cuenta.

María Elena y su esposo José Samuel Herrera han vendido tacos de canasta durante 18 años afuera del Consulado de México. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Los problemas nunca les han faltado. “Los del estacionamiento frente al Consulado nos quisieron quitar de la banqueta que porque estábamos en su propiedad. Yo me les puse duro. Les dije que la banqueta era de la Ciudad. ‘Voy a llamar’ a la policía’, me dijo el encargado del estacionamiento. Pues llámala ahorita mismo, le respondí. No la llamó. Se calmó con sus amenazas”, dice.

A pesar de todos los desafíos que enfrentan a diario, tienen mucha clientes, incluso de la oficina consular mexicana.

“Vendemos tacos de canasta al vapor, tacos dorados de papa, frijoles, chicharrón prensado, mole; y quesadillas, tamales de pollo en salsa verde, rajas con queso y de puerco. Tienen el sazón de México, y los precios no se diga son muy buenos, cinco tacos de canasta bien servidos a cinco dólares. ¿Dónde se los hallan así de sabrosos y baratos”, pregunta José.

Dice que aunque la mayoría de sus clientes en el consulado son muy fieles y buena paga, hay otros que les han quedado a deber.

“Hay una muchacha que nos debe 300 dólares. Bueno, nos debía 400 y nos abonó 100, pero ya no volvió. Nosotros decimos, si no pagas lo que comes, ¿entonces qué? Y hasta traía invitados a comer. Apúntenlo a mi cuenta, nos decía ”, relata José.

Este menor disfruta de los populares tacos de la familia Herrera Tacos.  (Aurelia Ventura/La Opinion)

El sacrificio para sacar a sus hijos adelante ha sido mucho. “Ah… y los fines de semana vendemos pedidos de comida para fiestas”, aclara José.

La pareja no tiene descanso, aunque ya no madrugan porque el Consulado ahora trabaja con citas y la gente no tiene que llegar tan temprano. “Vendemos de 10:30 de la mañana a 3 de la tarde”, precisan.

Pero todo el esfuerzo ha dado frutos. “Los hijos ya crecieron. Ya hicimos casa en México para retirarnos allá”, estima José quien anda en los 60 años y María Elena en los 57.

“Nos sentimos contentos. Hace unos cuatro años que la Ciudad de Los Ángeles ya no nos multa. Los vecinos de la cuadra del Consulado nos conocen. Los niños del barrio se hicieron grandes y vienen a saludarnos”, cuenta María Elena.

¿Qué los hace seguir en la lucha? “La necesidad de un sustento.Tenemos que aguantar hasta los 68 años”, coinciden ambos mientras levantan trastes, mesas, sillas y sombrillas para el sol, listos para terminar la jornada y regresar a su casa en el este de Los Ángeles a preparar la comida para la venta del día siguiente.

Legalización de ambulantes en aceras

A partir del 1 de enero de 2020, la Ciudad de Los Ángeles va a comenzar a dar permisos a los vendedores ambulantes. Desde el 1 de enero de 2019, entró en vigor una ley estatal del senador Ricardo Lara que legalizó las ventas ambulantes en las aceras de California. Basado en esa normativa no se permite más dar infracciones.

Se estima que el sistema de permisos para vender en aceras y parques ayudará a 50,000 vendedores de Los Ángeles.