La situación al límite: pedir asilo al sur de la frontera es cada vez peor

La situación al límite: pedir asilo al sur de la frontera es cada vez peor
Foto: OMAR MARTINEZ / Getty Images

Honestamente, la situación está al límite.  Lo vi de primera mano en un viaje que hice a principios de agosto a Guatemala y México.  Me acompañó una delegación de observadores, y juntos presenciamos el drama detrás de cada inmigrante que busca asilo y refugio en los Estados Unidos.

Escuchamos por qué huyen de la violencia en sus países.  Defensores de derechos humanos que trabajan muy de cerca con estos grupos, nos ayudaron a entender y llegar a la raíz del problema migratorio.  Y tristemente, tengo que insistir: la situación está al límite.

Soy salvadoreña.  Quizás esas realidades no deberían sorprenderme, porque pertenezco a una generación de inmigrantes que conoce muy bien lo que pasa a cada lado de la frontera.  Pero el drama humano que trae consigo cada inmigrante no deja de impactarme.

En mi segundo día entre estos grupos, por ejemplo, una familia recién llegaba al Centro del Inmigrante en Guatemala.  El director de la institución nos dijo que desde el año pasado, la mayoría de los inmigrantes que reciben son familias.  Pero esta en particular, me tocó el corazón.

Me tomó unos segundos cruzar mi mirada con la madre, y solo eso bastó para percibir su dolor y desesperación.  Sus dos hijos, de entre 3 y 7 años de edad, iban tomados de la mano. Se veían cansados. Me sentí impotente ante esa recién llegada familia. En silencio elevé una plegaria por ellos, para que pudieran llegar a su destino y que esos hermosos niños sobrevivieran al cruzar el río.

También conocimos a un hombre haitiano inmigrante, quien desesperado buscaba que liberaran a su esposa e hijo de un centro de detención en México, pero no lograba mucho porque no hablaba español.

Son escenas perturbadoras y traumáticas, que resumen como las políticas anti-migratorias de la administración Trump son un peligro para los inmigrantes de color.  No solo para los centroamericanos, sino también para los haitianos negros, quienes protestan las condiciones en los centros de detención.

Todos arriesgan sus vidas en un trayecto peligroso, con un solo propósito: sobrevivir.  Su lucha la resume las palabras que me dijo uno de los inmigrantes: “si somos de todas formas enfrentamos la amenaza de morir, prefiero morir tratando de vivir”.

La violencia, el desplazamiento y la pobreza están interconectados.  Nadie quiere dejar su hogar, a menos que esas condiciones le obliguen a ello.  La situación empeora, con las restrictivas normas de asilo y para refugiados que ha implementado el gobierno de Trump: de 110,000 que eran permitidos bajo Obama en el 2017, han disminuido a 50,000 en el 2017; luego a 45,000 en el 2018  y ahora en el 2019, a 30,000. La cifra más baja que se ha registrado, la misma que ha creado una crisis y que permite al Primer Ejecutivo “demonizar” y criminalizar a refugiados e inmigrantes por igual, con tal de mantenerlos fuera del país.

Pero el plan maquiavélico de Trump no se queda ahí.  Con un acuerdo realizado el pasado 7 de junio, ha involucrado a México -y luego a Guatemala- para que detengan y vigilen a los inmigrantes antes de llegar a la frontera estadounidense.  Pero ninguno de los dos países tienen la infraestructura para brindar protecciones a esos inmigrantes. Mientras, la retórica racista y xenofóbica de Trump siguen ganando terreno más al sur de la frontera, donde queda al margen de tener que rendir cuentas.

Todo estadounidense debe comprender la situación real y juntos actuar para encontrar salidas reales de esta crisis migratoria que lleva años sin atenderse y que nos ha colocado en el caos que vivimos hoy.

Entendamos que la gente se desplaza: es un derecho humano que se ha ejercido desde siempre, y una realidad que debemos acabar por aceptar.

Tenemos que convertirnos en una nación que le dé la bienvenida al inmigrante y procure que prospere, aquí o en su país de origen.  Tenemos que desarrollar políticas que afirmen a los refugiados y garanticen asilo a aquellos que huyen de la violencia en sus países.  Tenemos que desarrollar vías humanitarias, modernas y que tomen en cuenta las complejas y cambiantes situaciones socio-políticas, económicas y ambientales que impiden a tantos progresar en sus propios países.

Necesitamos reconocer y entender que la política exterior de Estados Unidos con algunos países ha traído consecuencias negativas con la gente de esas regiones.  En vez de endurecer sus posturas, Estados Unidos debería ayudar a esos países a resolver los factores económicos, comerciales, sociales y de seguridad, que son la verdadera causa de las altas tasas migratorias.  Pero también debe hacerlo con la sensibilidad de bases comunitarias.

Nos urge que Estados Unidos provea una solución legal y segura para todos los inmigrantes, tanto para los que llegan con destrezas de alta tecnología como para el que viene a realizar trabajos manuales y agrícolas. Tenemos que promover la unidad de las familias y elaborar un camino accesible, costo-efectivo y de equidad para que las personas indocumentadas que ya viven en nuestras comunidades puedan hacerse ciudadanos.

Durante mi viaje a Centroamérica, vi la fuerza, resistencia y esperanza de mi gente.  Me di cuenta que, a pesar de que han transcurrido 500 años de colonización, seguimos sonriendo, luchando por sobrevivir y moviéndonos para alcanzar un mejor futuro.  Es la mejor señal de resistencia que he visto en toda mi vida. Tengo la esperanza de que vamos a ganar esta batalla y que algún día alcanzaremos la justicia y libertad que se merecen nuestros hermanos en las Américas.

———–

Sulma Arias es la directora de Asuntos de Inmigración del proyecto FIRM de la organización Community Change y co-fundadora de Refugio para Familias, una coalición transnacional que busca encontrar soluciones para la difícil situación de las personas centroamericanas que huyen de sus lugares de origen. Las organizaciones que son parte de la campaña son: Alianza Americas, National Partnership for New Americas, Fair Immigration Reform Movement, We Are All America.