Las razones por las que las personas padecen cinofobia y cómo superarla

El miedo a los perros de cualquier raza suele aparecer en la infancia causando palpitaciones, hiperventilación e incluso llanto, pero puede superarse con o sin ayuda profesional

La fobia a los perros se origina casi siempre en la infancia.
La fobia a los perros se origina casi siempre en la infancia.
Foto: Alem Coksa / Pixabay

Los perros son una de las mascotas favoritas alrededor del mundo. Pese a ello, hay niños, adultos y ancianos que padecen cinofobia, una fobia o miedo irracional a los caninos que llega incluso a condicionar su día a día. Este transtorno tiene solución con terapia profesional a través de un conjunto de acciones de las personas que lo sufren.

Para quien padece ese trastorno, basta con imaginar que va a encontrarse con un perro y de inmediato su sistema nervioso se activará produciendo síntomas como palpitaciones, sudoración excesiva, sensación de falta de aire e hiperventilación, terror o angustia y llanto (sobre todo en niños), según 20 minutos.

La cinofobia también suele producir tensión muscular y generar conductas de evitación, como salir corriendo si se ve un perro, aunque sea de lejos o pedir a amigos o familiares que encierren a su perro si se les va a visitar.

Las fobias aparecen después de haber tenido una mala experiencia con los perros durante la infancia, haberla vivido de cerca o haber vivido un evento traumático que la persona asocia a un perro, como un mordisco o intento de mordisco, un perro que los tiró al suelo sin querer cuando intentaba saludarlos o un fuerte gruñido cuando se le intentó acariciar.

Foto: Mark Timberlake/Pixabay. Los adultos no deben transmitir sus miedos a los pequeños.

De acuerdo con el psicólogo Rafael San Román, si una fobia llega al punto de no permitir llevar una vida normal, lo más eficaz es buscar ayuda profesional, pues una fobia no deja de ser un trastorno de ansiedad.

El profesional en cuestión evaluará el caso para buscar el tratamiento más adecuado, pero el más efectivo en el caso de las fobias en fases iniciales, pueden utilizarse fotografías, contenido audiovisual, peluches y terminan con la exposición a animales vivos.

Si no se trata de una fobia muy intensa o un miedo que no afecte de manera exagerada a nuestro día a día, la persona puede poner de su parte para que la convivencia con los perros sea más llevadera, algo que pasará siempre por una exposición progresiva y consciente.

Primero mirando desde lejos a los canes, después ir acercándose y permitir que perros tranquilos y pequeños se acerquen y huelan para posteriormente atreverse a una pequeña caricia. Esas técnicas, aunque pueden funcionar y ayuden a superar el problema, siempre serán menos eficaces que una terapia psicológica.

También es importante que a pesar de que no se piense en tener un perro como mascota, se intente prevenir la cinofobia desde niños porque se tendrá que convivir con ellos de todas formas en algún momento de la vida. Para evitarla, se debe permitir que los niños se acerquen a los perros de forma segura y gradual desde pequeños e intentar no transmitirles miedos propios.

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