5 razones por las que siempre tienes hambre

Si constantemente sientes hambre aún cuando acabas de comer, existen algunos factores que lo pueden estar ocasionando. Entérate y cuida tu salud evitando el sobrepeso, la obesidad y diversas enfermedades degenerativas

El consumo de alimentos ricos en fibra, frutas, verduras y legumbres es importante para controlar los niveles de apetito.
El consumo de alimentos ricos en fibra, frutas, verduras y legumbres es importante para controlar los niveles de apetito.
Foto: Shutterstock

El hambre es una señal que envía el cuerpo cuando necesita comida, sin embargo en muchas ocasiones también se confunde con las “ganas de comer”. Se presenta con señales infalibles como el típico gruñido en el estómago, sensación de vacío en el estómago, dolor de cabeza, irritabilidad, cambios de humor y problemas de concentración.

Todos los seres humanos en diferentes circunstancias sentimos hambre, sin embargo es una sensación que varia en cada persona, existen quienes pueden pasar varias horas entre comidas sin sentir hambre y en otros casos se puede sentir hambre de manera muy recurrente a lo largo del día. Las explicaciones son diversas entre las que se destacan dietas con ciertas deficiencias en proteínas, grasas o fibra, altos niveles de estrés, deshidratación, entre otros. Si sientes que tus niveles de hambre se han activado a lo largo del día, conoce las principales razones.

1. No consumir suficientes proteínas

En muchas ocasiones el hambre descontrolada se relaciona directamente con el tipo de alimentación que seguimos, las dietas que se caracterizan por una baja ingesta en proteínas son una importante causa. El organismo necesita de las proteínas para controlar el apetito y gracias a su poder saciante nos mantienen satisfechos a lo largo del día. Por otra parte las proteínas tienen la peculiaridad de reducir los niveles de las hormonas que estimulan el hambre. Un estudio comprobó que reemplazar el 25% de las calorías en proteínas durante 12 semanas en hombres obesos, redujo en un 50% el deseo por comer todo el tiempo. Los especialistas recomiendan la ingesta de alimentos con alto aporte en proteínas como es el caso de la carne, el pollo, el pescado, el huevo, en algunos productos lácteos como la leche y el yogurt y otros de origen vegetal como es el caso de las legumbres, nueces, semillas y granos. 

Proteínas. /Foto: Shutterstock

2. Estás consumiendo muchos carbohidratos refinados

Los carbohidratos refinados se relacionan con efectos negativos para la salud, esto se debe a que durante el procesamiento son despojados de su contenido en vitaminas, minerales y fibra. Esto se da cuando se consumen en exceso harinas blancas que se encuentran en alimentos elaborados a base de grano entero como el pan y la pasta, también se consideran de alto riesgo los productos elaborados con azúcares procesados como es el caso de algunos panes horneados, los dulces y los refrescos. Estos alimentos influyen en el estado de hambre ya que carecen de fibra y es por ello que el cuerpo los digiere fácilmente, por otra parte se caracterizan por provocar picos de glucosa y esto conduce a mayores niveles de insulina en la sangre que tiende a derivarse en hipoglucemia, que se refiere a bajos niveles de azúcar en la sangre que le indican al organismo que necesita más alimentos. Reemplazar a los carbohidratos refinados es un gran y sencillo hábito de salud, la mejor recomendación es optar por alimentos más saludables como es el caso de las frutas, verduras, legumbres y granos integrales; su aporte en fibra ayuda a tener el hambre bajo control.

Dona./Foto: Lisa Fotios/Pexels

3. Sigues una dieta baja en grasas

Las dietas bajas en grasas se asocian con menor saciedad, esto se debe a que son nutrientes que el organismo tarda más tiempo en digerir y permanecen el el estómago durante períodos más prolongados. A la vez el consumo en grasas es importante para aumentar la producción de las hormonas responsables de la sensación de saciedad o plenitud. Diversos estudios comprueban que las dietas bajas en grasas son causa de un aumento significativo en los antojos de alimentos ricos en azúcares y carbohidratos. Es importante elegir  elegir grasas saludables que se destaquen por su alto contenido en ácidos grasos Omega 3 y los triglicéridos de cadena media que son reconocidos por su capacidad de saciar y reducir sanamente el apetito. Las principales recomendaciones de alimentos son el aceite de coco, el salmón, el aguacate, las semillas de chía, los frutos secos, el atún y la caballa.

aguacate
Aguacate. /Foto: Shutterstock

4. No estás tomando suficiente agua

Uno de los aspectos más importantes para gozar de un buen estado de salud, sin lugar a dudas es mantener los niveles adecuados de hidratación. Beber la suficiente cantidad de agua por día se relaciona con el correcto funcionamiento del cerebro, del corazón, mejores niveles de concentración y rendimiento físico y mental. El agua mantiene sana la piel y al sistema digestivo y tiene un gran potencial para reducir el apetito, beberla antes de las comidas o en momentos de ansiedad por comer se asocia con una menor ingesta de calorías. También es importante saber que en muchas ocasiones se pueden confundir los sentimientos de hambre y sed, siempre que sientas el estómago vacío prueba tomando un vaso de agua. Integra el consumo de frutas, verduras, batidos, jugos y sopas que se sumarán positivamente.

agua limón
Agua./Foto: Shutterstock

5. Carencia de fibra

La fibra no sólo es importante para el funcionamiento digestivo, intestinal y cardiovascular, es un nutriente fundamental en la dieta ya que brinda saciedad. Especialistas en nutrición han comprobado que las dietas pobres en fibra, se asocian con mayor apetito. Los alimentos ricos en fibra se digieren más lentamente en el organismo, tienen la peculiaridad de reducir la velocidad de vaciado del estómago y son perfectos para mantener el hambre controlada por muchas horas. También una alta ingesta de fibra se relaciona con la liberación de las hormonas que reducen el apetito, la recomendación es consumir los alimentos que contengan en su mayoría fibra soluble. Algunas buenas opciones son productos como la avena, las semillas de lino, el camote, las naranjas y las coles de Bruselas. 

avena
Avena./Foto: Shutterstock