Sin trabajo, sin pruebas del COVID-19 y sin seguro médico en el sureste de Los Ángeles

Ignoradas al inicio de la pandemia, ciudades de mayoría latina ahora enfrentan graves retos de salud; el 41% de los trabajadores de esta zona son esenciales.
Sin trabajo, sin pruebas del COVID-19 y sin seguro médico en el sureste de Los Ángeles
Muchos residentes del sureste de Los Angeles son trabajadores esenciales, pero carecen de acceso a las pruebas COVID-19. (Archivo)
Foto: La Opinión / Impremedia

Siete de cada diez residentes del sureste del condado de Los Ángeles han perdido sus empleos o se les ha reducido el salario durante la pandemia, y el 40% tiene menos de $500 en ahorros para ayudarlos a sobrevivir durante la crisis económica, según una encuesta publicada hoy jueves.

La encuesta se realizó para una fundación que busca saber cómo les está yendo a las pequeñas comunidades de la región como Bell, Bell Gardens, East Los Angeles, Huntington Park, Lynwood, Maywood, South Gate, Paramount y East Compton, entre otras. Alrededor de 700,000 personas residen en las 15 comunidades, aproximadamente el 90% son latinas y muchas viven por debajo del nivel de pobreza.

Se estima que un alto número de personas en la región son trabajadores esenciales, incluyendo conserjes, trabajadores de restaurantes y empleados de supermercados. De los encuestados, el 41% dijo que estaban trabajando fuera del hogar, y una cuarta parte dijo que no se sienten seguros en su lugar de trabajo.

Además, incluyendo a los trabajadores esenciales, a las personas les resultaba difícil obtener pruebas para el coronavirus en su área. Casi la mitad dijo que quería hacerse la prueba, pero no pudo debido a los “desiertos de prueba”, la falta de sitios de exámenes en la ciudad y la atención médica inadecuada.

Gaspar Rivera-Salgado, director de proyecto en el Centro Laboral de UCLA, dijo que muchas comunidades latinas experimentaban pobreza antes del COVID-19 debido al alto costo de las condiciones de vida y los bajos salarios.

“Cuando el COVID-19 golpeó, creo que exacerbó esas condiciones y lo hizo horrible”, expresó.

Rivera-Salgado dijo que en una economía de bajos salarios, el ingreso es muy impredecible.

“El ahorro no es un problema, la supervivencia es un problema para estas comunidades”, indicó. “Y dado el hecho de que hay un alto costo de vida, realmente terminas viviendo cheque a cheque y no ahorras dinero en caso de algún desastre, como lo que ves ahora”.

Anayeli Velázquez, quien vive con su esposo y sus dos hijas en Huntington Park, no participó en la encuesta, pero refleja muchas de las preocupaciones reportadas.

Indicó que su esposo es el principal proveedor de la familia, y cuando comenzó el brote lo despidieron de una fábrica de ropa.

La familia decidió refugiarse en casa, pero ha sido difícil porque sus ahorros no duraron mucho. “Vivimos día a día y apenas teníamos ahorros”, dijo Velázquez.

La concejal de Huntington Park, Graciela Ortiz, dijo que muchos de los residentes de su ciudad son trabajadores esenciales en supermercados o en plantas industriales en Vernon y Commerce. La mayoría de los residentes que perdieron sus empleos estaban trabajando en ventas minoristas o en restaurantes e industrias alimentarias.

Centro de pruebas del COVID-19 de AltaMed en South Gate. (Suministrada)

“Muchos de ellos no tienen el lujo de quedarse o trabajar desde casa. Tienen que ir a sus lugares de trabajo”, indicó la concejal.

La California Community Foundation encuestó a 500 adultos en inglés o español del 8 al 14 de mayo. Casi la mitad respondió en español.

En asociación con el Southeast Los Angeles (SELA) Collaborative, la encuesta fue diseñada por investigadores del Instituto de Asuntos Públicos Pat Brown en Cal State Los Angeles y Latino Decisions, una firma de investigación de opinión pública. Los residentes fueron seleccionados al azar de las bases de datos de teléfono y correo electrónico de los residentes de la región.

Uno de los resultados más llamativos fue que “las reservas de dinero en efectivo son extremadamente limitadas”, según lo destacado en la encuesta, señalaron Raphael J. Sonenshein, director ejecutivo del Instituto Pat Brown, y Claudia Rodríguez, analista de Latino Decisions.

Una cuarta parte de los residentes encuestados dijeron que tienen menos de $100 en fondos de emergencia, y otro 15% tiene menos de $500. Alrededor del 30% de los participantes dijeron que tenían problemas para pagar el alquiler de sus hogares y casi la mitad dijeron que no habían recibido ayuda con el alquiler o los pagos de la hipoteca.

Rodríguez dijo que la encuesta está diseñada para comprender mejor cómo la pandemia está perjudicando a las personas en las comunidades.

“Teníamos una idea de cómo les iba a estas comunidades, pero al ver realmente el grave impacto económico y el grave impacto en la salud de nuestras comunidades, una vez que obtuvimos los números, es sorprendente verlos”, agregó.

Las ciudades más pequeñas a menudo se olvidan y están subrepresentadas, añadió la analista.

“Las comunidades más pequeñas dentro de la región sureste de Los Ángeles creo que son particularmente vulnerables y deberíamos prestar atención a sus necesidades”, expresó Rodríguez.

Entre los que dijeron que califican para el desempleo, la mitad aún no lo ha recibido. Además, la ayuda federal de estímulo ha sido inconsistente: alrededor de una cuarta parte dijo que califica para los cheques de $1,200 por persona, pero no los recibió, y solo uno de cada tres dijo que recibió el pago completo.

El racismo también es una preocupación importante, con alrededor del 85% que indicó que el racismo contra los latinos y los inmigrantes era un problema importante o algo serio.

Muchos residentes del sureste de Los Angeles son trabajadores esenciales, pero carecen de acceso a las pruebas. (J. Emilio Flores/Cal State LA)

 

No hay suficiente acceso a pruebas

La encuesta encontró que las pruebas de coronavirus han sido irregulares en la región. Solo el 15% dijo que se habían hecho la prueba y al 47% le gustaría hacerse la prueba, pero no ha podido hacérsela por varias razones.

A pesar de seguir las órdenes de quedarse en casa, Velázquez dijo que su esposo y siete familiares cercanos fueron contagiados del virus. Ella dijo que no sabe dónde ni cómo pudo haberse infectado su esposo.

“A veces salía a comprar víveres con su primo”, dijo Velázquez. “A veces mi cuñado, que seguía trabajando, nos traía comida o artículos esenciales”. Ese cuñado también se infectó y se vio obligado a dejar de trabajar.

Debido al estado de inmigración, la falta de recursos de atención médica y la información errónea, ninguno de los miembros de la familia fue al hospital. Algunos temían que se llevaran a sus hijos si decían que estaban infectados; otros temían morir en el hospital.

Velázquez dijo que ha sido muy difícil para que la familia se haga la prueba.

“Solo tenemos el Medi-Cal de emergencia y llamábamos al número del condado de Los Ángeles, pero no nos daban una cita”, contó. “Después fui a una clínica local y tampoco querían hacérmelo porque no tengo Seguro Social. Dijeron que me costaría como $300″.

Velázquez dijo que un primo enfrentó una situación similar. Se infectó y fue examinado, pero hubo prueba disponible para su esposa.

“Siento que automáticamente piensan que estamos infectados y simplemente nos envían a quedarnos en casa durante 14 días para ver cuáles son nuestros síntomas”, dijo Velázquez.

En la encuesta, el 68% de los residentes dijeron que, a excepción del trabajo, no habían salido de su casa durante la pandemia o solo habían salido una vez por semana.

Después de buscar más opciones, Velázquez finalmente se hizo la prueba, pero aún no ha recibido sus resultados.

El doctor Efraín Talamantes, director médico del Instituto para la Equidad en Salud de AltaMed, dijo que la mayor preocupación ha sido el acceso inadecuado a las pruebas en las comunidades más pobres.

“Si hay algunas pruebas, se dirigen a las personas que tienen más recursos”, dijo Talamantes. “Así que inicialmente comenzamos a ver la tendencia, muchos más casos en Beverly Hills en West LA, y no estábamos viendo ningún caso en East LA o South Central”.

Eso se debe a que estas áreas se consideraron unos desiertos porque no tenían centros para que la gente se hiciera la prueba.

“Si tienes un lugar sin centros de pruebas, no sabes que tienes [el virus], entonces no te aislarás. No sabes cómo protegerte y contagiarás a los demás, lo transmites a tus colegas en el trabajo, a tu familia”, dijo. “Tienes estos brotes masivos que están sucediendo porque nadie sabe lo que está pasando. Es demasiado tarde cuando el virus se propaga tan rápido”.

Algunas áreas se consideraron desiertos de pruebas para el coronavirus. (J. Emilio Flores/Cal State LA)

La alcaldesa de Bell Gardens, Alejandra Cortez, dijo que el consejo de la ciudad cree que si hubiera más acceso a las pruebas podría haber una mejor conciencia de cómo le está yendo a la región.

“Sabemos que tenemos recursos limitados, por eso el Condado de Los Ángeles sigue asociándose con organizaciones como AltaMed que ya cuentan con personal médico para evitar mayores costos de tener un sitio de pruebas independiente”, dijo Cortez.

Bell Gardens y Huntington Park no tienen sitios de prueba. Los residentes tienen que depender de ciudades vecinas, como Commerce, Bell, South Gate y Downey.

Ortiz dijo que en Huntington Park algunas clínicas locales pueden realizar las pruebas, pero las personas tienen que preguntar primero para ver si hay disponibles.

“Nos preocupamos porque nuestro número sigue creciendo y queremos proporcionar tantos recursos como podamos a nuestros residentes”, dijo Ortiz.

Ortiz dijo que muchos de los residentes de la región están gravemente afectados porque trabajan en lugares susceptibles al contagio.

Tony Gómez, de 41 años, residente de South Gate que trabaja para una ciudad, dijo que cuando se anunciaron por primera vez las órdenes de permanecer en casa en marzo trabajaba desde su casa. Pero poco después, le dijeron que regresara a trabajar a la oficina.

“Me siento seguro, pero solo hasta cierto punto”, dijo Gómez. “Nos proporcionaron desinfectantes para las manos, pero no sabemos qué hace la gente fuera del trabajo”.

Este artículo es parte de The California Divide, una colaboración entre las salas de redacción que examina la desigualdad de ingresos y la supervivencia económica en California.