Un joven enfermero frente al COVID-19 en uno de los municipios más pobres de México

Arnold Juárez lucha por su gente en Teziutlán, en el estado de Puebla
Un joven enfermero frente al COVID-19 en uno de los municipios más pobres de México
Arnold Juárez lucha por la salud de sus paisanos en tiempos de Covid
Foto: Arnold Juárez. / Cortesía

MÉXICO – En la Jurisdicción 3 de Zacapoaxtla, la más grande del sistema de salud del estado de Puebla y uno de los más pobres del país, el enfermero Arnold Juárez, lucha por la salud de sus paisanos en tiempos de Covid con el mismo ímpetu que defiende su supervivencia entre marginales condiciones de trabajo.

Los datos oficiales de la Secretaría del Bienestar reconocen que en el municipio de Teziutlán más de la mitad de las viviendas  no disponen de lavadora (54.3%); que la población sin derechohabiencia a servicios de salud es del 47.6%, que el 42% los muchachos de 15 años y más tienen educación básica incompleta (42.8%).

Que cuatro de cada 100 viviendas no tienen sanitario y que otro tanto no  disponen de refrigerador, que siete de cada 100 personas son analfabetas y un número similar no asiste a la escuela.

Para frenar parte estas condiciones, el estado construyó el Hospital General de la Región, una obra deslumbrante cuya moderna fachada ha inspirado a las nuevas generaciones a lanzarse a las aulas de las universidades en búsqueda de un espacio de oportunidad en la medicina, la enfermería y todas las ramas de salud.

El Hospital General de Teziutlán tuvo un costo de alrededor de 25 millones de dólares
El Hospital General de Teziutlán tuvo un costo de alrededor de 25 millones de dólares

Entre ellos estaba Arnold Juárez, hoy de 28 años. “Siempre he tenido la vocación, pero además sabía que tenía familiares que podían ayudarme a ingresar al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) con un empleo Seguro.

El IMSS y el sistema de salud en general conserva algunas prácticas del sindicalismo oscuro que en México se ha perpetuado: la designación de plazas en el servicio público por nepotismo o amistad en lugar de una selección por habilidades o servicio de carrera. “Es la verdad, así sigue y no se puede negar”, advierte Arnold.

Apenas terminó su carrera de enfermería, el joven enfermero intento colocarse en el IMSS, pero finalmente  lo contrataron gracias a amistades en la Secretaría de Salud del estado para laborar en el municipio de Teziutlán, donde es oriundo. Ahí estuvo asignado al área de vacunaciones del Seguro Popular, un servicio que se ideó en el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) para atender a la población sin seguridad social.

Durante tres años viajó para dar vacunación a indígenas y mestizos sumergidos en la sierra profunda del estado donde muchos días la gente no tiene ni para comer (Cuetzalan, Huehuetla, Mozontla) hasta que, con el cambio de esquema del Seguro Popular al Instituto para el Bienestar,  lo echaron para ahorrar dinero con el personal.

Según la estadística oficial el personal médico en Teziutlán es de 440 personas (5% del total de médicos en la entidad) y la razón de médicos por unidad médica era de 31.4, frente a la razón de 7.5 en todo el estado, lo que permitía una buena cobertura que cambiaría muy pronto.

Durante cinco meses, Arnold Juárez estuvo desempleado y tal vez así seguiría de no ser porque este año la pandemia obligó al Estado mexicano a buscar más personal médico desesperadamente. En una conferencia de prensa el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que fueron contratadas 46,029 personas entre especialistas, médicos generales, camilleros, cocineros, radiólogos y enfermeros.

De vuelta al ruedo hace dos meses, Arnold Juárez recibió un contrato por honorarios (lo  excluye de antigüedad y otros beneficios sociales) por alrededor de $400 dólares. Nada de trajes especiales para evitar contagios del coronavirus, ni mascarillas, ni bendiciones que tuvo que imaginar.

“Acepté el trabajo por el desempleo y, aunque soy soltero, tengo gastos”, advierte. “Tengo mucho estrés por el trabajo, pero aquí estoy”.

“Les vale”

Cuando llega un caso covid al área de urgencias del hospital donde trabaja Arnold Juárez, el personal tiembla porque deben salir a recibirlo, a dar información y primeros auxilios mientras llega una ambulancia y lo traslada a un centro COVID-19. Los enfermeros sólo tienen dos uniformes: uno lo usan para recibir estos casos y otro para el área quirúrgica.

Se sabe que dentro de poco (no hay fecha exacta) todo el hospital será para combatir al coronavirus y a ver de a cómo les toca. El día a día no está nada fácil para los teziutecos. El ayuntamiento reconoce menos de una docena, pero no es lo que se ve en los hospitales. Los médicos locales contabilizan al menos 35 pacientes internados y tres fallecidos.  En el estado que reporta casi 9,000 casos positivos.

Arnold Juárez se acongoja paralelamente con casi todos sus conocidos. “No entienden que es un riesgo alto y siguen saliendo”, lamenta en entrevista con este diario mientras despunta un día con mucha juerga, restaurantes, gente en la calle sin mascarillas, reuniones callejeras y en casa… “¿Qué si eso me genera conflicto profesional? No porque es mi deber ayudar a la gente, es un principio básico de la enfermería, pero a veces me da impotencia tanta irresponsabilidad”.

En estos días también lidia con un familia contagiado con el coronavirus quien, aunque ya está a punto de recuperarse, se las vio negras con una sintomatología rara: le dio por la diarrea durante 14 días ininterrumpidos que la llevó a perder casi 20 kilos. Por suerte no tiene diabetes e hipertensión. “Es un tiempo muy complicado”.

Y no sólo por la pandemia, reconoce el enfermero, sino porque México es un país que ebulle en tiempos electorales  y las elecciones intermedias de 2021 se consideran en el imaginario social “a la vuelta de la esquina”. Esto implica que los gobernantes actuales están pensando en cómo saltar al siguiente puesto político, tal y como el presidente de Teziutlán, Carlos Peredo hacia la diputación.

“Quiere una ganar un puesto en el congreso y dejar a su esposa como suplente y, para lograrlo apuesta a la obra pública que no ha parado en estos meses”, observa Arnold de lejos y mientras espera que le den otro contrato, otro que mejore sus condiciones laborales como trabajador de primera línea en medio de la crisis de salud más letal de los últimos tiempos.

El drama de INSABI

Es verdad que en tiempos del Seguro Popular, los asegurados tenían que pagar una cuota y otros servicios, recuerda Arnold Juárez, pero sabe de primera mano que al menos había vacunas, medicamentos, gasas, papel, respiradores… Ahora “no hay nada” para complicación del personal de salud.

“La gente nos culpa a nosotros de esa falta”.

Arnold Juárez (extrema izquierda) con algunos de sus colegas enfermeros.
Arnold Juárez (extrema izquierda) con algunos de sus colegas enfermeros.

La confusión se genera por las expectativas de la propaganda en los medios de comunicación donde se dice que el gobierno dará gratuitamente todo (hasta los medicamentos) y generalmente no hay capacidad de atención camino a la saturación de hospitales Covid mientras el resto de enfermedades siguen en espera.

“Se nos han quedado bebés en paro o embarazadas hipertensas sin forma de poder bajarles la presión.

Al arranque de su administración, el presidente denunció una serie de prácticas de corrupción en la salud del sector publico que pasaba por ventas dudosas a sobreprecios y licitaciones torcidas que buscó combatir con la creación de Insabi, un proyecto para acceso igualitario a tratamientos integrales, además de controlar el abasto y optimizar la cadena de suministro.

Pero no se ha consolidado. “Este programa se volvió crítico desde que el gobierno en su transición dio instrucciones para que no se hicieran más compras y otros errores que han repercutido en los pacientes”, advirtió Héctor Ramírez, diputado del PAN y secretario de la Comisión de Salud.

El otro lado golpeado fue el personal de salud en un momento muy sensible. Del total de los 140 despidos que hicieron en el equipo de Arnold Juárez en el Seguro Popular, sólo recontrataron a cinco y como independientes. Frente a esta incertidumbre, el enfermero ha aprendido otro oficio en la imprenta de la familia.

Cuando estuvo desempleado vendía sellos en la jurisdicción de salud, a cada médico le diseñaba en una goma el nombre, la cédula y otros datos a la espera de cambios porque son tiempos para improvisar. “Nada es seguro ahora”.