Pence dibuja una imagen optimista de un país profundamente afectado por la crisis del coronavirus

El vicepresidente se sumó al objetivo central de la convención republicana: vincular a Biden con una izquierda que lo considera demasiado moderado

Pence dibuja una imagen optimista de un país profundamente afectado por la crisis del coronavirus
Pence habló ante una multitud, sin distancia social y con pocas mascarillas.
Foto: KEVIN DIETSCH / EFE

El vicepresidente Mike Pence cerró la tercera noche de la Convención Nacional Republicana con un discurso centrado en promover el gobierno al que pertenece -incluida la criticada gestión del coronavirus– y en continuar vinculando al candidato demócrata Joe Biden con los movimientos progresistas, la inseguridad y la violencia.

Pence se dirigió en directo a una multitud de personas apelotonadas y -la mayoría de ellas- sin mascarilla, que vitoreaban “cuatro años más” cada vez que el vicepresidente decía algo que consideraban elocuente.

La intervención más esperada de la noche tuvo como eje vertebrador un intento de resaltar los valores con los que los republicanos tratan de identificar a Estados Unidos y contraponerlos con los que defienden los demócratas. Según el vicepresidente, bajo una hipotética presidencia del candidato demócrata, el país quedaría irreconocible -al menos para los conservadores, como él orgullosamente se define.

“Donde ellos ven oscuridad, nosotros vemos grandeza”, dijo Pence en referencia al discurso de aceptación de Biden. Para el vicepresidente los demócratas estuvieron cuatro días “atacando a Estados Unidos“, a pesar de que esos ataques iban directamente destinados a Donald Trump, especialmente por su gestión del coronavirus y de las protestas raciales.

“La semana pasada, Joe Biden dijo que la democracia estaba en juego. Pero la verdad es que nuestra recuperación económica está en juego, la ley y el orden están en juego”, dijo Pence. “No es tanto si Estados Unidos será más conservadora o más liberal, más republicana o demócrata. Lo que se decide en estas elecciones es si Estados Unidos seguirá siendo Estados Unidos“, añadió.

Aunque sí se refirió a la crisis sanitaria y aseguró “llorar por los que están de luto” y homenajeó a las personas que han estado (y siguen) en primera línea, Pence trató de restar responsabilidad a su administración sobre las muertes y los contagios y defendió las decisiones del presidente ante una pandemia por la que ya han muerto casi 180,000 estadounidenses.

Pence aplaudió lo que llamó “suspensión de todos los viajes desde China”, aunque en realidad fue una restricción de vuelos que no impidió -según The New York Times– que 430,000 personas llegaran a China desde el país asiático desde que se anunció el virus en diciembre hasta abril. También presumió de haber puesto todos los recursos federales al servicio de los estados, algo con lo que gobernadores demócratas no estarán de acuerdo.

El vicepresidente fue el único que se refirió a las protestas en Kenosha, Wisconsin, que se desataron tras que un policía disparara siete veces por la espalda a un hombre negro. Pero lo hizo para decir que “la violencia debe acabar […] en Minneapolis, Porland or Kenosha” y no se refirió a lo que había provocado la agitación social.