Restaurantes ahorcados ante nueva restricción de no vender al aire libre

Demanda no logran detener la prohibición por tres semanas; mientras que la Junta de Supervisores asegura que no tienen otra opción

Restaurantes ahorcados ante nueva restricción de no vender al aire libre
Don Jaime Pérez, dueño de Mariscos Los Arcos en Van Nuys y Canoga Park lamenta la prohibición para que no sirvan comida al aire libre. (Cortesía Jaime Pérez)
Foto: Cortesía

Justo el Día de Acción de Gracias, que para muchos restaurantes es uno de los mejores del año en ventas, el condado de Los Ángeles ordenó la suspensión durante tres semanas del servicio al aire libre debido al repunte de casos y hospitalizaciones de COVID-19.

Al mismo tiempo, la Asociación de Restaurantes de California demandó al condado de Los Ángeles en un intento desesperado por detener la entrada en vigor de la nueva restricción que ordena no servir comida en los exteriores como aceras, patios, estacionamientos y jardines. Sin embargo, un juez rechazó la petición de detener la orden del condado para no permitir el consumo de comida al aire libre, aunque la acción legal continúa.

La nueva medida restrictiva entra en vigor a las 10 de la noche del 25 de noviembre, en la víspera de Acción de Gracias.

“La reciente orden sin bases científicas del condado de Los Ángeles enfocada en una industria en específico podría poner en riesgo miles de empleos”, dice Jot Condie, presidente de la Asociación de Restaurantes de California, a través de un comunicado.

Señala que hay miles de restaurantes y muchos miles más de empleados que podrían quedarse en la calle antes de la temporada de fiestas navideñas.

Muchos propietarios de restaurantes como Tere Salame de La Gondola invirtieron en mobiliario para servir fuera de sus negocios. (Cortesía Tere Salame)

Un nuevo ataque

La Opinión habló con dueños de restaurantes sobre la nueva prohibición de no servir comida fuera de sus instalaciones.

Tere Salame, una mexicana dueña del restaurante de comida italiana “La Gondola” en Beverly Hills, dijo que la nueva restricción es un ataque muy fuerte a la industria restaurantera que los tomó por sorpresa antes de Acción de Gracias. Esto ocurre, explica, después de que sin tener dinero, invirtieron en entrenamiento, calentadores, separadores y protecciones para los meseros para estar en disponibilidad de ofrecer el servicio a la intemperie.

“Ahora nos piden que vendamos comida solo para llevar. ¿Cómo? Nosotros no somos un restaurante de comida rápida. Somos un restaurante fino, bonito donde la gente no se puede llevar la comida en un traste de aluminio”.

Definitivamente, reconoce que está muy consternada sin saber qué hacer; y con la responsabilidad encima de 15 empleados y las familias que dependen de ellos. “Nosotros no somos un foco de infección de COVID. Cuando vienen familias a comer, no permitimos que se sienten más de 6 por mesa”.

Tere subraya que la venta de comida para llevar no deja para pagar por las mercancías, los sueldos de los empleados y todas las cuentas de un restaurante. “Solo le pedimos a los gobernantes que nos dejen trabajar y vender comida afuera de nuestros negocios. La gente también necesita salir de su casa. No hay cine, no hay teatros”.

Don Jaime Pérez de los restaurantes de mariscos Los Arcos del Valle de San Fernando preocupado por nuevas medidas restrictivas. (Cortesía Jaime Pérez)

Por unos cuantos pierden

Al otro lado del condado de Los Ángeles, en el barrio de Canoga Park en el Valle de San Fernando, don Jaime Pérez dueño del restaurante Mariscos Los Arcos, lamenta la nueva restricción, ya que al inicio de la pandemia tuvo que cerrar este negocio de comida y la sucursal que tiene en Van Nuys durante 55 días.

“Sobrevivimos porque tenía un buen fondo de reserva y porque mi arrendador se portó muy bien y me rebajó la renta a la mitad durante 4 meses. Ya ahorita hablé con los empleados para decirles que se les van a limitar las horas otra vez, y les pedí que se pusieran de acuerdo entre ellos para que la distribución del poco trabajo, sea equitativa y les toque de a poquito a cada uno”.

Don Jaime lamenta que desde que se filtró en las noticias sobre la prohibición a los restaurantes para no vender comida al aire libre, la clientela bajo 30%.

“Estoy preocupado porque los empleados se la van a ver muy ajustados con sus ingresos. El gobierno no entiende que los restaurantes no somos quienes propagamos el virus. Deberían estar al pendiente de las fiestas y eventos masivos donde la gente no le interesa cuidarse. Nosotros estamos queriendo sobrevivir, y por unos cuantos, perdemos y nos castigan”. 

Jackie Tiznado, una mesera de Mariscos Los Arcos, acepta sentirse angustiada. “No es lo mismo que la gente venga a recoger comida que servir en la mesa. En la comida para llevar casi no dejan propina, ni tenemos las mismas horas de trabajo. La vez pasada cuando el restaurante cerró, pude sobrevivir porque mi hermana y mi expareja me ayudaron económicamente”.

Esta empleada dice que todos los cambios y medidas impuestas por el condado de Los Ángeles, la mantienen a ella y a sus compañeros, muy estresados, con los nervios de punta y sufriendo de insomnio.

Desde el 25 de noviembre no se podrá comer en los restaurantes de Los Ángeles. (EFE)

Por el bien colectivo

La supervisora del condado de Los Ángeles, Hilda Solís dice con relación a la orden de suspender el servicio de venta de comida en los exteriores de los restaurantes, que es una tragedia que se haya llegado a este punto.

“Estoy muy consciente de que suspender las comidas al aire libre tendrá un impacto perjudicial en nuestros pequeños negocios. Pero tenemos que escuchar a los expertos en salud y su recomendación, es clara. Ninguno de nosotros quiere este cierre, pero es necesario para proteger el bienestar colectivo”.

Indica que no pueden sucumbir a la falsa dicotomía entre la salud de la economía y la del público. “Están intrínsecamente ligadas y para atender el rebrote de casos y hospitalizaciones de COVID-19, es necesario parar cualquier daño económico a largo plazo que pueda resultar en hospitales saturados, empleados enfermos y un mayor adelgazamiento de los programas de la red social”.

La Junta de Supervisores del condado de Los Ángeles promete ayudar a los restauranteros, pero hay suficientes fondos para apoyarlos. (Cortesía Jaime Pérez)

Moción de ayuda

La Junta de Supervisores aprobó una enmienda a la moción de la supervisora Solís para destinar recursos del plan de gasto complementario de la segunda Acta Cares del condado, y apoyar a restaurantes, cervecerías (breweries) y vinaterías (wineries).

Además, el 8 de diciembre, la Junta de Supervisores votará la moción de Solís para destinar $10 millones para que los restaurantes proporcionen comidas a las comunidades más vulnerables.

Pero la supervisora afirma que es indiscutible que necesitan más estímulo económico para que el dinero vaya directamente a los bolsillos de la gente y que puedan permanecer seguros en su casa. “El Congreso debe aprobar el Acta Restaurantes y otra recuperación”, dice. Y enfatiza que la nueva restricción, no cierra los restaurantes sino que les permite vender para llevar y entregar. 

El Departamento de Salud Pública del condado de Los Ángeles reportó 51 nuevas muertes el 24 de noviembre, el número más grande de defunciones desde el 9 de septiembre. Asimismo se informó que hay 3,692 nuevos casos de COVID-19.

A la vez dieron a conocer que las hospitalizaciones de COVID-19 continúan de manera acelerada a una velocidad alarmante. “Hay 1,575 personas con coronavirus actualmente hospitalizadas y 25% en urgencias. El número de casos y hospitalizaciones debe disminuir para evitar la saturación de hospitales y el personal de salud, y salvar vidas”.