Trabajadores de la costura: “Queremos apoyo para acabar con la explotación y el robo de salarios”

El proyecto de ley SB 62 es la esperanza para que los costureros de Los Ángeles logren un ambiente laboral digno

Las trabajadoras indican que algunas compañías no siguen los protocolos para mantener el distanciamiento.
Las trabajadoras indican que algunas compañías no siguen los protocolos para mantener el distanciamiento.
Foto: Getty Images

Los trabajadores de la costura, en conjunto con legisladores, dueños de negocios y miembros de la industria presentaron en una conferencia virtual esta semana la propuesta Ley de Protección SB 62, que busca poner fin a la explotación laboral de unos 46,000 empleados en Los Ángeles.

El robo de salario y condiciones precarias e insalubres en el área de trabajo son solo algunas de las razones por las que los costureros y el Centro de Trabajadores de la Costura (GWC) llevan años luchando.

“Para la legislación de 2021 voy a presentar la SB 62 que va a impedir a estos negocios robar miles de dólares a la semana a estos trabajadores de alta habilidad. Esta ley es para mejorar y asegurar que se les paguen sueldos adecuados [a los costureros]”, explicó la senadora María Elena Durazo, una de las autoras de la ley, que se desarrolló junto a la asambleísta Lorena González.

“El primer punto de esta legislación es eliminar el pago por pieza, lo segundo es hacer responsable a las corporaciones que usan su marca para vender su ropa [aquélla hecha por los costureros]. Ellos ahora no toman responsabilidad, pagan tan poquito a contratistas y negocios pequeños que estos negocios no pagan ni el sueldo mínimo, entonces tenemos que hacer responsable al empleador directo como a la marca”, agregó la representante del Distrito 24.

Por su parte, la asambleísta Lorena González también se comprometió a apoyar y luchar para que esta ley sea efectiva y garantice un ambiente laboral más digno para los costureros.

“Son ellos [los trabajadores] los que están impulsando la ley, necesitamos este espacio para hacer responsable a las compañías y a las empresas para que se les pague correctamente”, expresó.

“Estas personas pueden gritar y gritar, pero si no tiene a nadie que los respalde, entonces gritan en el vacío, quiero trabajar este año rápidamente [por ellos], no me importa que haya una pandemia”.

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Santa Puac y María Hernández, dos inmigrantes que llevan décadas trabajando como costureras en Los Ángeles, confesaron a La Opinión las injusticias que han sufrido para poder sacar adelante a sus familias.

“Queremos que nos apoyen y a la senadora, con esta ley, para acabar con este robo de salario, con la explotación, para tener un sueldo digno, que alcance para dar a comer a nuestra familia”, dijo Santa, una inmigrante guatemalteca que lleva 20 años trabajando como costurera.

“A nosotros, como trabajadores de la costura, nos urge que aprueben esa ley para acabar con tanta injusticia”.

Santa, madre de tres pequeños —de 12 y 9 años, y de 9 meses— asegura que por años han trabajado sin recibir la remuneración que se merecen.

“Por un sueldo de $70 al día se tenía que trabajar 12 horas diarias, $350 a la semana… Creo que no es justo trabajar muchas horas para ganar tan poquito dinero, 60 horas a las semanas sin descanso”, explica.

María Hernández, mexicana de 58 años, confiesa que deben trabajar pesadas y largas jornadas para poder sacar un pago que les permita cumplir con sus gastos.

“En ocasiones trabajo de 6 de la mañana a 6 o 7 de la noche para sacar un sueldo de $250-$280 a la semana incluyendo a veces sábado y domingo… Como [el pago] es por pieza uno necesita ir rápido, pero si quitas sábado y domingo vienen saliendo $160 a la semana. Uno pegado a la máquina”, explica la mujer que lleva 30 años trabajando en la costura.

María dice que su horario laboral es de 12 a 13 horas al día. /Cortesía María Hernández

El gran problema

De acuerdo con el GWC, la raíz del problema es que las grandes marcas de ropa, con ganancias millonarias, demandan precios bajos a los contratistas. Estos últimos son los dueños de las fábricas que entonces, se ven obligados a pagar salarios extremadamente bajos a los costureros.

“Una trabajadora de la costura sufre de mucha explotación… Yo trabajé en una compañía, donde se producía un 80% para una marca conocida y el 20% para otras. Se trabajaba de 5 de la mañana a las 5 de la tarde”, explica Santa.

Cientos de empresas grandes se aprovechan de la mano de obra de miles de inmigrantes, es por eso que la propuesta de ley incluye hacer responsable a estas marcas sobre el costo de las prendas.

“El punto son las compañías grandes, las marcas… Ellos mueven todo, las marcas les dan a los patrones minoritarios y los patrones nos dan a nosotros para trabajar. Si las marcas no pagan bien, ellos no nos pueden pagar bien a nosotros”, explica María.

El testimonio de Santa y de María es el eco de miles de historias de trabajadores de costura que por años han sido explotados. Por ello, estas dos mujeres alzan su voz para pedir a comunidad que les ayuden a lograr una ley que mejore sus condiciones.

“Esperamos que esta vez si logren aprobar nuestra ley. Ya es justo que nos tomen en cuenta para que tengamos un mejor salario y poder vivir dignamente”, declaró María.

Santa tiene 20 años trabajando en la costura. /Cortesía Santa Puac

El COVID-19 amenaza al sector

En medio de la pandemia, el robo de salario y la explotación laboral no es la única preocupación de los trabajadores de la costura, ya que —según indican— en sus puestos de trabajo no se siguen los lineamientos que requieren las autoridades de salud para prevenir los contagios por el coronavirus.

“En una fábrica chiquita no se puede ni pasar, uno tras otros encimados y nada de distanciamiento”, contó Santa.

“Hubo una fábrica que se metió a hacer mascarillas, puso a los trabajadores 12 o 15 horas diarias, siete días a la semana. Mucha gente se contagió, allí trabaja una persona cercana a mí, se enfermó casi toda la gente y creo que dos fallecieron en esa fábrica”.

Santa reconoce que la necesidad por sacar adelante a la familia es lo que los obliga a trabajar bajo estas condiciones.

“Uno lo hacer por necesidad, quién nos va a mantener, es mucho gasto y pagamos mucho de nuestra renta, no recibimos nada, no hay ningún beneficio, por necesidad uno se va a esas fábricas”.

María, pone en perspectiva que ellos son trabajadores indispensables y que esa es otra razón para apoyar la aprobación de la ley SB 62.

“Es importante que nos apoyen porque nosotros hacemos mascarillas y batas. No es fácil ir a sentarse a una máquina, todo va detallado, lleva su tiempo y si la comunidad no nos apoya para ganar esta ley y tener un sueldo digno, sería injusto porque somos trabajadores esenciales”.

La senadora Durazo reafirmó su compromiso con los costureros al decir: “Su trabajo tiene mucho valor y yo estoy a su lado, vamos a seguir adelante para ganar esta ley”.