Víctima de violencia doméstica celebra su primera Navidad como residente de EE.UU.

Primero obtiene la Visa U, y ahora la tarjeta de residencia

Hilma Noemi Choto vivió años de agresiones. (Cortesía Paulina Herrera)
Hilma Noemi Choto vivió años de agresiones. (Cortesía Paulina Herrera)
Foto: Cortesía

Hilma Noemi Choto vivirá su primera Navidad con la tranquilidad que le da tener en sus manos la tarjeta de residente permanente de Estados Unidos. Lo que nunca imaginó cuando emigró de Guatemala, fue el alto precio que tendría que pagar para entrar a este país, al ser vendida al hombre que se convertiría más tarde en su verdugo.

“En 2002, la mujer que era mi patrona, dueña de una tortillería me invitó a venir a Estados Unidos. Como yo era madre soltera con tres niños y pasábamos hambre con los 15 quetzales como 2 dólares que ganaba por 12 horas de trabajo, decidí venirme. Salí con 50 dólares de Guatemala. Mi ex patrona me dijo que en Tijuana, sus familiares nos pagarían por el “coyote” para cruzarnos”.

Cuando después de algunos meses de travesía por México, lograron llegar a Tijuana, la mujer le dijo que su familia solo podría pagarle el “coyote” a ella, y que Hilma Noemi se quedaría en la frontera. Pero al mismo tiempo, la puso en contacto por teléfono con el cuñado de su hermana que vivía en Los Ángeles. “El hombre me preguntó cómo era. Le dije que delgada y morena; y que tenía 26 años”.

Antes de colgar el teléfono, el hombre le dijo que esperaba conocerla pronto.

Al día siguiente, se llevó una sorpresa cuando el “coyote” le hizo ver que también la cruzaría porque ya le habían pagado por llevarla hasta Los Ángeles. “No, aquí me voy a quedar”, le dijo incrédula. 

“El coyote” insistió, y ella aún si dar crédito a lo que escuchaba, se subió a la cajuela de un automóvil, y se acomodó entre otras cuatro mujeres. “Amontonadas y escondidas, pasamos la frontera”.

Los muchos años de violencia doméstica que vivió la ayudaron a calificar para la Visa U y la residencia de EE.UU. (Cortesía Paulina Herrera)

Horas más tarde en Los Ángeles, llegaban a la casa de la hermana de su patrona donde también vivía el hombre que había pagado por cruzarla. “Me compraron un vestido, zapatillas, me arreglaron y me pusieron muy bonita para presentarme con quien me habían vendido”.

Con tristeza y miedo sin conocer a nadie en Los Ángeles, a Hilma Noemi no le quedó otra más que aceptar su cruda realidad. 

“Él rentó un cuarto para que viviéramos juntos. Era en la casa de la dueña de un restaurante Salvadoreño. Ella me dio trabajo con un salario de $30 por 8 horas”, dice.

Al principio, cuenta que su comprador se portó bien con ella, pero cuando quedó embarazada comenzó a maltratarla. “Me decía que la niña no podía ser de él. Me di cuenta que se drogaba y tomaba mucho. Entendí porque no había podido encontrar a una mujer, sin necesidad de tener que comprarme”.

Una vez que su hija nació, la violencia en su contra se incrementó y comenzó a golpearla. Procreó un segundo hijo y las agresiones no cesaron. Su agresor consiguió incluso tras un incidente de violencia, que la policía la detuviera a ella, y la encarcelaran por cinco días. “La policía me dijo que quien llama primero es la víctima. Separada de mis hijos, sentí volverme loca en la cárcel”.

Al salir libre, volvió a vivir con él hasta que en una ocasión, lo reportó a la policía cuando se vio obligada a salir casi desnuda a la calle en busca de ayuda cuando la estaba golpeando. “A mi y a los niños nos llevaron a un albergue para mujeres abusadas. Estuve ahí un mes. Ya para salir me pusieron en contacto con una abogada, quien me dijo que desafortunadamente no tenía pruebas del maltrato. Me recomendó volver a vivir con él, y juntar evidencias”.

Hilma Noemi siguió el consejo y regresó con el padre de sus hijos, pero la violencia no cesó. “Una vez me tiró desde las escaleras de un segundo piso, intentó ahorcarme, nos sacaba de la casa y nos hacia dormir en la calle”.

El abogado de migración,Sergio Siderman le entrega la residencia a Hilma Noemi Choto. (Cortesía Paulina Herrera

La gota que derramó el vaso fue cuando bajo los efectos de las drogas, le hizo una escena de celos por platicar con el dueño de una lonchera e intentó golpearla en la calle en frente de todo mundo.

“El propio dueño de la lonchera fue quien llamó a la policía. Y ya no fue a mi a quien la policía le hizo caso sino a mi hija de 6 años quien había sido testigo del maltrato y les contó todo lo vivido”.

La policía detuvo al hombre, lo metió a la cárcel y lo deportó.

Fue a través de la Asociación 1,000 mujeres que en 2015, la ayudaron a conseguir una Visa U que el gobierno de Estados Unidos da a las víctimas de violencia doméstica, la cual le otorgó un permiso de trabajo y le permitió permanecer en el país sin el peligro de una deportación.

“Por medio de esa visa U, pude traer a mi hijo mayor que había dejado en Guatemala”

Cuando estaba a punto de vencerse su permiso de trabajo en el 2019, acudió al abogado en migración, Sergio Siderman quien la ayudó a solicitar la residencia permanente.

Estoy contenta porque en 9 meses me dieron la residencia”, dice. Pero además la semana pasada comenzó a trabajar para el condado de Los Ángeles como conserje de la corte.

“El camino para que pudiera salir de las sombras fue muy largo y doloroso, pero Bendito Dios, lo logré y estoy recuperada de la violencia doméstica, después de que mis hijos y yo recibimos terapia. Cuando una está metida en ese torbellino de maltrato, siente que no vale nada”.

Su sueño – dice- es ayudar a sus hijos para que vayan a la universidad.  Su hijo mayor tiene ahora 28 años, sus dos hijas que quedaron en Guatemala cuentan con 22 y 20 años, y sus hijos nacidos en Estados Unidos, 17 y 15 años. Hilma Noemi tiene 45 años.

El abogado Siderman dice que cuando Hilma Noemi llegó a su oficina, no tenía a nadie que la ayudara con la residencia.

Ella tenía la Visa U. El siguiente paso era solicitar la residencia porque el permiso de trabajo por tres años estaba a punto de vencerse, y necesitaba ajustar su estatus migratorio a través de la forma I-485. No es un proceso que se efectúe automáticamente, y al no hacer nada se cancela su protección y permiso de trabajo”.

Agrega que Migración les solicitó evidencias médicas selladas del maltrato sufrido. “Como ellas no las tenía, pedimos tiempo; y al presentarlas, le dieron la residencia sin ningún problema. Su hijo mayor está en proceso de recibirla”.

El abogado Siderman expone que la lección más importante en el caso de Hilma Noemi, es nunca descuidar los tiempos en que se vencen los beneficios migratorios como la Visa U, DACA o el TPS. “Antes de vencerse se abre la oportunidad para renovarlos. En el caso de la Visa U, después de los tres años, hay que solicitar la residencia; los protegidos con el TPS si tienen hijos nacidos en Estados Unidos, pueden solicitar la residencia”.

El abogado Siderman dijo que en 4 años y medio, espera iniciar los trámites para que Hilma Noemi pueda obtener su ciudadanía estadounidense.