Por qué Putin pretende más asustar a Occidente que invadir Ucrania

La propuesta del presidente estadounidense Joe Biden de reunirse con Vladimir Putin muestra que el riesgo de una escalada entre los dos países ha disminuido.

Por qué Putin pretende más asustar a Occidente que invadir Ucrania
Los movimientos de tropas de Rusia fueron importantes, pero muchos en Moscú dudan que el presidente Putin pretendiera una mayor escalada.
Foto: Getty Images

El desarrollo de los acontecimientos ha sido imposible de ignorar: miles de tropas rusas fueron desplegadas cerca de la frontera con Ucrania, en un momento en que un grupo de buques de guerra estadounidenses supuestamente se dirigían al Mar Negro y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia les advirtió que se alejaran “por su propio bien”.

A medida que la retórica hostil y los movimientos militares en Ucrania se han intensificado, los políticos occidentales han comenzado a temer una invasión abierta e instan al presidente ruso, Vladimir Putin, que “reduzca la escalada”.

Rusia se ha negado: el Ministerio de Defensa insistió esta semana en que sus movimientos fueron en respuesta a los ejercicios “amenazantes” de la OTAN en Europa.

Pero luego Putin recibió una llamada telefónica de la Casa Blanca.

“Biden parpadeó primero”

“En el arriesgado juego de Putin, Biden parpadeó primero”, argumenta el periodista Konstantin Eggert a propósito de la llamada del presidente estadounidense al Kremlin, en la que propuso reunirse con Putin “en los próximos meses”.

Esto sucedió solo unas semanas después de que el presidente de EE.UU. dijera en una entrevista que el líder de Rusia era “un asesino“.

El paso del presidente Biden es ahora un tema de debate: tal vez lo hizo para prevenir un desastre o quizá fue una concesión errónea. Lo cierto es que en el período previo a una cumbre, una llamada como esta hace que el riesgo de una importante acción militar rusa se desvanezca.

“Sería realmente indigno de un político: sería una bofetada en la cara de Biden”, le dice Eggert a la BBC.

“Pero el hecho de que fuera Biden quien sugirió que se reunieran le da a Putin la ventaja”.

Putin se da la mano con el vicepresidente estadounidense Biden durante su reunión en Moscú, en marzo de 2011.

Reuters
Biden y Putin se conocieron en Moscú en 2011 y hablaron por teléfono el martes por la noche.

Decidida a enviar señales, en vez de soldados

Ciertamente la televisión estatal rusa lo cree así.

Tanto los presentadores como los invitados en los programas políticos han estado alabando la demostración de fuerza de Moscú, asegurando que su país resistió a la hostilidad de EE.UU. y de la OTAN.

Un comentarista incluso sugirió que los “nervios le habían fallado al presidente Biden”.

El senador Konstantin Kosachev fue citado ampliamente argumentando que Washington se había dado cuenta de que era “imposible lograr la superioridad militar sobre Rusia” y que los dos países necesitaban volver al diálogo.

Un comandante ruso observa durante los ejercicios militares en Crimea, el 19 de marzo de 2021.

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Las fuerzas rusas han realizado ejercicios en Crimea.

El reciente y ostentoso movimiento de tropas de Rusia siempre pareció retórico por parte de un país que renunció a su deseo de gustar y ahora quiere que Occidente le tema.

Cuando Vladimir Putin envió tropas y equipos al este de Ucrania hace siete años, lo hizo con operaciones secretas que hasta el día de hoy todavía niega haber llevado a cabo.

Pero esta vez, Rusia parece más decidida a enviar señales que a desplegar soldados.

Los “niños jugando con fósforos” de Kiev

“Mi opinión es que intentan disuadir”, asegura Andrei Kortunov, director del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia.

El experto señala los recientes refuerzos de Kiev en el este de Ucrania y argumenta que las acciones de Rusia son para evitar cualquier movimiento con la intención de retomar áreas controladas por militantes respaldados por Rusia.

Un alto funcionario del Kremlin advirtió que tal acción militar sería “el comienzo del fin de Ucrania“, cuyo gobierno estaba formado por niños “jugando con fósforos”.

Actualmente, Rusia tiene una excusa para intervenir: alrededor de medio millón de personas en las autoproclamadas “Repúblicas Populares” de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, han recibido pasaportes rusos desde que estallaron los combates en 2014.

Mapa

BBC

“Creo que sería difícil para el Kremlin no acudir al rescate de estas ‘repúblicas’, si las mismas se enfrentaran a la amenaza de una gran derrota”, explica Kortunov, argumentando que ahora el ejército de Ucrania está significativamente mejor equipado y entrenado gracias al apoyo de EE.UU. y Europa.

Pero aún duda de que Vladimir Putin esté planeando una intervención.

“No veo nada que el Kremlin pueda ganar con un compromiso militar directo en la crisis de Ucrania. Creo que la política rusa se centra más en mantener el status quo y asumir que Ucrania implosionará por sus problemas crecientes y la fatiga (que causa) Ucrania en Occidente”, prosigue Kortunov.

Un mensaje a Washington

La otra audiencia de las maniobras que realiza Moscú está más lejos.

Para EE.UU. hay una advertencia no tan velada de que Rusia todavía cree que el destino de su vecino es negocio suyo y se opone particularmente al objetivo de Ucrania, reiterado esta semana, de unirse a la OTAN.

El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, en una visita de trabajo a la zona de conflicto del este de Ucrania, el 9 de abril de 2021.

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El presidente de Ucrania, Zelensky, visitó el este de Ucrania la semana pasada y pidió a la OTAN que admita al país como miembro.

Pero algunos detectan otro objetivo: intentar evitar las nuevas y duras sanciones de la administración de Biden en represalia por la intromisión en las elecciones de Rusia, los ataques de piratería informática y más.

“Rusia está tratando de elevar el listón y demostrar que puede generar costos a quienes intentan infligir costos a Rusia, incluso si eso es imprudente y puede resultar en sanciones más severas“, explica el analista de política exterior Mikhail Troitskiy.

“Creo que esta es la lógica detrás de esta escalada, que es peligrosa porque en algún momento podría salirse de control”, agrega.

Una operación mucho más sangrienta

A pesar de las nuevas conversaciones en la televisión estatal rusa sobre ucranianos “fascistas”, hay poca sensación de que una guerra total sea popular entre los rusos, que se encuentran lidiando con la covid-19, además de las sanciones y el impacto ocasionado por los bajos precios del petróleo.

Andrei Kortunov cree que el “potencial de movilización” de las aventuras de política exterior ahora está “casi agotado”, con personas más preocupadas por sus propios problemas que en 2014, cuando había un contexto más cómodo.

La guerra de Rusia en 2008 con Georgia es una muestra de la rapidez con la que tal confrontación puede escalar y siempre existe la advertencia de que nadie creía que Vladimir Putin se atreviera a anexar Crimea.

Vladimir Putin en un concierto para conmemorar el séptimo aniversario de la anexión de Crimea por parte de Rusia.

Reuters
Vladimir Putin en un concierto para conmemorar el séptimo aniversario de la anexión de Crimea por parte de Rusia.

Pero defender Dombás probablemente sería una operación mucho más sangrienta y peligrosa.

Es posible que las intenciones de Putin se vuelvan más claras la semana que viene, cuando pronuncie su discurso anual sobre el “Estado de la nación”, un podio que a menudo usa para hablar en contra de Occidente.

Pero la llamada de Joe Biden puede haberle dado la oportunidad de retirarse de esta pelea en particular.

Turquía ahora dice que Estados Unidos ha cancelado la solicitud de Biden de que dos buques de guerra pasen por el Bósforo.

“Creo que Putin atrajo la atención, se puso en el foco no solo de Europa sino de la administración estadounidense”, afirma Konstantin Eggert. “Se las arregló para asustarlos y le gusta hacer eso”.

Mikhail Troitskiy está de acuerdo.

“Si Rusia no ve sanciones estadounidenses importantes que afecten sus intereses vitales, podría considerar retirar las tropas de la frontera”, estima.

“Otra forma de desescalar las cosas es que lleguen al clímax, como sucedió en la crisis de los misiles en Cuba. Pero eso sería muy indeseable“.