‘The Economist’ tiene razón: AMLO no es personalmente corrupto

En la honestidad radica la fuerza de López Obrador. Es por eso que la gente lo sigue. El pueblo sabe que hay mucho por hacer y corregir, pero también sabe que con él se ha dado el primer paso y, por ello, no lo deja de apoyar.

‘The Economist’ tiene razón: AMLO no es personalmente corrupto
Andrés Manuel López Obrador, presidente de México.
Foto: Manuel Velasquez/Getty Images / Getty Images

Al querer destruir, atacar o poner en entredicho ante la opinión pública al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, la revista The Economist, una de las voces neoliberales inglesas de más prestigio e historia, dice en un artículo publicado la semana pasada que el mandatario mexicano es honesto, pero no importa, hay que sacarlo.

“No es personalmente corrupto”, afirma el artículo antes de acabar el primer párrafo; pero inmediatamente subraya que el presidente es un “peligro” para la democracia mexicana.

En otras palabras, el presidente de México es un peligro para la gente que gobierna porque no es corrupto; por lo tanto, nadie debe de votar por él, porque no es corrupto. Vaya paradoja.

Desafortunadamente para la revista, en la honestidad radica la fuerza de López Obrador. Es por eso que la gente lo sigue. El pueblo sabe que hay mucho por hacer y corregir, pero también sabe que con él se ha dado el primer paso y, por ello, no lo deja de apoyar. En gran medida, su honestidad y su lucha durante décadas es lo que lo llevó al poder, pero eso sus críticos no entienden.

Además, el artículo subraya que el mandatario alza la voz por los que no tienen y por los más desfavorecidos. No es homofóbico o discriminador. Además, afirma la revista, ha hecho cosas buenas, como aumentar las pensiones, subvencionar el aprendizaje de los jóvenes y ha mantenido la deuda bajo control, por lo que la calificación crediticia del país sigue siendo firme.

Incluso, la revista le sugiere a la oposición que aprenda de AMLO, ya que los gobiernos del pasado hicieron un pésimo trabajo con las familias que se quedaron atrás económicamente desde la década de los 80.

En su afán por no verse tan sesgados contra la administración de López Obrador, el artículo crítica a la clase dominante del país y la llama corrupta; pero al parecer no importa, porque a los que señala como corruptos les pide que hagan lo que sea necesario para detener al presidente.

La importancia de las elecciones del 6 de junio es que está en juego toda la Cámara de Diputados, organismo que controla el presupuesto.  Actualmente el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) tiene la mayoría simple, pero con los partidos aliados alcanza una mayoría absoluta.

Lo que quieren The Economist y la oposición en México es que López Obrador pierda esa mayoría para bloquear cualquier tipo de legislación que vulnere los intereses económicos de las multinacionales con contratos ventajosos.

A casi tres años del mandato de AMLO,  miles de corporaciones ya pagan impuestos, muchos contratos leoninos se modificaron y el sueldo mínimo subió en un 50%; además, se modificó la práctica de subcontratación que literalmente eliminaba todo derecho al trabajador, entre otras medidas.

El artículo, lejos de llamarse, “El falso mesías de México” y decir que es un “peligro” para la democracia del país, debería de decir: López Obrador es un peligro para algunas corporaciones corruptas a las que no les gusta pagar impuestos y explotan los recursos de México y a sus trabajadores.  Actualmente, la presente administración lo único que está haciendo es que cumplan con la ley y que haya negocio con ganancias, pero sin saqueo.

Recientemente México logró estar dentro de los mejores 10 países a nivel mundial para los inversionistas de capital directo, y AMLO fue calificado como uno de los primeros dos mandatarios en el mundo con más respaldo de su propio pueblo.

Desafortunadamente, el principal objetivo de esta revista, en conjunto con corporativos y clases dominantes corruptas, es que México vuelva a la era de los sexenios pasados, cuando esas clases podían apoderarse de los recursos naturales, ignorando y empobreciendo al pueblo mismo. Claro, todo se hacía con la complicidad de la clase política de lo que ahora se conoce como “PRIAN” (Partido Revolucionario Institucional-Partido Acción Nacional).

Esta misma revista, en un artículo publicado el 27 de septiembre de 1913, favoreció el golpe de Estado al presidente Francisco I. Madero, democráticamente electo, con lo que le permitió al dictador Victoriano Huerta llegar al poder. En esa ocasión en sus páginas subrayaba que Madero era “un problema para México”.

De la misma manera, The Economist la semana pasada afirmó en su artículo de portada que el mandatario mexicano, igualmente electo de manera contundente por la vía democrática en 2018, es un “peligro para la democracia”; y todo, de acuerdo a sus propias palabras, por no ser corrupto.

*Agustín Durán es editor de Metro de La Opinión de Los Ángeles.