Millennials son un éxito con su negocio de burritos

La pandemia no vence a estas hermanas latinas que encontraron a su público objetivo entre los pasajeros del transporte público de LA

Laura (izq.) y Claudia Barrera son las dueñas de Burrito Break en el centro de Los Ángeles. Foto: Jacqueline García.
Laura (izq.) y Claudia Barrera son las dueñas de Burrito Break en el centro de Los Ángeles. Foto: Jacqueline García.
Foto: Impremedia

Como si fuera una reunión familiar, Claudia y Laura Barrera conversan y hacen bromas con su tía Marilú Rasmussen mientras preparan burritos y tortas.

Pero esta no es una cocina cualquiera, es Burrito Break, el restaurante de dos hermanas de la generación de los Millennials que se está ganando el gusto de la clientela del centro de Los Ángeles.

Claudia, de 29 años, y Laura, de 31, nacieron en Los Ángeles pero se criaron en Ensenada, Baja California. En su adolescencia regresaron a esta ciudad a culminar la preparatoria y continuar con sus estudios superiores. Ambas obtuvieron sus licenciaturas en negocios y finanzas con un año de diferencia en 2017 y 2018; querían comenzar un negocio pero todavía no tenían claro el concepto.

La idea le llegó a Claudia a finales de 2018 cuando viajó en camión a San Franccisco junto a sus abuelos. El camino comenzó muy temprano cerca de Union Station, en el centro de Los Ángeles, y la terminal estaba casi vacía. La familia buscó algo qué comer pero no encontró ningún establecimiento abierto.

Fue entonces que Claudia pensó que un carrito de burritos sería una idea perfecta para comenzar un negocio ya que los burritos son compactos y fáciles de abrir para comer en el camino.

Así, a inicios de 2019 —y después de establecer un plan para el negocio— Laura comenzó a vender burritos cerca de la terminal que encontró vacía cuando viajó unos meses atrás.

“Hacíamos los burritos en la casa de mi tía que vive en Pasadena y mi mamá creó las recetas”, dijo Claudia.

En ese momento el menú solo consistía en tres tipos de burritos: el de huevo y papas, el de chorizo de soya, papas y huevo y el de chorizo y papas. Cualquier opción a solo $2.

Claudia dijo que cuando vivieron en Ensenada se dieron cuenta de que las personas vendían comida a muy bajo precio y esto atraía a mucha clientela.

“Yo estudié finanzas así que hice la cuenta por unidad para ver cuánto me salía y decidí que ese era el precio correcto”, indicó.

Meses después, trasladó su carrito al centro de Los Ángeles cerca de la intersección de la Figueroa y la calle 7th, donde había más tránsito peatonal con los pasajeros de Metro.

El negocio fue del interés y aceptación de muchos clientes, por lo que Laura decidió abrir un segundo carrito en una calle cercana a la biblioteca pública de Los Ángeles.

“Llegamos a vender hasta 800 burritos por día”, contó Claudia.

Claudia Barrera se encarga de llevar los pedidos de comida. (Jacqueline García/La Opinión)

La pandemia no las destruyó

A principios de 2020 Claudia decidió buscar un local cercano que tuviera principalmente una cocina para poder hacer los burritos. Su tía Marilú Rasmussen les contó de un local que estaba disponible en la calle St. Viencent y 6th en el centro de Los Ángeles —un área ampliamente conocida como el centro de la joyería. A principios de marzo Claudia firmó el contrato de alquiler.

“Abrimos y una semana después nos cerraron a todos [debido a la pandemia]”, dijo Claudia. “De verdad que no me lo podía creer. Perdí todos mis clientes en una semana, de vender 800 burritos a nada”.

En ese momento su padre les dijo que tal vez no sería buena idea seguir el negocio y les sugirió que se salieran del contrato de arrendamiento pero ellas confiadas en que todo saldría bien, se rehusaron. “Emocionalmente y financieramente ha sido muy difícil”, dijo Claudia.

El negocio estuvo cerrado completamente por tres meses antes de que las dejaran abrir parcialmente en junio de 2020. Una vez que esto ocurrió, decidieron seguir con el plan de hacer que Burrito Break sea un éxito.

Ambas reconocen que cuando los dueños de las joyerías adyacentes vieron su negocio no le tenían mucha confianza debido a la novedad de los pequeños burritos y el precio.

“Me preguntaban, ‘¿donde está el arroz?’ o ‘¿donde están los acompañantes [de la comida]?’, así que decidimos hacer tortas también para quienes querían una comida más grande”, dijo Claudia.

Poco a poco las ventas aumentaron principalmente desde hace dos meses a la fecha. Claudia dijo que no calificaron para el PPP pero que sí lograron obtener subvenciones estatales y locales.

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Marilú Rasmussen (der.) junto a empleadas y amigas de Burrito Break mientras trabajan. (Jacqueline García/La Opinión)

Tenacidad por avanzar

Las hermanas Barrera no se arrepienten de haber comenzado su negocio y continuarlo durante la pandemia. Ahora que ven un futuro un poco más positivo, planean expandir Burrito Break.

“Queremos ponernos en Culver City, Long Beach y me gustaría entrar a vender al aeropuerto”, dijo Claudia. “Los burritos serían una muy buena idea para los viajeros”.

También esperan poder incursionar en la venta de burritos en paquetes sellados para que los clientes los compren por cantidades más grandes y los calienten en su propio tiempo.

Las hermanas recomiendan a todo Millennial (nacidos entre 1981 y 1996) que tenga la idea de comenzar un negocio que lo haga sin temor a fallar.

“El miedo es válido pero la oportunidad es más grande”, dijo Laura. “Podemos rediseñar diferentes conceptos y siempre van a haber recursos disponibles”.

Las hermanas recibieron asesoría de Grid110, un programa de desarrollo económico y comunitario sin fines de lucro dedicado a crear caminos más claros hacia el éxito para los emprendedores en etapa inicial en Los Ángeles.

Burrito Break está localizado en el 600 St. Vincent. en el centro de Los Ángeles. Para saber más acerca de Burrito Break visita su página de Instagram @burritobreak