Ser cuidadora de adultos mayores: responsabilidad y satisfacción

Violeta Olivares cuenta su experiencia al cuidar a una maestra jubilada que sufre de demencia

Violeta Oliveras cuida de Joan McBride, una maestra de escuela jubilada. (Araceli Martínez/La Opinión)

Violeta Oliveras cuida de Joan McBride, una maestra de escuela jubilada. (Araceli Martínez/La Opinión) Crédito: Araceli Martínez Ortega | Impremedia

De lunes a viernes, Violeta Olivares, conduce alrededor de una hora para llegar a su trabajo como cuidadora en el hogar.

Desde hace poco más de un año, cuida de Joan McBride, una maestra de primaria jubilada de 85 años que sufre de demencia.

“Al principio, pensé que no la iba a hacer, por la diferencia cultural. Yo soy latina; y Joan, afroamericana. No conocía la manera de pensar de sus familiares, no sabía qué decir, y qué no. Me costó un poco, pienso que a ellos también, pero nos adaptamos y hoy tenemos una gran relación”.

A mediados de los años 80, Violeta emigró a Estados Unidos. Viene de Chorombo Alto, una pequeña comunidad rural en Chile, al sur del continente americano. 

Tiene 62 años, y desde hace nueve o diez años se dedica a cuidar a adultos mayores.

“Por seis años cuidé a una persona en su casa. Durante la pandemia, me hice cargo de mi hermana que sufre de Alzheimer. La cuidé durante dos años; y hace un año y tres meses, comencé a cuidar a Joan”, dice.

Violeta Olivares es la cuidadora de Joan McBride desde hace más de un año. (Araceli Martínez/La Opinión)
Crédito: Araceli Martínez Ortega | Impremedia

Años atrás, Violeta formó el Club de Oro, junto con Patricia Guerrero, un club que con el apoyo de otros voluntarios ofrecía de manera gratuita servicios de entretenimiento a los adultos mayores latinos en Los Ángeles. Pero cerraron el Club cuando sobrevino la pandemia de covid-19. 

Violeta platica que su vocación para el cuidado de los abuelitos, le viene desde niña.

“Proteger y cuidar a los más vulnerables, es algo innato en mí”, dice.

Su jornada laboral comienza a las 7 de la mañana y termina a las 7 de la tarde. Sale de su casa, poco antes de las 6 de la mañana de Santa Clarita, al norte del condado de Los Ángeles para llegar puntual a Inglewood, una ciudad al suroeste del mismo condado.

“Trabajo 12 horas a diario”.

Violeta dice que normalmente al llegar a la casa de Joan, ella aún duerme.

“Me pongo a prepararle el desayuno, y casi siempre Joan se levanta sola, y en pijamas viene a verme a la cocina. Por lo general, se baña sola, pero yo estoy a un lado de la ducha, por precaución vigilándola”.

Violeta Olivares es la cuidadora en el hogar de Joan McBrice. (Araceli Martínez/La Opinión)
Crédito: Araceli Martínez Ortega | Impremedia

Explica que le selecciona la ropa que se va a poner.

“La dejo que se vista, tratando de que sea independiente. Me toca acomodarle bien las prendas y la ayudo a abrocharse”.

Después del baño, viene el desayuno, y como Joan sufre de hipertensión, Violeta le prepara comida que no sea alta en sal. 

El desayuno es el momento para darle sus medicinas. 

“Algunos días a la semana, vamos juntas al Senior Center de Inglewood. Como yo, ya tengo arriba de 60 años, también me aceptaron, y hacemos juntas las actividades en el Centro para Adultos Mayores de Inglewood”.

Otros días, la lleva al parque para que camine y se distraiga un poco.

“Mucha gente se sorprende al vernos interactuar, y me pregunta si no conozco a alguna persona como yo para que cuide a sus padres”.

A veces, ambas mujeres van juntas de compras al mall; hay días que van a comer a un restaurante; en ocasiones, acuden a otro lugar donde se juntan seniors a hacer ejercicio.

“También la llevó a la peluquería cada dos semanas, y vamos a que se haga el manicure y pedicure”.

Parte de su trabajo es llevar a Joan a sus visitas al doctor y al dentista.

Violeta se encarga de preparar las tres comidas.

“A más tardar a las 5:30 de la tarde, Joan ya está merendando, porque se toma mucho tiempo para comer sus alimentos. Antes de irme, le doy sus medicamentos y la preparo para acostarse. Si tiene sueño, la dejo en la cama, y si no, se queda un rato acompañada por su familia. Ella vive con una hija y su yerno”.

Violeta dice que el mayor reto que se le ha presentado, ocurrió cuando en una ocasión a Joan se le subió demasiado la presión arterial.

“Le hablé a su hija y la llevamos a la sala de emergencias del hospital”.

A partir de entonces, dice que a donde va con Joan, lleva su máquina para medirle la presión arterial.

“Siempre que vamos a salir, le reviso la presión y si está un poco alta, nos esperamos a que se le baje”.

Aunque ser cuidadora en el hogar es un trabajo lleno de satisfacciones, reconoce que al mismo tiempo implica una tensión constante y una buena responsabilidad.

“Nunca la dejo sola. Si voy al baño, la llevo conmigo. Si ella va al baño, ahí estoy yo a su lado. A dónde vamos, nos tomamos de la mano para minimizar el riesgo de una caída o un accidente”.

Violeta Olivares siempre lleva de la mano a Joan McBride a quien cuida desde hace más de un año. (Araceli Martínez/La Opinión)
Crédito: Impremedia

Parte de su trabajo, es informar a la hija de cada paso que da con su madre. 

“Me cercioro de que esté enterada de todo lo que estoy haciendo. Si la presión la tiene un poco arriba, le tomo una foto y se la envió para que esté consciente de todo lo que vive su mamá”.

Al terminar su trabajo, durante el viaje de una hora de regreso a su hogar en Santa Clarita, Violeta agradece que el día haya acabado bien.

“Doy gracias de que dentro de las condiciones de salud de Joan, la dejé sana; y voy con el corazón lleno de satisfacción porque ayude a que un ser humano que dio todo, con su trabajo y que sacó adelante a sus hijos, esté mejor en sus últimos años”.

Ser cuidadora le deja mucha alegría en el corazón.

“Sientes que estás poniendo un granito de arena para que este mundo sea mejor para las personas que dieron todo en su vida”.

Violeta recibe su pago salarial por parte del seguro médico de Joan mientras que los trabajos de cuidado en el hogar que tuvo en el pasado, fueron pagados por los Servicios de Apoyo en el Hogar (IHSS) que cubre el estado de California.

Para trabajar con adultos mayores, esta cuidadora solo ha tomado cursos de primeros auxilios.

Por eso se mostró muy interesada cuando supo que el Departamento para la Vejez de California (California Department of Aging) está ofreciendo capacitación en línea completamente gratuita para cuidadores remuneradas y no remunerados con el objetivo de dotarlos de mayores habilidades y allanar el camino para que puedan acceder a nuevas posibilidades profesionales.

La capacitación de CalGrows está disponible hasta el 30 de agosto; los cuidadores pueden inscribirse en el programa en línea en calgrows.org por teléfono al (888) 991-7234 o por correo electrónico a help@calgrows.org.

Violeta Olivares cuida con mucho amor a Joan McBride. (Araceli Martínez/La Opinión)

Los cursos que ofrecen están en nueve diferentes idiomas como el inglés, español, armenio, cantonés, coreano, mandarín, tagalo, ruso y vietnamita para ayudar a satisfacer las necesidades de la diversa población de California.

Renita Polk, a cargo de la implementación del programa CalGrows en el Departamento de la Vejez, dijo durante una conferencia reciente organizada por Ethnic Media Services, que el tema del cuidado es muy importante porque la población de California está envejeciendo y el número de californianos de más de 60 años, se proyecta que alcance los 10.8 millones para el 2031.

Los cuidadores y trabajadores de cuidado de salud domiciliaria, predominantemente personas de color y mujeres, son la columna vertebral del sistema de atención médica de California, y cada vez será mayor su papel ante el vertiginoso crecimiento de nuestra población envejeciente.

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