Raman vs Bass: Último round
Raman no está preparada. Bass, sí. Y no se pueden hacer experimentos a esta hora dramática de nuestra historia.
Karen Bass (izq.), Nithya Raman (der.) hablaron de sus propuestas durante el debate. Crédito: CHRIS TORRES | EFE
¿Qué entendemos cuando una contienda electoral se vuelve personal, hiriente, casi física? ¿Cuando comienzan a sobrevolar acusaciones a diestra y siniestra, acusaciones que la parte acusada tratará de despegarse de la piel, pero que podrían adherirse como una quemadura, hiriendo demasiado cerca de la decisión electoral, demasiado tarde para corregir la impresión?
En esta campaña electoral está subiendo la temperatura. Ya se usaron todos los otros recursos. Una palabra en falso y los ejecutivos del bando contrario relinchan de júbilo porque se les abre el camino a la difamación. Un camino barato, en el que todo se vale. El aire se enrarece de mentiras y amenazas. La política se convierte en un trapo sucio.
No, no es el trato indigno, deleznable y denigrante con que el presidente Trump, que es un maestro en el arte de insultar, trata a oponentes reales o imaginarios, y que es lo peor.
Tampoco es la confrontación entre el republicano Vivek Ramaswamy y la demócrata Amy Acton para gobernador de Ohio. Ramaswamy lanzó un anuncio protagonizado por la madre de Acton, destinó cuatro millones de dólares para que la madre, de quien Acton dice que no la protegió cuando su padrastro abusaba sexualmente de ella, ponga en duda la palabra de la hija. Malo. Sucio, sucio.
Sucio es también el anuncio de la campaña republicana del controversial Ken Paxton contra el demócrata James Talarico en Texas, que lo representa artificialmente profanando una Biblia. Fake, fake. Sucio, más que sucio.
Frente a estos ejemplos palidece la anécdota que emana del reciente debate entre la alcaldesa de Los Ángeles Karen Bass y su retadora Nithya Raman, ambas demócratas. De algo que esta última dijo. No es para tanto. No fue un insulto personal. No se faltaron el respeto, por mucho que trataban. Pero un incidente que no constituye un ataque personal puede, sin embargo, resultar políticamente devastador.
Lo que dijo Raman
Dijo Raman: “Lamentablemente, bajo el liderazgo de este alcalde, la ciudad ha perdido la confianza de muchas personas, debido a que, según se ha informado, el Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) ha estado compartiendo datos con el ICE. Hace años, durante la época de Daryl Gates, esta ciudad era el referente por excelencia en cuanto a la no cooperación con las autoridades migratorias. Sin embargo, bajo la gestión de este alcalde, hemos perdido la confianza de nuestra comunidad inmigrante, tanto en la ciudad como en nuestras fuerzas del orden“.
Si no me creen, está aquí, en este video, que incluye también reacciones:
¿Cómo dijo la palabra? Raman así alabó a Gates, que es un diablo encarnado a ojos de la comunidad afroamericana de Los Ángeles por sus años de actitudes racistas, que culminaron durante las sangrientas protestas de 1992.
¿Esa es su opinión sobre Gates, a quien —al igual que casi todo el resto de quienes vivimos aquellos días en Los Ángeles— este redactor considera responsable de la represión de las protestas? Inicialmente indiferente frente a las manifestaciones, pasó al uso fácil del gatillo.
Lo recuerdo porque estuve allí: más de 60 muertos, más de dos mil heridos, más de 12,000 detenidos. La Guardia Nacional y los Marines tuvieron que intervenir.
La reacción de Bass
Bass es una veterana activista comunitaria y quien lideró por años una organización que, como pocas, integró a latinos y afroamericanos.
Ante el gaffe de Raman, actuó de inmediato. Convocó a sus aliados afroamericanos.
Daryl Gates, les dijo Bass, estuvo en el puesto 16 años porque en aquel entonces el alcalde no tenía autoridad para deponer o nombrar al jefe de la policía. Eso hacía la Comisión de Policía. Eso llevó a un momento, dijo la alcaldesa, en el que ella participó, para enmendar la constitución de la ciudad para que Gates pueda ser depuesto.
Dijo también: “Daryl Gates causó un grave daño a los afroamericanos. En ese momento me di cuenta de que mi oponente, en realidad, no está al tanto de ello“.
Esa reacción de Bass, de paso, su ofensa y la búsqueda del respaldo afroamericano, es también una decisión electoral que puede ser evaluada.
Sin embargo
También de inmediato, Raman expresó su ofensa por la de Bass y aclaró:
“Que quede claro: Daryl Gates fue un jefe de policía detestable y racista, y rechazo su historial de racismo, brutalidad policial, militarización y resistencia a la supervisión civil“.
Y sin embargo, Raman dijo lo que dijo.
Es cierto que no se refería a las actitudes racistas del jefe, sino a la Orden Especial 40 que este estableció y que restringía a los agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) la interrogación a personas con el único fin de determinar su estatus migratorio.
Pero al invocar su época sin reconocer el peso histórico —negativo— de su figura, cometió un error político. Sí, la referencia de Raman a Gates revela una marcada debilidad política.
Es cierto también que para Raman lo importante era la primera parte, la acusación a Bass de cooperación con ICE, no la alusión a Gates. Para Bass no.
Raman está contestando, y fuerte. La mejor defensa es el ataque, y todo eso. Acusa a Bass de no entender la aclaración, la rectificación. Y repite que el LAPD ha estado colaborando con el Departamento de Seguridad Nacional durante la era de Bass.
Raman habla de “informes sobre la cooperación del LAPD con el ICE bajo su liderazgo”, y la implicación es gravísima.
Los partidarios de Raman podrían afirmar que Bass intenta oscurecer esa acusación. Pero no le he encontrado a la acusación el peso que la campaña de Raman pretende que tiene. Porque no, no lo tiene.
Se trata de una nota de Libor Janey del 30 de julio en el Los Angeles Times. ¿Qué demuestra? Que el LAPD había enviado huellas dactilares obtenidas durante detenciones a una base de datos nacional a la que ICE puede acceder. Así escribe: “Los registros judiciales muestran que las autoridades federales están utilizando información de la policía local enviada a bases de datos nacionales”.
Eso no es lo mismo que una colaboración directa, deliberada, contraria a las reglas y normas municipales. No es lo mismo que la colaboración indigna, activa, adrede, de otros departamentos de policía con ICE. El jefe del LAPD Jim McDonnell nos recuerda que la Orden Especial 40 sigue vigente al día de hoy y él dice que no hay cooperación con ICE. En cambio, en el ámbito nacional, los acuerdos 287(g) (que delegan funciones migratorias a policías locales ya alcanzan los 1,900 convenios. En Florida, 342 agencias colaboran con ICE.
Además, no se puede comparar la actitud del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) de aquel entonces con el ICE del Zar de la Frontera Tom Homan, de Stephen Miller, que es más una turba desordenada, anónima, violenta que una agencia federal respetuosa de las leyes.
Aquel mismo mes, Bass ordenó la creación de un grupo de trabajo para examinar la política de inmigración del LAPD. Los Ángeles comenzó a mandar tarjetas con 200 dólares a las familias afectadas por las redadas. Y la alcaldesa firmó una orden ejecutiva dirigiendo a todos los departamentos municipales a capacitarse sobre cómo cumplir la política de “ciudad santuario” de la ciudad. Si hubo filtración de datos, aquí debían detenerse.
No parecen acciones de alguien que está colaborando con ICE. Por el contrario.
Desenlace
Personalmente, no pienso que Raman realmente apoye la gestión de Gates. No creo que esté del otro lado. Pero sí creo que se equivocó, por desconocimiento.
Pero el escándalo señala una de dos.
Una posibilidad es que Raman desconozca los hechos, no tome en cuenta suficientemente la herida profunda que dejó Gates en la comunidad afroamericana. Ignorar el dolor histórico de un sector decisivo del pueblo de Los Ángeles y su electorado, podría llevar a la conclusión de que Raman no está preparada para liderar esta ciudad. Porque estar preparada significaría reconocer las cicatrices que las comunidades llevamos encima y saber, sea intuitivamente o después de sesudos estudios, el poder letal de tus propias palabras.
La otra posibilidad es que Raman no quiso decir lo que dijo. Lo que podría llevar a una conclusión similar. Y decir que ella no vivía en Los Ángeles en aquellos días, que no experimentó lo sucedido en carne propia, tampoco disculpa. Debería saber la historia de Los Ángeles, al menos el evento más importante en décadas.
Vamos, el error de Raman no es histórico. Es un error de sensibilidad y comunicación política. De por sí, no la descalifica. Pero la debilita.
Raman es una buena candidata. Coincido con muchas de sus propuestas. Pero hay una diferencia entre coincidir con sus propuestas y confiarle el gobierno de una ciudad compleja como Los Ángeles. Tiene una energía sobrecogedora. Pero no está preparada. Bass, sí. Y no se pueden hacer experimentos a esta hora dramática de nuestra historia. No con las amenazas del régimen de Trump revoloteando por encima como buitres.