Evalúan costo de indignación en Oakland

La violencia divide posiciones en una ciudad de bajos recursos

OAKLAND.- Las nubes de gases lacrimógenos ya se disiparon, el grafiti ya fue retirado de los edificios y ya se recogieron todos los vidrios rotos.

Pero mientras Oakland intenta volver a la normalidad, lo que ahora parece incluir el establecimiento de un campamento masivo por parte del movimiento Ocupar Wall Street frente a la municipalidad, se está comenzando a hablar sobre los costos que este movimiento ha generado en esta ciudad, la que hace mucho tiempo se enfrenta a dificultades económicas.

Asimismo, las diferencias de opinión en relación con las tácticas violentas ocurridas al final del día de la protesta, que fuera de eso se desarrolló en forma pacífica, pueden también tener costos para el propio movimiento.

A diferencia de la isla afluente y próspera de Nueva York, Oakland ha pasado varias décadas al límite; una ciudad de clase obrera que lucha contra la pobreza y el delito.

Las protestas se centraron en una zona de la ciudad que había sido el objetivo de las medidas de revitalización económica, las que recientemente dieron al área una atmósfera más refinada, aunque todavía abundan las fachadas de tiendas abandonadas.

Las autoridades políticas de la ciudad celebraron una reunión de cinco horas el jueves por la noche, la que se centró en las pérdidas de las empresas a causa de las protestas.

Los minoristas del centro de la cuidad y los líderes empresariales afirman que esta situación ahuyentó tanto a los clientes como a los negocios. Un notorio agente de bienes raíces señaló que temprano por la mañana del jueves se situó en la recepción del edificio histórico de oficinas de su propiedad, ubicado junto al campamento, y logró ahuyentar a los vándalos que se acercaban a la puerta al agitar su escopeta cargada.

“Estamos perdiendo entre 300 y 400 puestos de trabajo por las personas que decidieron no renovar sus contratos de arrendamiento o no venir a este lugar”, afirmó la alcaldesa Jean Quan, que también se quejó de lo que calificó como falta de disposición por parte de los protestantes para negociar con las autoridades de la ciudad y buscar un terreno común.

El presidente de la Cámara de Comercio culpabiliza a Quan por el fracaso de tres acuerdos.

Dos empresas que pensaban arrendar un total de 50,000 pies cuadrados para oficinas y otra compañía que estaba dispuesta a generar 100 puestos de trabajo en la ciudad cancelaron sus planes luego de que Quan les permitiera a los manifestantes regresar a su campamento, después de que una redada policial los hubiera retirado, señaló Joseph Haraburda.

“En este momento estamos experimentando una regresión en el desarrollo económico”, dijo.

Quan pagó un alto precio político por la forma en que manejó el campamento del movimiento Ocupar Wall Street.

Desde la redada policial que tuvo lugar temprano por la mañana para evacuar el campamento y una confrontación por la noche con los manifestantes en la que se usaron gases lacrimógenos al cambio radical que permitió que el campamento continuara creciendo, Quan se ha enfrentado a un bombardeo de críticas de todos los sectores, que señalan que no fue capaz de demostrar su liderazgo en esta crisis.

El Concejo Municipal no votó el jueves la resolución esperada relacionada con dar su apoyo al movimiento Ocupar Wall Street, ya que varios concejales manifestaron tener dudas, lo que dejó poco clara la postura de la ciudad.

Sin embargo, sí queda claro que la respuesta a los manifestantes por parte de esta ciudad con dificultades económicas está generando importantes costos, especialmente en lo que respecta a horas extra de los agentes de la policía.

La Asociación de Agentes de Policía de Oakland, que representa a las bases, calcula que en las últimas dos semanas la ciudad gastó aproximadamente 2 millones de dólares en respuesta policial a las protestas, las que en un momento específico incluyeron ayuda de más de una docena de fuerzas policiales externas.

“El movimiento Ocupar Wall Street entra, toma el control del parque y comienza a desangrar los recursos de esta ciudad, recursos con los que esta ciudad no cuenta”, dijo el sargento Dom Arozarena, presidente del sindicato, quien añadió que los agentes apoyan el mensaje del movimiento pero no sus tácticas.

La ciudad con una alta delincuencia despidió a 80 agentes el año pasado en un esfuerzo por cerrar una brecha presupuestaria impulsada por la recesión.

Esas dificultades no han provocado la simpatía de los manifestantes hacia la policía, que han implorado a los agentes que crucen las líneas de disturbios, en una ciudad que tiene una larga historia de tensiones entre los residentes y los agentes.

Antes de la participación masiva del miércoles, el movimiento Ocupar Oakland había adoptado varias posiciones oficiales, pero ninguna indicaba que el grupo que no cuenta con líderes se comprometía a no utilizar la violencia. Al igual que los campamentos contra Wall Street en otras ciudades, la rama de Oakland establece sus posturas en las reuniones nocturnas conocidas como asambleas generales que se celebran cuatro veces por semana.

Entre las posturas adoptadas por el movimiento Ocupar Oakland se encontraba una que animaba a los participantes a utilizar una “diversidad de tácticas” fuera del campamento principal para dar a conocer su insatisfacción con el statu quo económico.

Como ejemplo, se observó que durante los enfrentamientos con la policía era posible que algunos manifestantes quisieran establecer conversaciones tranquilas y solicitarles a los agentes que no utilizaran la violencia, mientras que otros podían elegir expresar su enojo gritando, intentando eliminar las barreras de la policía o de interrumpir el tránsito.

Sin embargo, en una conferencia de prensa realizada el jueves, aparecieron divisiones entre los manifestantes cuando los portavoces se refirieron a los últimos actos de vandalismo.

Shake Anderson, miembro del comité de medios de comunicación de Ocupar Oakland, dijo que los participantes del campamento le habían solicitado a la oficina de la alcaldesa que repudiara a las personas que estuvieran causando daños, una acción que luego Quan elogió y consideró una ayuda para prevenir un enfrentamiento mayor entre los manifestantes y la policía.

“Llamamos a la oficina de la alcaldesa en el momento en que comprendimos lo que estaba sucediendo allí”, dijo Anderson.

“Fue una acción anónima. No tenía nada que ver con Ocupar Oakland”, afirmó Anderson.

Otro miembro del comité, Varucha Peller, interrumpió y le pidió a Anderson que se mantuviera fiel al mensaje aprobado por el grupo de centrar la atención en las miles de personas que cerraron el Puerto de Oakland en la noche del miércoles.

“Ocupar Oakland no llamó a la oficina de la alcaldesa. Las personas llamaron a la oficina de la alcaldesa. El movimiento Ocupar Oakland tiene una política que ha sido aprobada por la asamblea general que establece que no negociamos con los políticos y que no hacemos participar a los partidos políticos”, indicó Peller.

Una de las primeras partidarias del movimiento, cuyos puntos de vista parecen ser divergentes de los del grupo, es la concejal Desley Brooks que acampó junto a los manifestantes al inicio. En la reunión del concejo, expresó su escepticismo sobre la sostenibilidad del campamento.

“Yo entiendo y creo en la falta de esperanza, el dolor y la frustración que están sintiendo las personas”, dijo Brooks mientras sus colegas asentían. “Pero he estado muy preocupada, preocupada por lo que permitimos que avancen los derechos de unos mientras se violan los derechos de otros”.