Hacinamiento amenaza la enseñanza

Recortes en LAUSD provocan sobrepoblación de alumnos y dificultan el aprendizaje

Pasan las doce del mediodía y Patricia Campuzano comienza a pasar revista a los 46 alumnos que tiene en su clase de español básico en la secundaria San Pedro.

Cinco no han llegado y a seis se les ha olvidado el libro de ejercicios en casa.

Enseguida pasan por la mesa de la maestra para que les preste uno. Afortunadamente, tiene seis libros extra para este tipo de situaciones. Los justos para el número de alumnos a los que se les olvidó esta vez.

La ausencia de alumnos y olvidar los libros son dos detalles que, por insignificantes que parezcan, contribuyen a retrasar la enseñanza en un salón de por sí ya demasiado abarrotado.

“Con tantos alumnos, casi siempre faltan materiales. Algunos no traen los libros cuando se los llevan a casa. Para cuando no traen los libros, tengo copias, pero si en una clase de 40 no lo traen 10, es cuando no tenemos materiales para todos”. El hacinamiento de estudiantes en los salones de clases hace imposible que los maestros puedan impartir una enseñanza individualizada. Ha pasado más de un mes desde que comenzó el curso y Campuzano aún no se aprende el nombre de todos.

Para cuando alguno se pierde la clase, las consecuencias las pagan los demás, aunque hayan asistido todos los días. “Una vez a un compañero le tuvieron que estar explicando una lección atrasada porque faltó un día, y yo no tuve tiempo de hacer mi pregunta. La que perdió fui yo, que después tuve que buscar la información por Internet”, comentó Melissa Martínez, quien cursa la clase de Campuzano. “Cuando eso pasa, te retrasa mucho la clase. Al acabar el semestre tenemos que ir por la mitad del libro, y nunca lo alcanzamos”, dijo la maestra, que tiene 208 alumnos a su cargo en seis clases distintas. En la mayoría, superan los 40 estudiantes.

“Quisieras poder ayudar uno a uno, pero si le dedicas un minuto a cada estudiante se terminó el tiempo de la clase”, indicó la maestra. “Hay clases en las que los estudiantes se salen casi por las ventanas y hay que ir a buscar más mesas y sillas porque no puedes tenerlos en el suelo”.

El hacinamiento de estudiantes se ha enfatizado especialmente desde el despido de maestros ante la falta de presupuesto en el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD). “Nos han venido a poner más estudiantes de los que teníamos porque despidieron a algunos maestros”, dijo Campuzano.

El Sindicato de Maestros (UTLA) alega que el año pasado el distrito escolar tuvo un superávit de 55 millones de dólares. Desde marzo pasado, más de 4,300 maestros han sido recontratados después de haber sido inicialmente despedidos ante la falta de fondos, pero ahora el sindicato está exigiendo que las escuelas usen el dinero del superávit para recontratar al menos a la mitad de los casi 1,000 maestros que aún no han sido llamados de vuelta a las clases.

Aseguran que, de hacerlo, muchas clases bajarían el número de estudiantes a 30.

Una portavoz de LAUSD dijo que el superintendente John Deasy no comentaría por ahora nada al respecto sobre el superávit y el tamaño de los salones de clases.

“Si realmente el LAUSD está preocupado por las graduaciones, deberían dar las herramientas para ver qué tan verdadera es esa preocupación”, dijo Juan Ramírez, vicepresidente de escuelas primarias de UTLA.

“Con uno o dos estudiantes de cada salón se podría formar otra clase y así estarían las aulas menos hacinadas”, agregó.

“Hay tantos estudiantes que hasta se tiene que usar la biblioteca para dar clases”, comentó Daniel Beebe, maestro en la secundaria Manual Arts, que tiene 42 alumnos en una de sus materias.

“No solo es que la clase esté hacinada. Toda la escuela está sobrepoblada”.

Campuzano se las ha tenido que ingeniar para aprovechar al máximo el tiempo para que cada estudiante no se vaya con dudas a casa. Cuando suena la campana, muchos se acercan todavía con preguntas, que con gusto atiende aunque sea en su hora de almuerzo.

En un cuaderno tiene notas y explicaciones, con dibujos incluidos, que tendría que escribir cada vez en el pizarrón. Para ahorrar tiempo, usa un proyector que refleja las hojas en la pared que pueden ver todos los alumnos.

Durante los exámenes, si una misma pregunta se repite en varias ocasiones, la vuelve a explicar para toda la clase usando el proyector. Pero el hacinamiento también ha hecho que hasta en eso cambie la manera que tienen de evaluar los maestros. “Antes se exigía memorizar la lección, pero ahora les das un examen con un listado de opciones como respuestas porque no les puedes obligar a que se memoricen algo para un examen, cuando no hay tiempo para explicaciones detalladas y no les estás dando la atención que merecen”, dijo Campuzano. “Y yo lo que quiero es que amen la materia y el libro, no que lo odien”.

Durante un examen, tener un número alto de estudiantes por clase puede suponer que algunos alumnos aprovechen para copiar o pasarse las respuestas.

“Tienes que tener mucho más control en la disciplina porque se aprovechan a esconderse unos detrás de otros para mandar mensajes de texto, o incluso comer o dormir”, indicó la maestra.

“Cuando somos muchos en el salón, es fácil distraerte con otros y al final no has entendido nada”, comentó por su parte Jason Bolaños, quien cursa el grado 9 en la secundaria San Pedro.

Melissa Martínez ha notado el cambio. El pasado curso estudiaba en el Distrito Escolar Unificado de Santa Ana, donde dice que había en promedio unos 35 alumnos por salón en sus clases. Ahora, en la escuela San Pedro, no bajan de los 40.

“Así los maestros no se pueden enfocar en nosotros”, indicó, quien considera que 30 sería un número ideal de estudiantes por aula. “Si la clase está muy aburrida, empiezas a cabecear hasta que te quedas dormida. Eso no pasaría si fuéramos pocos”.