‘Indignados’ llegan al DF como parte del eco mundial

Movimiento de los indignados llega a México

MÉXICO, D.F.- “A ver de qué cuero salen más correas”. Edur Velasco, un profesor universitario de economía y derecho reta así a las autoridades para presionar al gobierno con una huelga de hambre como punta de lanza del movimiento de los “indignados” mexicanos que busca dar eco a las protestas mundiales.

A la lucha contra los privilegios de la clase política y empresarial, la versión de este país que cuenta con unos 200 manifestantes apostados frente a la Bolsa Mexicana de Valores incluye también la exigencia del 2% del Producto Interno Bruto para la educación que equivaldría a 24,000 millones de dólares, casi cuatro veces más que el presupuesto actual.

La lucha irá también por el salario mínimo que actualmente equivale a unos cuatro dólares al día. “Es ridículo, humillante”, dijo Adrián Galindo, un estudiante de sociología que este año se sumó al desempleo al concluir sus estudios de licenciatura en la Universidad Autónoma Metropolitana y ayer fue parte de la movilización.

Los Indignados mexicanos aún no se visten como zombies de Nueva York, pero cuentan con la voluntad del profesor Velasco, de 55 años, quien fue director del Fondo de Cultura Económica en Estados Unidos en los años de la década del 90 y al regresar a México como catedrático se topó con una pared.

“Voy con esta huelga hasta la muerte”, sostiene tras siete días sin ingerir alimentos, débil en una casa de campaña que rompe la armonía visual del Paseo de la Reforma, la avenida emblemática de la capital mexicana flanqueada de negocios y hoteles de cinco estrellas.

Velasco no se moverá de ahí, dice, si el gobierno no sube el salario mínimo al equivalente a una onza de plata, lo que exigían hace un siglo los revolucionarios. Algo así como alrededor de 35 dólares al día.

“Ninguna empresa va a irse por eso”, afirma. “Es una farsa que el salario mínimo sea simbólico como dice el gobierno, es real, mucha gente gana eso y muere de hambre: por eso yo escogí morir así, si no hay respuesta”.

Los “indignados” se sumaron a la huelga del profesor el pasado sábado porque consideraron que sus peticiones resumen el principio de las soluciones básicas del país.

“No podemos ser felices con la poca calidad de vida que nos permiten los salarios miserables y no podemos aspirar a ser mejores sin educación”, comenta Arcelia Martín del Campo, una estudiante de 26 años.

El problema con los “indignados” mexicanos es sumar voluntades: hay siete millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan (Los Ninis), pero no están con el movimiento, ni siquiera 100. Tampoco tiene adultos de más de 40 años en sus filas.

“Es difícil hacer crecer el movimiento, pero así empezaron en Estados Unidos”, dijo optimista Galindo.

EEUU, España, Italia, Chile, Argentina y México son parte de un movimiento internacional contra la concentración de la riqueza en unas pocas manos y la falta de oportunidades para las mayorías.