Presencia hispana en campamento

OAKLAND.- MJ De la Cruz decidió dejar de ir a la universidad y sus dos empleos para venir a acampar a la plaza Frank Ogawa, en pleno centro del puerto, y a unos pasos de la entrada del edificio del Ayuntamiento de Oakland, una ciudad que se ha convertido en el centro del movimiento de los indignados contra las corporaciones.

“Me involucré en el movimiento porque quiero ser parte de un cambio en el mundo. Por eso vine, porque como están las cosas en el mundo no deberían de estar”, dice De la Cruz, uno de los pocos hispanos que decidieron dejar todo y acampar en la plaza Ogawa.

Reconoce que al principio tenía dudas. “Muchos medios hacen ver como si este fuera solo un movimiento de puros hippies sucios y liberales. Yo personalmente soy moderado, y no me identifico con ningún partido, pero soy uno de esos que aún con dos empleos no la hacen. Voy a la universidad, no tengo ayuda financiera, no tengo un seguro médico, tengo una discapacidad cuyos medicamentos me cuestan más de mil dólares al mes”, señaló sentado en su tienda de campaña.

De la Cruz se instaló en la plaza desde el 25 de octubre pasado y ha vivido de todo durante estos días. “Me tocó que me golpearan los policías y me echaran gases lacrimógenos en los ojos el jueves que vinieron a sacarnos en la madrugada”.

Con todo y eso el joven puertorriqueño no se amedrentó y volvió junto con decenas más de individuos que forman parte del movimiento de los indignados a ocupar con sus tiendas de campaña la plaza Frank Ogawa.

“Con ese desalojo y esa golpiza por no hacer nada, me hicieron más fuerte. No tengo miedo”, sostuvo.

De La Cruz dice que de aquí no se irá. “No sabemos cuánto tiempo nos tomará, puede ser tres meses o tres años”, indicó.

Para los indignados, como este joven, el gobierno apenas les empieza a poner un poco de atención y ya se dieron cuenta que tienen una voz.

Sin embargo, no todos están contentos con el movimiento de los indignados, aun cuando apoyan su causa.

Sam Samori, un inmigrante de Líbano, propietario del café 475 frente a la plaza, dijo que apoya 100% el movimiento, pero ha llegado a tal punto que la clientela le ha bajado en alrededor de 15% porque tiene miedo de ir al centro.

“Soy un pequeño empresario, dueño de este negocio desde hace cinco años y apoyo el movimiento, pero no apoyo que se queden en la noche a acampar, no es seguro, es antihigiénico y además otras personas ajenas a ellos han aprovechado para hacer vandalismo”, expuso.

Durante el casi mes que el movimiento de los indignados ha ocupado la plaza principal de Oakland, han atraído a miles de personas, cerrado calles del centro de la ciudad y hasta el puerto. Pero al mismo tiempo, el vandalismo se ha hecho presente al lanzarse a tomar edificios desocupados, prender fuego y romper ventanas de negocios.

La policía reaccionó con un violento desalojo de quienes ocupan la plaza Ogawa el jueves. La alcaldesa Jean Quan les permitió restablecerse pero les advirtió que encontraran la forma de mantener la paz y seguir las reglas, de otra manera los desalojarían de nuevo.

“Tienen responsabilizarse y si no pueden controlar la violencia, necesitan irse a otro lugar donde causen menos problemas”, advirtió la alcaldesa en una conferencia de presna.

Los indignados dijeron que no tienen planes de irse a ninguna parte.

La alcaldesa también les pidió impedir que los vándalos y anarquistas secuestren su movimiento, ya que le ha costado a la ciudad 700,000 dólares en horas extras para los policías.

En tanto, es incierto si habrá otro desalojo, la plaza principal de Oakland está convertida en una pequeña ciudad de casas de campaña con vida propia donde hay puestos de comida las 24 horas, manifestaciones, conciertos y hasta una pequeña guardería para los hijos de los indigandos.