Rafael Correa ordenó su rescate

Aclaró no haber previsto un tiroteo cuando sucedió su liberación

QUITO, Ecuador (EFE).- El presidente de Ecuador, Rafael Correa, señaló ayer que ordenó su rescate el año pasado, cuando quedó atrapado en un hospital durante una sublevación policial, pero aclaró que no previó un tiroteo como el ocurrido durante su liberación.

Basado en un informe militar desclasificado, Correa señaló que ante la situación de riesgo en la que se encontraba, advertida por los responsables de su seguridad, dio la autorización para el rescate, pero apuntó: “Si sabía que iba a haber esa balacera, no la daba. Prefería perder la vida y que no haya esa balacera”.

En los enfrentamientos entre fuerzas leales al presidente y agentes sublevados murieron cinco personas (dos policías, dos militares y un civil).

“Esperábamos que con la presencia de las Fuerzas Armadas, esas fuerzas insubordinadas se disuadieran de seguir conspirando, de seguir la violencia, etcétera, estábamos totalmente equivocados y cuando llegaron las Fuerzas Armadas lo que hicieron fue recibirlas con una lluvia de balas”, dijo el Presidente en una entrevista radial.

Subrayó que él no organizó el operativo de rescate pero le contaron que traían blindados para evitar riesgos para la vida de los soldados, pero se preveía que llegaran cerca de la medianoche pues estaban en Ibarra, en el norte del país.

“Cuando hay fuerte evidencia de que intentan matar al Presidente, el Comando Conjunto (de las Fuerzas Armadas) sin consultarme decide adelantar el operativo”, señaló, al apuntar que se determinó que el personal avanzara sin armamento letal y que se empleara el uso progresivo de la fuerza.

No obstante, cerca del hospital el contingente militar se vio obligado a detenerse “por el nutrido volumen de fuego de armas de diferente calibre y gran cantidad de gas lacrimógeno que era disparado en forma indiscriminada por elementos de la Policía que se encontraban en el lugar así como de francotiradores”, indicó.

El jefe de Estado apuntó que la Policía debió haber dado la orden de acordonar la zona donde ocurrió el tiroteo para proteger “la escena donde se produjeron gravísimos delitos e incidentes”.

El gobierno interpretó el levantamiento policial como un intento de golpe de Estado y señaló que tiene “indicios de que esto se estuvo preparando con tres semanas de anticipación, que hubo policías manipulados, que actuaron inconscientemente en favor de los golpistas”.

Pero también hubo otros policías que actuaron “muy conscientemente, que estaban coordinados con fuerzas políticas de oposición y lo que pasa es que les falló el golpe”, afirmó.

Según datos del gobierno, 1,199 policías y militares protagonizaron el 30 de septiembre de 2010 una inédita protesta salarial que luego derivó en un alzamiento.

Correa, que había acudido esa mañana a hablar con los agentes sobre sus inquietudes salariales, fue agredido y se refugió en un hospital de la Policía, del que sólo pudo salir en la noche tras una operación de rescate, en medio de un intenso tiroteo.