Pacquiao-Márquez IV ¡Se ve venir!

Polémica por el combate del sábado en Las Vegas obliga a marcar fecha en la agenda de boxeadores

LAS VEGAS.- El recuento de la historia va a decir que Manny Pacquiao derrotó a Juan Manuel Márquez en la tercera pelea de su histórica trilogía.

Lo dirá porque la suma de datos de los tres jueces así lo decidieron.

Pero esas frías estadísticas jamás van a poder decir nada de la imagen apagada y sin ángel de Pacquiao en la conferencia de prensa, ni el tono parco y preocupado de Freddie Roach, y menos todavía de la actitud oficiosa de Bob Arum interpretando ante los periodistas las cifras de golpes lanzados y conectados por los dos rivales.

No. No podrán hacerlo, ni será necesario, porque ya lo hizo Márquez. Con la convicción de una victoria que cree le pertenece, y alentado por un grito que bajaba de la grada cuando se conoció el fallo: “¡Ro-bo, ro-bo!”, era el grito de la fanaticada.

“Ya lo vieron ustedes, volvió a pasar; otra vez le gano a Pacquiao y otra vez nos quitan la victoria”, fue su declaración de principios.

No lo dijo con rabia. No había odio en sus palabras.

Había dolor.

“Les había dicho que tuve una preparación excelente, la mejor de mi vida. Porque quería demostrar que le podía ganar a Pacquiao como ya le había ganado antes y lo cumplí. Para todos, ante todos, menos para los tres jueces”, expresó.

“Voy a descansar y a reflexionar con mi familia para saber si vale la pena seguir en esto o me retiro, la vida sigue”, concluyó frustrado.

Antes de eso Bob Arun, promotor del combate y dueño del contrato de Manny Pacquiao, intentaba maniobrar con los números.

“Las cifras oficiales son estas: Pacquiao lanzó 578 golpes y conectó 176. Márquez lanzó 436 golpes y conectó 138”, explicó Arum.

No dijo que ahí estaba la ventaja de su discípulo.

Luego agregó: “En golpes de poder: Pacquiao lanzó 274 y conectó 117. Márquez lanzó 254 y conectó 100”.

Intentaba Arum poner en agua fría la reacción del periodismo, -no sólo mexicano- que no acababa de asimilar la victoria de “Pacman”.

En otros términos, en el aire flotaba una sensación morbosa de robo. Olor a decisión amañada. Porque para todos era claro que la pelea la pudo haber ganado Márquez estrechamente o ser un empate, pero no la ganó Pacquiao.

Muy preocupado, el gurú Freddie Roach, también dio la cara.

“La estrategia de Márquez fue muy buena y controló a Manny [Pacquiao]. No lo dejó hacer su boxeo. Hay que mirar que hubo asaltos muy cerrados y difíciles de calificar. Pero creo que Manny ganó bien la pelea”, indicó.

Pacquiao ya se había disculpado para llegar tarde porque le estaban suturando la herida en la ceja que le produjo Márquez con un cabezazo.

Luego, y cuando se supo que venía, Arum decidió que sólo habría dos o tres preguntas. Bueno, le hicieron cuatro. Agradeció y se fue.

Muy distante. Muy distinto del héroe de otras noches.

“Gracias a todos. Fue una gran pelea y Márquez demostró que es un gran guerrero”, dijo Manny, sin una sonrisa en la cara, sin un gesto de entrega.

“La pelea fue muy cerrada, pero siempre estuve al ataque y creo que gané”, agregó.

Había sido todo tan complicado en el ring, y peor que eso, estaba tan sorprendido con su victoria, que una de las primeras cosas que bajaron del cuadrilátero hasta los periodistas de ringside fue: “Si Márquez quiere le damos la revancha”.

Eso antes de que hablara Márquez y mucho antes de que Nacho Beristáin reclamara: “Esto le hace daño al boxeo. Le hace daño a Márquez, a Pacquiao, a los seguidores. Los aficionados ya no van a creer en nada después de que pasen esta cosas que ensucian el boxeo”.

La estrategia perfecta de Márquez y Beristáin fue superior y al mejor libra por libra de estos años de nuevo se le atragantó el estilo de Márquez.

Estilos hacen peleas y el mismo hombre que envió al retiro a Óscar de la Hoya, que molió a trompadas a Miguel Cotto y se hizo un picnic con Antonio Margarito, no puede leer el boxeo del nativo del D.F.

En cambio, Márquez sí lo lee y lo controla. Es su antídoto. Por un solo momento, en el noveno asalto, se vio al “Pacman” implacable de otras batallas.

Márquez llevó lo suyo. Un jab tendido, casi como un recto para mantener fuera a Pacquiao y una disposición permanente para atacarlo y molerlo golpes en cuanto se acercara.

Aplicó una vieja receta cosida en los mentideros del boxeo. “Contra los zurdos: el uppercut”.

Cada vez que salían del intercambio en corto Márquez tiraba un zambombazo por toda la mitad y Pacquiao retrocedía hasta quedar fuera de distancia, lo intentaba de nuevo y pasaba lo mismo.

Nunca lo dejó entrar en ritmo para que dictara el combate y por eso la pelea se hizo como la quiso Márquez.

Que se ocupó de frenar a su rival con un plan de pelea impecable, pero que no hizo mucho por marcar puntos, fue el argumento de algunos en defensa del fallo de los jueces.

Fue 114-14, 115-113 y 116-12. Los dos primeros ajustados a lo que vimos, pero cómo explicar que le den cuatro puntos de ventaja en una pelea en la que no hubo un predominio claro de ningún lado.

Cuatro puntos de diferencia en el boxeo es una superioridad manifiesta, casi una paliza.

Este juez, de nombre Glenn Trowbridge, sólo le dio a Márquez cuatro asaltos ganados.

Lo paradójico de todo es que de nuevo Juan Manuel Márquez gana perdiendo.

Fue después de 24 asaltos contra el zurdo filipino cuando más creció la imagen del mexicano.

Esta vez y visto que de nuevo lo maltrataron las maniobras fuera del cuadrilátero, sale más fortalecido.

Ya, sí es que quiere, tiene autorizada por la Organización mundial de boxeo (OMB) la revancha para mayo.