‘Indignados’ negocian su salida pacífica

Policía reconoce que acampados han respetado las normas de LA

La orden judicial que respaldó la estancia de los “indignados” en una plaza pública de Nueva York, aunque sin desplegar tiendas de campaña, parece estar facilitando los planes del gobierno de Los Ángeles, ansioso de retirar las casi 500 carpas que permanecen sobre el destruido jardín de la Alcaldía.

Ayer se celebró la última de una serie de negociaciones entre el personal de la oficina del alcalde Antonio Villaraigosa, altos mandos del Departamento de Policía de la ciudad (LAPD) y dirigentes del movimiento “Occupy LA”, sin que, hasta el cierre de esta edición, se expusiera el resultado del encuentro.

Se reveló que los alcaldes y jefes de policía de los municipios del país con campamentos de inconformes con Wall Street han discutido estrategias para evitar incidentes violentos, a raíz del choque entre manifestantes y agencias del orden en Oakland a finales de octubre. Pero ni en esa ciudad, ni en Nueva York han dejado de emplear la fuerza pública para reprimir el movimiento.

Antes de la reunión de ayer en Los Ángeles, Adrew Smith, comandante del LAPD, comentó a La Opinión que el cierre pacífico del campamento es la única vía prevista hasta el momento y recalcó que la gran mayoría de sus ocupantes han respetado las normas.

“Esperamos que podamos encontrar una manera de acabar con esto pacíficamente, tener un diferente tipo de protesta”, puntualizó Smith, mientras supervisaba el campamento y sus moradores. “No estoy seguro de qué tanto continuará esto. Estamos tratando de protegerlos lo más posible”.

En general, la tensión ha crecido entre los “indignados” de Walls Street por los recientes arrestos y desalojos que han ocurrido en Oakland, Nueva York y otras ciudades del país. En Los Ángeles, aunque las autoridades aseguran que su evacuación, motivada por las pésimas condiciones del jardín del Ayuntamiento, se hará de manera ordenada, muchos dicen no estar dispuestos a salir bajo ninguna circunstancia.

“La gente se quiere quedar, muchos han perdido sus casas. Yo tampoco me quiero ir”, expresó Rubén Escobedo, un veterano de guerra que se integró a la resistencia contra el rumbo económico del país desde principios de octubre. “Si la Policía nos corre, más personas van a llegar”.

La desconfianza del grupo se basa en que los gobiernos de distintos municipios han desmantelado los campamentos por preocupaciones sanitarias y de seguridad. El alcalde Villaraigosa ha dicho que el grupo no puede permanecer indefinidamente por el daño que han causado al césped y al sistema de riego del jardín del Ayuntamiento, calculando que su reparación costaría alrededor de 120,000 dólares.

El jefe del LAPD, Charles Beck, reiteró por su parte a un diario local que su intención es tratar de no repetir los enfrentamientos que se han visto en otros lugares. Desde hace seis semanas, la Policía angelina ha obedecido la orden del alcalde de no interferir en las actividades del campamento, vigilar que se conduzcan en paz e ignorar una ley municipal que impide pernoctar en áreas públicas.

“Nuestra política hacia ‘Occupy LA’ realmente no ha cambiado”, mencionó el comandante Smith. “Por supuesto nuestra preocupación es la seguridad pública, queremos asegurarnos que nadie se lastime o que la propiedad sea dañada, pero más allá de eso apoyamos la libertad de expresión”.

A los ocupantes angelinos les da cierto alivio saber que un juez consideró que se debe permitir a los simpatizantes de “Occupy Wall Street” volver a la plaza de Manhattan, pero sin tiendas de campaña. “Es una decisión positiva”, celebró un joven guatemalteco que solo se identificó como Abraham y quien dijo no tener pensado un plan en caso de que el LAPD los desaloje por la fuerza.

“La gente tiene derecho a reunirse en paz”, comentó el activista afroamericano T.C. Alexander. “No estamos en negociación con el alcalde porque él no ha venido a hablar con nosotros”.

Otros, en cambio, ni siquiera parecen estar enterados de esta posibilidad. Al creciente grupo de desamparados, por ejemplo, solo parece importarles recibir un plato de comida caliente y tener un refugio de los peligros de dormir en la calle.

“Todos los días estamos alegres”, comentó Élfego Miranda, quien aseguró que ahí suele tomar alcohol con otros vagabundos sin que las autoridades lo molesten. De poco sirven las modernas cámaras de vigilancia que rodean la Alcaldía cuando las carpas cubren lo que pasa dentro del campamento.