Una charla para estimular el Punto G

La escritora chilena Isabel Allende se presentó en una iglesia de San Francisco para hablar sobre los verdaderos deseos de las mujeres

SAN FRANCISCO.- “Si tienes una historia, cuéntala; no trates de dar un mensaje porque entonces todo se jode; simplemente cuéntala”, ese fue el mensaje de Isabel Allende a una joven del público que pidió un consejo para escribir bien. Y eso es precisamente lo que Allende, con su característica habilidad para relatar historias fascinantes, hizo el pasado miércoles 2 de noviembre durante una presentación en una iglesia en el centro de San Francisco. Durante la charla a la que asistió un concurrido grupo, en su mayoría del género femenino, la escritora chilena contó las historias de mujeres alrededor del mundo; sin omitir, desde luego, algunas reseñas personales.

“What do women want?” (¿Qué quieren las mujeres?), preguntó retóricamente en un inglés salpicado de fonemas hispanos. Y con gran sentido del humor se apresuró a responder que la respuesta no está en internet, como ella misma lo comprobó al ingresar la pregunta en el buscador y obtener como resultado toda clase de anuncios y remedios para la virilidad. “Las mujeres quieren seguridad para ellas y para sus hijos”, dijo al fin con tono serio, y se dispuso a narrar varias anécdotas y hechos sobre la brutalidad y negligencia hacia el género femenino alrededor del mundo. Narró la injusticia contra las víctimas de explotación sexual contagiadas de SIDA en África, de los feticidios de las bebés en China, del medio millón de mujeres violadas en el Congo, e incluso de las crecientes estadísticas de las muertas de Juárez, en la frontera norte de México. Pero una historia destacó entre las demás y su desenlace provocó un lamento generalizado entre el público.

En un viaje de la escritora chilena a la India, esta se halló frente a un grupo de cinco o seis mujeres locales. Con el ánimo de interactuar con ellas, Allende y una amiga suya que la acompañaba en el viaje se acercaron a las mujeres para regalarles unos brazaletes. Cuando Isabel y su amiga se alejaron del grupo, una de las mujeres corrió y depositó un pequeño bulto en los brazos de la escritora; se trataba de una recién nacida. El chofer de la escritora se percató de lo ocurrido, le arrebató a la bebé y se la devolvió a su madre; inmediatamente instó a Allende y a su amiga a subirse al auto. “Cuando estábamos en el auto finalmente pregunté, ¿por qué querría darme a su bebé? El chofer respondió secamente: ‘es una niña, quién quiere a una niña'”.

“Las mujeres somos criaturas sexuales”, dijo la escritora, y con cómicos ejemplos explicó la diferencia entre el significado de la sexualidad para los hombres y para las mujeres. “Los hombres se excitan con las tetas en una fotografía, por dios ¡Y esas tetas ni siquiera son reales, son implantes retocados con Photoshop!”, dijo en tono de reproche. Enseguida relató una anécdota sobre su esposo Willy, a quien describió como un “mujeriego desvergonzado” antes de que ella entrara en su vida y casi amenazara con castrarlo. “Le pregunté anoche, ¿qué es lo que las mujeres quieren en la cama? Y con toda honestidad respondió: ‘no tengo la menor idea'”, dijo Allende.

Entonces la escritora de la Casa de los Espíritus generalizó sobre la ignorancia masculina en torno a las necesidades sexuales femeninas. “Es un tema que debería enseñarse en la secundaria”, dijo, y brindó una pista a los pocos caballeros de la audiencia sobre cómo conquistar a las mujeres: “El Punto G está en nuestras orejas, lo que nos enciende es lo que se murmura aquí”, explicó señalando su oreja izquierda. “Por favor, no desperdicien nuestro tiempo buscando el Punto G en cualquier otro sitio. Y no murmuren en nuestros oídos cuán espirituales y compasivas somos; eso es menos sensual que la bolsa de valores”, dijo con desapruebo. “Díganos que somos hermosas y deseables; ni siquiera tienen que creerlo, simplemente díganlo. Si lo repiten continuamente terminarán creyéndoselo”, concluyó.

Por último, Allende habló de la necesidad de “belleza” en el mundo femenino, pero aclaró que no se refería a la belleza física, sino a la belleza del entorno. Y ejemplificó cómo en antiguas culturas los ancianos se reunían para planear la herencia cultural y natural que dejarían a por lo menos siete generaciones posteriores. Comparó esa costumbre con la situación actual en la que prevalecen guerras, contaminación al medio ambiente y maltrato a los débiles. Y dijo que si alguien le preguntara qué es lo que realmente le hace falta a la nueva generación femenina respondería: “lo que las mujeres realmente desean, es belleza en sus vidas”.