Muestra más tolerancia LA a ‘indignados’

El lado progresista de sus autoridades ha permitido que se mantenga el diálogo

ANÁLISIS

En Nueva York, el alcalde mandó a las fuerzas del orden a desalojar a los “indignados”; en Oakland los arremetieron a macanazos; en UC Davis los rociaron con gas pimienta y en Los Ángeles el alcalde repartió impermeables para protegerse de frío y lluvia, además de ofrecerles otro sitio a donde ir, con tierra para cultivar y vivienda para los que no tengan.

A estas alturas ya está bastante claro que los líderes políticos y policiales de la ciudad de Los Ángeles tienen ideas muy diferentes acerca de lo que hay que hacer con los manifestantes que, en este caso, están acampados en el jardín del emblemático edificio de City Hall desde hace siete semanas.

Todo tiene que ver con la historia de esta ciudad, la composición del movimiento local y hasta su geografía. Y, por supuesto, también con los intereses e ideas políticas del alcalde y la mayoría del concejo municipal.

En Los Ángeles, a diferencia de Nueva York o incluso de los movimientos en universidades, el campamento de “Ocuppy” está bastante aislado de la mayoría de los residentes de la ciudad. De hecho, si uno no pasa expresamente por enfrente, no siente ningún efecto por su presencia.

Esto permite a la mayoría de los angelinos, sobre todo los políticamente progresistas, que son la mayoría, apoyar al movimiento sin tener que lidiar con consecuencias negativas, señaló Fernando Guerra, director del Centro para el Estudio de Los Ángeles en la Universidad Loyola Marymount.

“El campamento está bastante aislado, no tiene mucho impacto en negocios o en el tránsito de las personas. Ya movieron el Farmers Market que estaba allí y que inicialmente se quedó sin lugar…los inconvenientes para la ciudadanía son mínimos”, dijo Guerra. “Además, esta es una ciudad bastante progresista hoy en día”.

Más allá de lo práctico o de la aislada geografía de Los Ángeles en la que cada quien vive en su rincón, hay consideraciones más importantes: la trayectoria política de la mayoría del liderazgo de la ciudad es más consistente con el apoyo al movimiento que con su represión.

“En gran medida, esto responde a las raíces políticas del alcalde, raíces sindicales. Aunque Villaraigosa ha hecho cosas como alcalde con las que los sindicatos están en desacuerdo, no se puede negar que sus raíces políticas le hacen entender que reprimir esta protesta como se hizo en Nueva York u Oakland sería políticamente suicida”, dijo Gonzalo Santos, profesor de sociología de Cal State Bakersfield.

El alcalde Villaraigosa procede del movimiento sindical y fue en gran medida gracias a este que logró ganar la alcaldía. Aunque el alcalde está sirviendo su último período como máximo ejecutivo de Los Ángeles, su carrera política seguramente no ha terminado.

Además, indicó Santos, Los Ángeles ha podido aprender de lo que ocurrió en otras ciudades, particularmente en Nueva York.

“Quedó bien claro que atacar a los campamentos solo llevaría a que la información se distribuyera alrededor del país y del mundo de indmediato y que se repudiara, reforzando las protestas y no debilitándolas”, dijo Santos. “El resultado es que en Los Ángeles se ha creado la cautela necesaria para que no se actúe tan precipitadamente”.

El fuerte movimiento sindical de esta ciudad ha participado en el movimiento y en el mismo hay muchos estudiantes de diversos orígenes, incluyendo muchos latinos.

“El grupo de Los Ángeles luce muy similar a la distribución demográfica de la base demócrata de la ciudad y del alcalde y muchos de los concejales”, dijo la analista política Sherry Bebitch Jeffe. “También está claro que el jefe de policía Charlie Beck no quiere que su departamento esté en el ojo del huracán como otros, porque ya sabemos la historia del LAPD”.

Y este es otro elemento de la situación en Los Ángeles : la historia de los abusos de LAPD, los disturbios, el caso Rodney King y el largo camino hacia las reformas que llevaron al departamento a ser más diverso y cuidadoso en su trato hacia las comunidades que alguna vez fueron minoritarias, y que ahora, sin embargo, son la mayoría de la ciudad.

“Además, el alcalde sabe que no puede descuidarse porque si lo hace como cuando aquel famoso año de los abusos policiales en MacArthur Park, cuando él andaba de viaje por Centroamérica para evitar marchar el 1 de mayo, se puede ‘quemar’ como se quemó entonces”, dijo el sociólogo Santos.

Por otro lado, hay quienes opinan que el propio movimiento haría bien en negociar con el alcalde y buscar una salida creativa hacia otras tácticas de protesta u otros lugares de estadía.

“Hay que recordar que las grandes marchas estudiantiles de los 70 lo que nos dio es una reacción en la forma de Richard Nixon y Ronald Reagan”, dijo el republicano Alan Hoffenblum.