Resistencia pacífica anima a ‘indignados’

Celebran el Día de Acción de Gracias en su campamento y en pie de lucha

Con maíz molido que trajo de la región del quiché, en Guatemala, José Federico Muñoz escribió sobre la plazoleta del City Hall la frase: “Occupy the World in Peace”.

Era parte de la ofrenda de Acción de Gracias que ayer colocaron los grupos indígenas que están en el campamento Occupy LA, pero también era un símbolo de resistencia ante la amenaza del desalojo.

Luego, con un polvo de cobre, este hombre de origen maya anotó: “2021”.

Explicó que se trata del año en el que en el mundo reinará la paz, de acuerdo con una profecía ancestral.

“Y este movimiento es parte de ello, de lograr la paz en el mundo, para lo cual tenemos diez años”, dijo.

En el centro de la ofrenda circular colocaron pañuelos de colores en representación de las diferentes razas.

“Es un círculo de sanación”, señaló Regina Quetzal Quiñónez, hija de apache chiricahua de Nuevo México.

“Porque este movimiento es para sanar a los humanos”, mencionó Regina. “En este día, que para nosotros es el día internacional de dar gracias, queremos transmitir lo positivo. Estamos en una revolución global y cada ocupación en el mundo está en agradecimiento porque se están ayudando a sí mismos para ser humanos y librarnos de la injusticia”.

Funcionarios y representantes del movimiento Occupy LA han dado a conocer que las autoridades de la ciudad y el Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) tienen planes de desalojar cualquier día de la próxima semana el campamento que durante 55 días ha permanecido en los jardines de la alcaldía.

A pesar de la amenaza de desalojo, los ocupantes que ayer disfrutaban de una comilona de Día de Acción de Gracias que ofrecieron algunas misiones de Skid Row, han declarado que no se van.

“No nos vamos a ir. Si nos agarran pueden detenernos, pero estarán violando la ley y vamos a ganar en los tribunales y entonces regresaremos”, aseguró Emanuel Rosas.

Si la policía hace uso de la fuerza, dijo, los indigandos se defenderán. “No vamos a pelear. Nos pueden agarrar, pero si yo veo que están rociando spray pimienta o golpean a una mujer, estonces voy a tomar un palo y voy a responder”.

“Es nuestro derecho a defendernos y nuestro deber de defender a los demás”, secundó otro.

Carlos Marroquín, otro de los indignados que ha estado ahí desde el 1 de octubre, dijo estar preocupado de que la ciudad sigue ignorando el porqué del movimiento.

“Estamos aquí porque hay una crisis humanitaria, las familias están siendo desintegradas, dañadas, están perdiendo sus casas, y al sacarnos están ignorando el problema”, mencionó.

Si las autoridades, indicó Marroquín, deciden actuar en contra del campamento, habrá resistencia: “Hay gente dispuesta a ir a la cárcel, este un movimiento es pacífico, no estamos aquí para pelear con la policía ni con la ciudad, sino contra los abusos de los bancos y corporaciones que están destruyendo el sueño americano y a las familias”.

Si desalojan el campamento, advirtió, más gente se sumará al movimiento, porque cuentan con el apoyo de sindicatos, de grupos religiosos que estarán observando y porque ellos solo son una fracción de millones de personas que están padeciendo la crisis.

“No queremos que pase lo que pasó en Oakland. La policía entiende que no quiere eso, porque la ciudad ha tenido muchas crisis en manifestaciones, donde la gente sufre abusos y Los Ángeles no puede pasar otra cosa así, no necesita eso”, agregó.