Protestar no es socialismo

El señor Héctor Vicencio, de San Diego, me envió un correo electrónico que, en su parte medular dice: “(…) sus críticas al Tea Party muestra que usted no está educado (sic) del riesgo que corremos de caer en el socialismo de los Ocupadores.”

Le faltó mencionar a los “indignaos” de España para tener un cuadro más completo de las corrientes políticas de disgusto social.

Aquí, esos actos de protesta están sacudiendo la anquilosada estructura política que hemos permitido se convierta en un baluarte en el que reina, en forma dictatorial, el dinero.

Y eso tiene que cambiar…

Que bueno sería que todos fuéramos pobres alguna vez en la vida; entenderíamos algunas cosas.

Yo lo fui y mi mayor ilusión en esos días era llegar a tener dinero para poder comprar “esa concha” (un pan mexicano) que una panadería exhibía en su vidriera y yo la señalaba mentalmente con el índice derecho.

Mi vida ha cambiando, pero el recuerdo no y mi comprensión para los que no tienen, tampoco.

Decía Winston Churchill que la democracia era un pésimo sistema, pero que era lo mejor que teníamos.

No sé qué diría ese gran inglés si pudiera ver como han comercializado nuestra democracia los grupos de poder y los cabilderos, y como se ha perdido la fe en el sistema político.

Es inexplicable que los integrantes del Congreso no renuncien ante la pobre aprobación de su actuación que está entre el 9 y el 12%; el peor de la historia.

¿Irse? ¡Eso nunca! ¿Quién les ha exigido eficiencia alguna vez?

Nuestro sueño de que todo lo arregla el mercado no reza para la solución de problemas sociales, causados por necesidades imposibles de satisfacer actualmente.

Estamos presenciando protestas populares que son expresión de disgusto y preocupación por un presente difícil y un futuro incierto; es reclamo y desahogo de muchos que carecen de lo indispensable y protestan como expresión de su malestar.

Al margen: Agréguele a todo eso la desilusión por la politiquería partidista que acabó con la esperanza de una reducción del déficit gubernamental y control del endeudamiento. Los republicanos querían hacerlo solo a base de restringir servicios vitales a los que tienen poco y evitar, a como fuera, volver a los impuestos justos que pagaban los de muy altos ingresos.

¿Temor republicano a su Partido del Té?

Yo no estoy de acuerdo en todo con los “ocupadores”, pero los entiendo.

El que tiene hambre quiere comer, el que está enfermo necesita curarse, el que tiene hijos tiene que educarlos y si para lograr el apoyo del estado -aunque solo sea transitorio- tiene que irse a las protestas, lo hará.

A esas protestas le llama don Héctor: “El socialismo de los Ocupadores.”

Hay actitudes del Congreso que ofenden: El que los politiqueros discutan como reducir el Seguro Social y Medicare, cuando 49 millones de estadounidenses viejos no podríamos sobrevivir sin ellos. Es como para salir a la calle y protestar.

¿O no?

Ahora los republicanos están alarmados, porque por su intransigencia hizo fallar al supercomité y eso hace que el presupuesto militar vaya a ser reducido en forma automática. Estos son recortes políticamente riesgosos que tendrán que tomarse quiérase o no.

Pero vuelvo a los “protestadores” que creo han usado un nombre político equivocado. En lugar de “Ocupar Wall Street” deberían llamarse, como algunos ya lo están haciendo, representantes del 99% de la población; afirmación no exacta, pero indicativa.

Hay una gigantesca diferencia de recursos y necesidades, entre ese 99 y el restante 1%, en una democracia que proclama la igualdad, igualdad que no puede existir en tanto esa diferencia sea brutal y esa minoría en número, controle los aparatos de poder, de capitales y de gobierno.

En la situación actual los dos grandes partidos de los Estados Unidos, republicanos y demócratas, se han perdido en “el sistema” y los fenómenos sociales de protesta ocurren al margen de ellos. Es de señalarse que gran parte del pueblo ha perdido el interés de afiliarse a partidos que no los representan. Y, por lo que vemos, muchos piensan que solo queda la calle y se lanzan a protestar.

¿Y cuál ha sido la respuesta política?

Importante, ninguna…

Los dos partidos han tenido cuidado de no criticar demasiado y ninguno se ha solidarizado con los que protestan. Es más, estos han empezado a ser una molestia para muchos vecinos y en algunos lugares ha intervenido la policía para levantar sus tiendas de campaña y expulsarlos de donde protestan y poco a poco, tal y como me lo temía, lo hacen con más violencia.

Solo que las protestas y los problemas sociales no se aplacan, ni se resuelven con la fuerza. Quizás se logre que el número de los manifestantes se reduzca, pero la actitud de los que persistan puede endurecerse y puede surgir un líder que aproveche el malestar para ganar adeptos a su ideología.

Los del 99% no han definido sus peticiones y hasta el momento sus protestas son solo manifestación de un peligroso disgusto social.

¿Qué puede pasar?

Eso dependerá del papel que juegue la juventud en el grupo de los 99. Si se les suman los estudiantes, o hacen protestas similares, es tiempo de hacer un examen de conciencia y limpiar nuestra democracia de la influencia del dinero.

Y, don Héctor: Nada de esto es socialismo.