Triste y sobrio final para miles en fosa común

Condado entierra cenizas de más de 1,600 cuyos restos no fueron pedidos

Triste y sobrio final para miles en fosa común
La ceremonia de entierro se realizó la semana pasada en el cementerio del condado.
Foto: Ciro Cesar / La Opinión

Sus vidas terminaron en el 2008, pero hasta la semana pasada sus restos encontraron un lugar a donde descansar eternamente.

Las cenizas de 1,636 personas fueron enterradas en una fosa común en el Cementerio del Condado de Los Ángeles, después de esperar por tres años que algún ser querido las reclamara.

“Es triste llegar al final de la vida sin la compañía de un familiar o un ser querido. Muchas de estas personas murieron en el hospital general [LA County USC] y están siendo enterradas en una fosa común”, dijo Federico Gianelli, capellán de la Arquidiócesis de Los Ángeles.

Al igual que cada año, el Condado realizó una ceremonia ecuménica de entierro de cenizas en el cementerio ubicado en el barrio angelino de Boyle Heights.

Las cenizas fueron enterradas en cajas de plástico individuales de color gris, del tamaño de un libro de unas 5,000 páginas.

“Detrás de cada una de estas personas hay una historia sin contar. Cada una de estas personas tenía una vida en la que por diferentes motivos se separaron de sus familiares y se encontraron solos al final de sus vidas”, agregó Gianelli.

Las autoridades del condado tienen un registro de la mayoría de los nombres de las personas enterradas en la fosa.

Si algún familiar lo desea, puede poner una lápida en su honor en el cementerio, dijo Estela Inouye, administradora de la morgue y crematorio del Condado.

Albert Gasken se encarga de cuidar el cementerio y es quien tiene a su cargo la cremación de los cadáveres. Ha hecho este trabajo por 30 años y aunque se siente satisfecho con el servicio que presta a los residentes del condado, hay ocasiones en las que su labor le afecta emocionalmente.

“Cuando tengo que cremar bebés es difícil. Sobre todo cuando tengo que darles el servicio de cremación cerca de la Navidad. Entonces me pongo a pensar sobre la vida que no pudieron tener”, dijo Gasken.

Cuando habla de bebés es la única ocasión en que se ve en su rostro algún tipo de expresión. El resto del tiempo, Gasken habla con mucho tecnicismo sobre su trabajo.

“Se regula la temperatura a 1,600 grados Fahrenheit. Los restos se queman en alrededor de dos horas y media y después hay que esperar a que se enfríen para poderlos manejar. Tenemos la capacidad para cremar tres casos a la vez”, manifestó Gasken.

Gasken está acostumbrado a que sus cremados no sean reclamados.

“Llegué a este trabajo después de trabajar para la oficina forense. Yo comprendo por qué muchas personas no quieren hacer este trabajo, pero a mí, por lo general, no me molesta. Ya estoy acostumbrado a cremar cuerpos y guardar las cenizas hasta que llega el día de enterrarlas”, dijo Gasken con un tono de voz tranquila.

Las personas que no pueden pagar los miles de dólares que cobran las empresas privadas por el servicio de cremación pueden consultar con los trabajadores sociales de los hospitales públicos. El Condado de Los Ángeles ofrece la cremación de cadáveres a un costo de 400 dólares. Los seres queridos tienen hasta dos años para pagar el costo de la cremación y reclamar las cenizas.