ZONA DE JUEGO: Suena fuerte, pero no encuentro otra palabra

Al firmar el contrato de 257 millones que le ofreció el equipo de los Angels de Los Ángeles, Albert Pujols cometió un acto de prostitución.

El término que acabo de utilizar puede sonar muy fuerte, pero antes de que siga leyendo esta columna, quiero hacer la precisión de que este texto no se trata de un ataque personal a quien considero el mejor beisbolista de las Grandes Ligas de la actualidad.

El toletero dominicano se merece cada uno de los billetes verdes que deposita en su cuenta bancaria.

Las habilidades que posee lo hacen merecedor del mejor sueldo que pueda obtener, pero mi disertación va más allá del tema monetario.

Esta columna no es una vendetta en contra del jugador, del hombre caritativo, del padre amoroso y del esposo comprometido.

En su estadía de 11 años en San Luis, Pujols se estableció como un emblema de esa ciudad al ayudar, con su propio dinero, a los estratos más bajos de la comunidad.

El autismo que sufre uno de sus hijos lo llevó a establecer una fundación para apoyar a gente que debe lidiar con este problema de salud que afecta terriblemente la interacción y estructura familiar.

Pujols es un gran tipo, un ser humano muy especial, un beisbolista excepcional.

Con él no tengo ningún problema, lo que me duele, lo que hace que me indigne, lo que me revuelve las entrañas, es la falta de lealtad que mostró hacia una institución que le dio todo.

Prostituirse significa vender tus servicios al mejor postor, aun si no sientes nada por esa persona u entidad que te está ofreciendo el dinero.

Pujols y San Luis tenían un romance perfecto y no había necesidad de romperlo.

Los residentes de la ciudad donde juegan los Pájaros Rojos idolatraban al quisqueyano y cada noche le demostraban su amor llenando el Bush Stadium para brindarle aplausos, gritos de apoyo y pleitesías.

Pujols era el rey de San Luis, en la ciudad no había figura más grande que la de él.

La franquicia de los Cardenales hizo todo lo posible para cumplir las peticiones económicas de Pujols.

San Luis le ofreció 200 millones de dólares para que se quedara, para que siguiera su trayectoria en el equipo y tuviera oportunidad de jugar toda su carrera vistiendo la misma franela.

Al término de sus días como beisbolista, Pujols se habría ganado a pulso la edificación de una estatua monumental que reflejara su enorme figura en la entrada principal del parque de pelota de San Luis.

Desgraciadamente, Pujols dejó la lealtad de lado, no pensó en aquellos fanáticos que por años le ofrecieron su respaldo, no pensó en el club que le abrió las puertas a la fama y la fortuna.

Al firmar con Anaheim, Pujols ganó 57 millones de dólares más de lo que le ofrecía San Luis, pero perdió el respeto y la admiración de aquellos que lo hicieron la figura que es hoy.

En esta dimensión de dinero de la que estamos hablando, 200 millones de dólares compran lo mismo que 257.

Pujols decidió vender su talento al que más dinero le ofreció, y no al que más lo amaba, eso, para mí, es un acto de prostitución.