LOS EFECTOS a la gente DE UN CIERRE NO ANUNCIADO

Un trayecto que incluso con tráfico se recorre en unos minutos, del Este de Los Ángeles a Montebello, se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para la señora Genoveva Gómez. La carretera 60, cerrada desde el miércoles, ha sido su ruta cotidiana para ir al centro comercial.

“Ahora tenemos que avanzar en ‘zig zag'”, dice la mujer antes de recitar la larga lista de calles que ayer recorrió para ir de compras: la Montebello, la Beverly, la Tercera, la Primera, la César Chávez….

Aquel miércoles por la mañana Gómez viajaba por la autopista 60 cuando fue sorprendida por una gigantesca bola de fuego que emanaba de un camión cisterna. “Sí, nos asustamos; era la locura para salir de la carretera, los que podían salían de reversa”, contó.

Ese día, luego de presenciar el accidente, la señora Gómez pudo regresar a su hogar una hora y media después. En un día normal no habría tardado más de ocho minutos. “¡Fue una cosa increíble!”, expresó.

Desde entonces, salir de casa se ha convertido en una prueba a su paciencia.

En los últimos días, los residentes del Valle de San Gabriel han aprendido a vivir sin una de sus rutas favoritas; unos, incluso, se han divorciado temporalmente de sus autos.

“En estos momentos es cuando uno se da cuenta que tenemos que aprender a usar el bus”, comentó Raúl Mendoza, residente de Montebello. “Yo jamás me había subido a uno hasta ahora”, dijo.

Para otros lo mejor ha sido evitar la “zona cero”, el puente del bulevar Paramount, algo que ha impactado a los negocios de la zona. “Aquí la clientela ha bajado un 65%”, comentó el encargado de una gasolinería, que el jueves sólo registró 500 transacciones.

“Eso quiere decir que vino poca gente; la mayoría fueron personas que están en la demolición y compraron cosas de un dólar”, dijo el empleado. “El dueño está muy enojado, no quisiera habla con él”.