Hogar se abre a niños de calles

Único requisito para ingresar es que se comprometan a labrarse un porvenir

MÉXICO, D. F. (EFE).- La casa hogar Fundación Renacimiento abre mañana sus puertas a los niños mexicanos de la calle y los invita a festejar en familia, para que vean que es posible cambiar el rumbo de sus vidas.

“Los niños de aquí saben que pueden compartir e invitan a otros compañeros que están en la situación que estaban ellos antes y se logra algo muy estimulante para ambos”, dijo ayer José Vallejo, fundador y actual director de la casa hogar.

La noche de Navidad, la casa se abre para celebrar una fiesta en la que los chicos pueden invitar a niños que aún viven en la calle, momento perfecto para que piensen en cambiar su vida, vean cómo podrían vivir y que allí tienen una oportunidad para salir de la calle.

La casa de la fundación tiene capacidad para 70 personas y cualquiera puede tocar a la puerta y pedir asilo; así llegan muchos niños, comentó Vallejo, mientras que otros lo hacen convencidos por el personal que recorre las calles.

“En noches como estas queremos decir aquí estamos, estamos contigo, cuando todos están en sus casas”, señaló Vallejo, quien desde hace 18 años pasa la Nochebuena y la Nochevieja en la casa con los niños y con su propia familia.

El único requisito para ingresar en este hogar es que los jóvenes se comprometan a estudiar y a labrarse un porvenir que les permita tener una vida independiente y productiva cuando estén preparados.

Allí pueden aprender varios oficios, pues hay talleres de panadería, computación, carpintería, serigrafía y bisutería.

Además de hospedaje y alimentación, el centro les ofrece una atención integral y personalizada.

Tienen médicos y psicólogos que siguen sus vidas, todo por la meta de la reinserción social, un sueño para chicos como Jorge Alberto, que a sus 17 años piensa en tener algún día un trabajo fijo en hostelería y más adelante abrir su propio restaurante.

Lleva un año y cuatro meses en la casa y cursa el bachillerato con el objetivo de ir a la universidad a estudiar restauración.

Huérfano desde los 6 años, no ha llegado a vivir en la calle, pero ha pasado por numerosas casas hogar, ninguna como la de la Fundación Renacimiento.

“En otras cosas me ayudaban económicamente, pero no en otros aspectos pues yo solo tenía que buscar a qué escuela ir, mi comida, mi ropa… Aquí encontré apoyo total”, manifestó.

Desde que Vallejo está al frente de la casa, 87 niños han logrado terminar todo su proyecto en la Fundación Renacimiento y la mayoría tiene hoy un buen trabajo.

Además, 243 muchachos se han reintegrado con su familia pues, a diferencia de lo que se piensa, la gran parte de los niños que viven en la calle no son huérfanos, sino que proceden de un hogar disfuncional en el que sufren maltratos y del que huyen.

Por eso otro de los aspectos característicos de este programa es la incorporación de las familias al tratamiento.

Son niños que han sufrido mucha violencia y que muchas veces utilizan las drogas para escapar de su realidad. “Toman la droga como sustituto de afecto, de alimento, de cobijo”, apuntó el director.

A Adrián Genaro, de 14 años, le pasó precisamente eso, se fue a la calle y se enganchó a las drogas.

Estuvo varios meses inhalando un químico líquido, muy barato, que podía comprar con los pocos pesos que ganaba después de vender las botellas de plástico vacías que recogía de los cubos de basura.

A los 11 años llegó a la casa y estuvo dos años, pero se aburrió y decidió escaparse. Siete meses estuvo vagando por las calles hasta que decidió regresar.

Ahora lleva cuatro meses en el centro y estudia secundaria; aún no sabe qué quiere de su futuro, pero con timidez reconoce que le gustaría ser arquitecto.

“Me he empecinado en torcerle la vida a las personas. Si los muchachos quieren cambiarse de camino, yo trato de torcerles”, dice Vallejo.

Según el III Censo de población que vive en situación de calle 2010-2011, elaborado por la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito Federal, unos 235 niños menores de 17 años viven en la calle en la capital mexicana.

Sin embargo, un paseo a medianoche por el centro histórico es más que suficiente para ver que estos datos se alejan de la realidad.

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