Uno habla y otros trabajan

Muchos piensan que el 2011 ha sido otro año perdido en el Congreso en cuanto a la discusión de una reforma migratoria. Y no es para más. Mes tras mes, hemos escuchado al presidente, en discursos públicos y en reuniones con grupos hispanos en la Casa Blanca, quejarse de la falta de acción congresional sobre este tema y responsabilizar a los republicanos -los “enemigos” de los hispanos, como llegó a llamarlos- por esta inmovilidad. Más aún, la prensa liberal así como innumerables estragas políticos demócratas nos relatan el mismo cuento. “El presidente y el liderato demócrata quieren aprobar una reforma migratoria”, nos informan, “pero los republicanos anti-inmigrantes no quieren tocar el tema”.

Esta conveniente apreciación de lo que supuestamente está ocurriendo en Washington, sin embargo, no corresponde a la realidad. Y es que algo verdaderamente sorprendente ha sucedido en los pasados cuatro meses que echa por tierra la percepción de los republicanos que la administración Obama y sus defensores en los medios nos quieren vender a los latinos.

En primer lugar, la Cámara de Representantes republicana aprobó el pasado 29 de noviembre el proyecto de ley H.R. 3012, radicado por el congresista Jason Chaffetz (R-UT) y conocido en inglés como el “Fairness for High-Skilled Immigrants Act”, que elimina las cuotas por país para visas de inmigrantes por razón de empleo y aumenta el limite por país de estas visas por vínculos familiares de siete a quince por ciento. Este importante proyecto se empezó a cocinar en septiembre por el liderato republicano del Comité Judicial presidido por el congresista Lamar Smith (R-TX).

Lo interesante es que los republicanos no solo presentaron la legislación, sino que también buscaron apoyo de los demócratas. El proyecto fue aprobado por el Comité Judicial en unanimidad, lo que provocó, que una vez aprobado, el congresista demócrata de Illinois y líder pro-inmigrante, Luis Gutiérrez, decidiera co-auspiciar el proyecto.

Por otra parte, del lado del Senado, el senador republicano de la Florida, Marco Rubio, siguió el ejemplo del liderato republicano de la Cámara y presentó legislación, junto al senador demócrata de Delaware, Chris Coons, que incluye esta medida.

La importancia de este proyecto de ley no puede ser minimizada. Reduciría considerablemente los enormes retrasos que enfrentan profesionales con grados avanzados de países como China e India para conseguir una visa de inmigrante para venir a trabajar a los Estados Unidos. Además, duplicaría las visas disponibles para los ciudadanos mexicanos que han sido peticionados por un pariente y que actualmente tienen que esperar periodos de tiempo excesivamente largos para reunirse con sus familias.

Pero todavía hay más. Desde septiembre los republicanos han presentado otros proyectos de inmigración de envergadura. El congresista Raúl Labrador (R-ID) introdujo un proyecto que permitiría que estudiantes extranjeros que están por graduarse de universidad con grados avanzados en ciencias y tecnología, y que tienen ofertas de trabajo, puedan cambiar su estatus migratorio de estudiante a residente permanente sin tener que salir del país como actualmente se requiere. Mientras que tanto el congresista Dan Lungren (R-Ca) como el proprio congresista Lamar Smith han radicado legislación para crear un nuevo programa de trabajadores agrícolas que facilite la entrada de miles de extranjeros al país de una manera legal, digna y rápida para trabajar en el campo. Y en el Senado, Mike Lee (R-UT) presentó una medida que dejaría que trabajadores agrícolas de la industria lechera puedan permanecer en el país por todo un año, en vez de tener que salir de este inmediatamente después que termine la temporada de trabajo según establece la ley actual.

Estas últimas acciones de los republicanos en el Congreso prueban de manera inequívoca que el presidente Obama no está siendo justo y honesto cuando acusa a los republicanos de no querer atender el difícil tema de la inmigración. Es, irónicamente, el presidente quien ha estado ausente de esta importante discusión. La administración no ha participado en la discusión de ninguna de las piezas legislativas que hemos mencionado y tampoco ha emitido comentario alguno sobre ellas.

Es evidente, por el contrario, que mientras el presidente Obama continúa con su usual demagogia sobre la inmigración con el único propósito de tratar de ganarse el voto latino, el liderato republicano en el Congreso ha estado trabajando con este asunto, buscando pro-activamente crear consenso con los demócratas. El proyecto H.R. 3012, por ejemplo, ha logrado unir a miembros del congreso que desde hace años han estado en polos opuestos del debate migratorio. Desde que se discutió el proyecto de reforma migratoria que el presidente Bush empujó en el 2007 no habíamos visto este nivel de colaboración bipartidista en el tema de inmigración.

No cabe duda. El 2011 nos trajo unos avances significativos en el tema de la inmigración. Esperemos que los proyectos de inmigración que se han presentado en el Congreso terminen exitosamente el trámite legislativo y puedan convertirse en ley pronto. Claro está, estas medidas son solo un comienzo. Mucho más se tiene que hacer para arreglar nuestro descompuesto sistema migratorio y para hacerle justicia a los millones de inmigrantes indocumentados que contribuyen con su trabajo honesto y sus valores a nuestra economía y sociedad. Aún así, un nuevo comienzo en la discusión en Washington sobre la inmigración es muy bienvenido.