Piden otro milagro para soldado herido

Familia y amigos esperan mejoría de veterano que fue baleado en fiesta
Piden otro milagro para soldado herido
Peter Baltimore con una foto en su celular de su mejor amigo, Christopher Sullivan, ahora paralizado en un hospital.
Foto: AP

SAN BERNARDINO, California

La familia y los amigos de Christopher Sullivan creyeron que el soldado había superado uno de los desafíos más difíciles que podía enfrentar cuando sobrevivió a un ataque suicida con bomba en Afganistán el año pasado.

Ahora, el especialista del ejército de 22 años está haciendo frente a una dificultad aún más grande. Está tendido en una cama de hospital en el Sur de California, paralizado del cuello hacia abajo, después de recibir disparos cuando intentaba detener una pelea en su fiesta de bienvenida a casa el mes pasado.

Amigos del soldado dicen que fue un milagro que sobreviviera al bombardeo suicida en el que murieron seis de sus compañeros. Sullivan, que intentó salvar a sus camaradas, sufrió quebraduras en huesos y una lesión cerebral de la que tardó meses en recuperarse.

Ahora ruegan para que suceda otro milagro, uno que le permita caminar de nuevo, mientras intentan entender cómo alguien que estuvo tan cerca de la muerte ahora quizás tenga que vivir el resto de su vida paralizado.

“Estaba en una misión. Volvió. Y ahora…”, dijo su entrenador del equipo de futbol de la escuela, Dominic Monica, con voz cada vez más débil por la emoción antes de comenzar a quebrarse.

Sullivan, que recibió un Corazón Púrpura, creyó que podía volver a ser el loco Chris, el joven divertido y bromista que esperaba con entusiasmo la fiesta en la casa de un amigo, igual que un año antes.

Se acercaba la medianoche del 23 de diciembre cuando, según la familia de Sullivan, surgió una discusión entre invitados a la fiesta sobre los méritos de distintos equipos de futbol de la NFL.

Cuando comenzaron los golpes de puño, Sullivan, siempre pacificador según sus amigos, intervino para detener la pelea. Recibió dos disparos, y una de las balas le atravesó la espina dorsal.

La persona que disparó huyó antes de que llegara la policía. Ruben Ray Jurado, de 19 años, se entregó a las autoridades tres días después. La semana pasada se declaró no culpable de intento de homicidio y está detenido con una fianza de 1 millón de dólares.

Poco después de que Jurado se entregara, su abogado, Michael J. Holmes, dijo que otros invitados estaban dando golpes y patadas a su cliente en el momento en que Sullivan recibió los disparos.

La familia y los amigos del soldado niegan enfáticamente esa versión.

“Si Chris se equivocó en algo, ¿por qué huyó Jurado?”, preguntó Peter Baltimore, uno de los amigos más cercanos de Sullivan. “¿Por qué no esperó a que llegara la policía y les contó su versión de la historia?”.

Además, preguntó, ¿por qué tenía Jurado, que alguna vez jugó al futbol con Sullivan, pero que no era un amigo cercano, un arma cargada?

“Ningún amigo verdadero de Chris habría traído un arma a una fiesta”, dijo Baltimore, haciendo silencio y tomándose la cabeza con las manos mientras intentaba controlar sus emociones sentado en el sofá de la sala de un amigo.

Sullivan permanece internado en condiciones críticas. Con un tubo conectado a una máquina que lo ayuda a respirar, solo puede contestar sí o no a las preguntas de familiares y amigos abriendo y cerrando los ojos.

Ha mostrado señales de mejoría, según su hermano Brandon, de 20 años. Cuando su madre le dijo recientemente que una de las enfermeras era muy bonita, sonrió y movió los ojos para mirarla.

Cuando esté más fuerte, dijo su hermano, lo operarán.

Después de la cirugía, los médicos han dicho a la familia que tendrán una mejor idea de las perspectivas de recuperación a largo plazo. Por ahora, dicen que parecería que quedará paralizado del cuello hacia abajo.

Para los amigos es difícil entender eso, porque no conocían a nadie que disfrutara tanto la vida como Sullivan.

Era un excelente luchador de lucha libre y jugador de fútbol en la escuela San Bernardino High School, en una ciudad descolorida y de clase obrera de 210,000 habitantes que generalmente pasa desapercibida para las personas que pasan camino de Las Vegas o de los centros turísticos en las montañas.

“Lo único que le impedía jugar fútbol en la universidad era su tamaño”, dijo Monica. “Probablemente medía 5 pies 10 pulgadas y pesaba 180 libras, pero su corazón era tan grande como alguien de 6 pies 5 pulgadas con un peso de 300 libras”.

Era también un bromista incansable, autor de la mejor broma que Monica recuerde.

En el último partido de su carrera como jugador en la escuela secundaria, con su equipo perdiendo y en los últimos segundos, Sullivan corrió detrás del jugador de mayor tamaño del equipo contrario, lo tomó por la espalda cuando la pelota no estaba en juego, lo cargó en brazos e intentó lanzarlo por encima del hombro.

Cuando el árbitro, enojado, le mostró una bandera de castigo y gritó, ‘Estás fuera’, Sullivan sacó de sus pantalones su propia bandera y gritó, “No, juez, usted está fuera”.

Cuando Monica entró a la cancha, todos estaban riendo, incluyendo los jugadores del equipo contrario y los jueces.

“Le pregunté, ‘¿Jugaste todo el partido con una bandera en los pantalones?’, recordó Monica. “Él dijo, ‘Sí, me incomodaba, pero tenía que esperar el momento perfecto para hacer la broma’.”

Después de la preparatoria, Sullivan comenzó artes marciales, con la esperanza de algún día seguir ese camino. Después de varios combates exitosos como amateur se había convertido en profesional y ganó su primer combate, aunque nunca se jactó de ello.

“No se lo dice a nadie porque no quiere que las personas se sientan intimidadas”, dijo Baltimore.

Su último sueño, aseguran los amigos y la familia, era comprar una linda casa para su familia y abrir un gimnasio donde él y todos sus amigos pudieran hacer ejercicio.

“Cuida mucho a su madre y hermanos y hermanas”, dijo su vecina Michelle Mueller, que vive en la casa de al lado en una manzana con mucha vegetación y viviendas modestas en un pequeño rincón de la ciudad al pie de las montañas.

Baltimore dice que Sullivan presionó a la familia a mudarse a esa casa, para alejar a sus hermanos de las pandillas.

Como hermano mayor, su deseo de ayudar a su madre sola y a sus cuatro hermanos fue lo que lo llevó a renunciar a la universidad para ingresar en el ejército.

“Se había inscrito para ir a la universidad, y llegó de la escuela un día y dijo ‘Mamá, me inscribí para el ejército'”, recuerda Brandon Sullivan. “Fue una sorpresa muy grande para todos nosotros”.

Los amigos y la familia dicen que Sullivan no se considera un héroe debido a sus lesiones de guerra y que no le gusta hablar sobre lo que sucedió cuando lo destinaron a Afganistán en diciembre del año pasado.

Ahora, su entrenador ruega para que se salve nuevamente.

“Todos están rogando”, dijo Monica en voz baja.

SAN BERNARDINO, Calif. (AP) ” Christopher Sullivan’s family and friends figured the soldier had already been through one of the most difficult challenges he could face when he survived a suicide bomb attack in Afghanistan last year.

Now, the 22-year-old Army specialist is facing an even greater one. He lies in a Southern California hospital bed, paralyzed from the neck down, after he was shot trying to break up a fight at his welcome home party last week.

Friends of the soldier say it was a miracle he survived the suicide bombing that killed six of his fellow soldiers. Sullivan, who tried to save his comrades, was left with broken bones and a brain injury that took months to heal.

This week, they are praying for another miracle, one that will let him walk again, as they try to understand how someone who came so close to dying may now have to live the rest of his life paralyzed.

“He’s on a mission. He comes back. And then …” said his high school football coach, Dominic Monica, his voice trailing off as it thickened with emotion and began to crack.

Sullivan, who received a Purple Heart, figured he could once again be crazy Chris, the fun-loving, prank-pulling guy who was looking forward to getting together for a party at a friend’s house, just as he had done the year before.

It was approaching midnight on Dec. 23 when, according to Sullivan’s family, an argument broke out among some party-goers over the merits of various NFL football teams.

When punches began to be thrown, Sullivan, always the peacemaker, according to friends, stepped in to break it up. He was shot twice, one of the bullets ripping through his spine.

The shooter fled before police arrived. Ruben Ray Jurado, 19, surrendered to authorities three days later. On Thursday, he pleaded not guilty to attempted murder and is jailed on $1 million bail.

Shortly after he surrendered, Jurado’s lawyer, Michael J. Holmes, said his client was being beaten and kicked by party-goers and was defending himself when Sullivan was shot.

The soldier’s family and friends emphatically dispute that account.

“If Chris was in any way wrong, why did the guy run?” asked Peter Baltimore, one of Sullivan’s closest friends. “Why didn’t he wait until the cops got there and tell them his side of the story?”

And, he asked, why did Jurado, who once played football with Sullivan but was not a close friend, have a loaded gun?

“Any real friend of Chris would not have brought a gun to a party,” Baltimore said, stopping to rest his head in his hands and compose himself as he sat on a friend’s living room couch.

Sullivan remains hospitalized in critical condition. With a tube assisting his breathing, he’s only able to answer yes or no questions from family and friends by blinking his eyes.

He has shown signs of improvement, according to his 20-year-old brother, Brandon. When his mother recently told him one of his nurses was exceptionally pretty, he smiled and moved his eyes to check her out.

When he is strong enough, his brother said, he will undergo surgery.

After that, doctors have told the family they’ll have a better idea of his prospects for long-term recovery. For now, they say it appears he will remain paralyzed from the neck down.

It’s hard for friends to grasp that because no one they knew embraced life more than Sullivan.

He excelled at wrestling and football at San Bernardino High School in this gritty, working-class city of 210,000 that generally goes unnoticed by people passing through on their way to Las Vegas or mountain resort towns.

“The one thing that kept him away from playing college ball was his size,” Monica said. “He was probably 5-feet-10 and 180 pounds, but his heart was as big as a 6-foot-5, 300-pounder.”

A relentless prankster, he also pulled the greatest practical joke Monica can remember.

In the last game of his high school career, his team losing, the clock running out, Sullivan sought out the biggest guy on the opposing team, tackled him after the ball was dead, picked him up and attempted to toss him over his shoulder.

When the angry referee threw a penalty flag at him and shouted, ‘You’re out of here,” Sullivan pulled his own penalty flag out of his pants and shouted, “No, ref, you’re out of here.”

By the time Monica got to the field, everyone from the opposing team’s players to the referees was laughing.

“I said, ‘You played the whole game with a penalty flag in your pants?’,” Monica recalled. “He said, ‘Yeah, it was bothering me, but I had to wait for the perfect time to throw it.'”

After high school, Sullivan got into mixed martial arts, hoping he might someday make that a career. After several successful amateur bouts he had turned pro and won his first fight, although he never bragged about it.

“He doesn’t tell people because he doesn’t want people to be intimidated by him,” Baltimore said.

His ultimate dream, friends and family say, was to someday buy a nice home for his family and open a gym where he and all his friends could work out.

“He takes great care of his mother and his brothers and sisters,” said neighbor Michelle Mueller, who lives next door on a leafy block of modest homes that is tucked into a corner of town just below the foothills.

It’s a house Baltimore said Sullivan pressed the family to move to, to get his siblings away from street gangs.

As the family’s oldest son, it was Sullivan’s desire to provide for his single mother and four siblings that prompted him to forgo college for the Army.

“He was signed up to go to college, and he comes home right after school one day and goes, ‘Mom, I signed up for the Army instead,'” Brandon Sullivan recalls. “It was a shocker to all of us.”

Friends and family say Sullivan doesn’t see himself as any kind of hero because of his war injuries and doesn’t like to talk about what happened when he was stationed in Afghanistan last December.

Now, his coach is praying that he will be saved again.

“Everybody is,” Monica said quietly.