La doble responsabilidad de la ‘generación sándwich’

Al mismo tiempo que padres cuidan a los hijos, se hacen cargo de sus progenitores

La doble responsabilidad de la ‘generación sándwich’
Evelyn Volk (izq.) está pendiente todo el tiempo de su madre María Koenig y de su hija Sofía en su casa de Woodland Hills.
Foto: AP

El sol recién había salido cuando Evelyn Volk, apenas despierta y con el cepillo de dientes en la mano, puso un montón de prendas en la lavadora, el primero de varios lavados en el día. Miró rápidamente el reloj en la pared, 10 minutos adelantado a propósito. Hora de sacudir a sus dos hijos adolescentes para sacarlos de la cama y de atender a su madre anciana, que sufre de demencia.

La noche anterior, Volk garabateó una lista de tareas -hacer ejercicio, limpiar, ir al supermercado, diligencias personales- sabiendo muy bien que las demandas de sus hijos y de su madre harían que fuera casi imposible cumplir el plan. Sin embargo, no decae en su esfuerzo.

“En un buen día, me siento como la Mujer Maravilla”, dijo una mañana hace poco tiempo.

Esas responsabilidades familiares hacen que Volk pertenezca a la categoría de la “generación sándwich”, presionada entre los roles de dar apoyo a sus padres ancianos al mismo tiempo que cría a sus hijos.

Unos 66 millones de estadounidenses cuidan de uno de sus padres, un cónyuge, un familiar u otro ser querido. Aproximadamente un tercio también está criando hijos, según la organización sin fines de lucro Alianza Nacional para Cuidados Personales.

En una época en que las mujeres tienen hijos más tarde y las personas mayores viven más, expertos en envejecimiento y familia dicen que más personas pueden quedar atrapadas en una doble tarea de cuidar a seres queridos.

“Se trata de un tema que no va a desaparecer”, dijo Sandra Timmermann, directora ejecutiva de MetLife Mature Market Institute, que realiza investigaciones sobre envejecimiento.

Brindar apoyo a un ser querido, particularmente a alguien con una enfermedad en la que se pierden facultades mentales como Alzheimer u otro tipo de demencia, puede ser estresante. Quienes cuidan a seres queridos con frecuencia tienen que ayudar a sus padres, que alguna vez fueron independientes y atentos, a comer, bañarse y manejar acontecimientos inesperados como una lesión por una caída. Agregar las tareas relacionadas con la crianza de los hijos puede ser abrumador.

“Están siendo tironeados en dos direcciones diferentes”, dijo Timmermann. “Los cuidados se multiplican por dos”.

El tironeo constante lleva con frecuencia a sentimientos de ineptitud.

“Se esfuerzan por encontrar un equilibrio”, dijo Gail Hunt, que preside la alianza para cuidados personales. “Se sienten culpables por no hacer lo suficiente, sin importar cuánto hacen”.

Peter Rogerson, que estudia cambios de población en la Universidad de Buffalo, dijo que algunas personas que brindan cuidados en esa situación de “sándwich” pueden descubrir que forman parte de la generación “tironeada”, que sigue cuidando a sus padres incluso cuando sus hijos dejan el hogar.

Debido a que los baby boomers tuvieron menos hijos que sus padres, la siguiente generación puede sentirse más sobrecargada con menos hermanos para compartir las tareas, dijo Rogerson.

En un día normal, Volk, de 52 años, corre para dejar a sus hijos en la escuela antes de que suene la campana de entrada y luego deja lista a su madre María, de 84 años. Cuatro veces por semana, su madre asiste a un centro de cuidados diurnos para adultos cerca de su casa en San Fernando Valley. El lunes generalmente es el día más complicado, porque la madre se queda en casa y Volk desempeña el rol de mamá.

La mañana de Volk estaba transcurriendo sin dificultades hasta que volvió a la casa y descubrió que su madre, que sufre de incontinencia, había tenido un accidente. La bañó enseguida y limpió lo que se había ensuciado. Cada vez que sucede, Volks siente algo de tristeza. Su madre, nacida en la República Dominicana, solía ser una mujer fuerte e independiente. Después de sufrir una serie de pequeños accidentes cerebrovasculares, nunca volvió a ser la misma.

Cuando su madre comenzó a mostrar señales de demencia y paranoia hace una década, Volk decidió que se fuera a vivir con su esposo editor cinematográfico, sus hijos, dos gatos, el perro y un perico. La madre solía ayudar en la casa, cocinando para la familia, aunque cada vez se olvidaba más de las cosas. Cuando su salud empeoró, dejó de cocinar y olvidó cómo hacer cosas sencillas, por ejemplo abrir la ducha o encender la lavadora y la secadora. A veces no reconocía su propia casa.

La carga recayó en Volk, que sintió el tironeo entre cuidar de su madre y atender a sus hijos. Volk todavía se siente culpable por no haber sido una mamá que participó en la Little League. No había tiempo para eso cuando sus hijos eran pequeños. El verano pasado tuvo que dar una mala noticia a su familia: no podrían ir a acampar porque la abuela no podía quedarse sola.

Algunos días son tan frenéticos que Volk colapsa en la mitad de la jornada. En algunas mañanas, Volk no quiere salir de la cama cuando piensa en el día que le espera. A veces le resulta difícil concentrarse porque tiene que dedicarse a tantas tareas a la vez..

“Todo exige tanto de mí. No me gustan esos días”, dijo.

El fin de semana antes del accidente de su madre, Volk se tomó un tiempo para conectarse con otras personas que cuidan a seres queridos y que se reunieron en la Catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles. Era un día libre nada común para Volk y las demás personas. El grupo dedicó un momento de silencio de 10 segundos a quienes no habían podido abandonar sus responsabilidades.

“No queremos que nadie se sienta solo”, dijo Shawn Herz, del Centro de Recursos para Personas que Cuidan Seres Queridos en Los Ángeles, que organizó la reunión.

Volk conversó con varias personas de la generación sándwich que hacían ejercicio para eliminar el estrés. Entre la danza del Twist y los movimientos con la música de Rock Around the Clock y del Hokey Pokey intercambiaron anécdotas de sus hijos y sugerencias para manejar situaciones difíciles.

Aunque Volk es la principal encargada de cuidar a su madre, hace poco comenzó a dar pequeñas tareas a su hijo de 15 años y su hija de 13. Mientras lleva a su hija a clases de actuación los jueves por la noche noche, su hijo da de comer a la abuela y la ayuda a quitarse la dentadura postiza. Cuando Volk está ocupada, su hija la reemplaza.

La familia pasó el fin de semana de Acción de Gracias en la casa de vacaciones de la familia de su esposo en Lake Arrowhead, un centro turístico en la montaña al este de Los Ángeles. Volk dejó a su madre en la casa de su hermano durante algunos días. Aprovechó para dormir y dedicar tiempo a la familia, a ir de excursión y hacer compras.

Luego tuvo que volver a la realidad. Para algunas personas, cuidar a un ser querido es una tarea durante un tiempo limitado. Para otras, como Volk, se trata de un deber mientras su madre esté viva y sus hijos estén en casa.

“Es lo que me tocó en la vida”, dijo. “A veces me pregunto, ¿cuánto durará?”.