Contrabando aéreo pone en jaque al gobierno

Desde tierra, la avioneta que volaba a poca velocidad por el cielo gris de Los Ángeles parecía inofensiva, hasta que la interceptaron dos aviones de combate. Difícilmente se habría detectado que transportaba marihuana si no fuera por la zona de exclusión aérea que, por la visita del presidente Obama, ignoró el piloto.

Contrabando aéreo pone en jaque al gobierno
Este tipo de aviones ligeros han sido utlizados para transportar mercancía ilegal a través de la frontera.
Foto: EFE

Desde tierra, la avioneta que volaba a poca velocidad por el cielo gris de Los Ángeles parecía inofensiva, hasta que la interceptaron dos aviones de combate. Difícilmente se habría detectado que transportaba marihuana si no fuera por la zona de exclusión aérea que, por la visita del presidente Obama, ignoró el piloto.

Aquella mañana la pequeña nave que despegó de un aeropuerto del Centro de California tuvo la mala fortuna de violar el perimettro de diez millas que protege al helicóptero que transporta al mandatario y fue obligada por dos aviones F-16 a aterrizar en una pista del aeropuerto de Long Beach.

La suerte, sin embargo, no siempre está del lado de las autoridades. Sin importar su tamaño, ni los potentes radares, descubrir a una avioneta que es utilizada para el contrabando de narcóticos es casi tan complicado como encontrar una aguja en un pajar.

Pocos aeropuertos considerados “de alivio” o de aviación general, de los más de 150 que existen en el estado de California, tienen medidas de seguridad tan estrictas como las implementadas por el gobierno federal en las terminales de Ontario o Los Ángeles.

Si se suman las 228,000 aeronaves registradas y que están distribuidas en los 4,000 aeropuertos que existen alrededor del país, la tarea se complica todavía más.

Tanta es la fragilidad en estos sitios, que en 2011, a pocos días del décimo aniversario de los atentados terroristas en Nueva York, la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y el Departamento de Seguridad Interna (DHS) alertaron que los grupos extremistas podían alquilar aviones privados, cargarlos con explosivos y estrellarlos en objetivos específicos.

Nunca se concretó tal sospecha, pero quedó el temor en el aire.

“Somos conscientes que el uso de avionetas es un método de tráfico de drogas, pero cuando hay muchos aviones privados y aeropuertos pequeños no es fácil saber si alguien transporta una pequeña cantidad de marihuana”, dijo Jeffrey Scott, vocero de la Agencia de Combate al Nacortráfico (DEA).

El piloto detenido en Long Beach, contra quien pesan cargos por posesión, transporte e intento de vender marihuana, llevaba unas 40 libras de la hierba, según reportó la prensa (las autoridades no lo han confirmado), aunque se han detectado cargamentos diez veces más grandes, indicó Scott.

Dos residentes de la ciudad de Hemet, en el condado de Riverside, trasladaban 114 libras de cocaína de California a Ohio, una distancia de más de 2,200 millas, casi de costa a costa, en una avioneta tipo Cessna, cuando fueron detenidos por agentes migratorios mientras hacían escala en Kansas.

A mediados de abril de 2010, el piloto Dean Moya, de 40 años, y su pasajero, Richard Vickery, de 31, fueron condenados a cinco y seis años de prisión, respectivamente.

No es el único dolor de cabeza que enfrenta el gobierno de Estados Unidos en su espacio aéreo. Lejos de conformarse con el uso de catapultas, túneles, embarcaciones y autos para cruzar droga hacia este lado de la frontera, los carteles mexicanos ahora están recurriendo cada vez más a los aviones ultraligeros.

Se trata de aeronaves muy pequeñas y hechas de aluminio y fibra de carbón, que despegan de lugares clandestinos en México, cruzan la frontera a muy baja altura (tanto como 500 pies, con lo cual se confunden con camiones) para no ser detectadas por los radares, aterrizan en el lado estadounidense, descargan la droga a toda prisa y regresan de inmediato a territorio mexicano.

Antes de que las autoridades se enteren, los cargamentos, que no rebasan un peso de 250 libras por el tamaño de los ultraligeros y suelen ser de marihuana, son recogidos por narcotraficantes en tierra.

Del 1 de octubre de 2009 al 30 de septiembre de 2011 se han registrado casi 450 incursiones de este tipo de naves en la frontera suroeste del país, informó la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) a La Opinión.

“Los criminales ahora están tratando de utilizar cada vez más, nuevas maneras de traficar en la frontera que los métodos tradicionales”, comentó Ralph DeSio, vocero de CBP en los condados de San Diego e Imperial.

“Ciertamente el tamaño de estos aviones hace muy difícil detectarlos en los radares y se han convertido en un reto”, dijo el portavoz, quien precisó que la región de California donde se han reportado más incursiones es El Centro, aunque ya han empezado a notar un creciente número de incidentes en el condado de San Diego.

No son las zonas más críticas del país. Un reporte del Departamento de Justicia (DOJ) expone que la mayoría de las incursiones en 2011 ocurrieron en Arizona y en el oeste de Nuevo México. “Los traficantes utilizan los ultraligeros debido a que son relativamente baratos y portátiles y son capaces de viajar a una velocidad de hasta 70 millas por hora”, cita el documento.

Hace poco, el presidente Obama firmó una ley de la excongresista de Arizona, Gabrielle Giffords, que aumentó las penalidades para quienes usan los ultraligeros en el transporte de narcóticos. Sus pilotos recibían penalidades débiles porque éstos no eran considerados como aeronaves por la ley federal.

De hecho, los narcotraficantes han tenido que adaptarles canastas bajo los asientos para poder trasladar la droga hacia Estados Unidos.”Básicamente son asientos con motores incluídos, por tanto es muy peligroso para ellos [los pilotos] participar en esta actividad”, dijo Scott.

Y vaya que lo ha sido. Un piloto murió luego de estrellarse en un campo de lechuga en Arizona y otro quedó paralítico después de cortar cables de electricidad y estrellarse en el mismo estado.