Votar sin discriminación

La ley de Texas, exigiendo una identificación con fotografía para votar, es una solución a un problema que no existe. En realidad, esta es una acción destinada a excluir a más de medio millón de votantes latinos.

Por eso el Departamento de Justicia rechazó correctamente la implementación de la ley. Los malos antecedentes de Texas en cuanto a discriminación obligan por estatuto al estado a obtener el visto bueno federal a los cambios que realice en la ley electoral.

Esta ley bloqueada es el mejor ejemplo de porqué sigue siendo necesaria la supervisión del Departamento de Justicia.

El caso de Texas no es único en su entusiasmo por exigir identificación para votar. En la actualidad hay 31 estados que exigen algún tipo de identificación, aunque esta clase de ley ya es una causa entre las mayorías legislativas republicanas de varios estados.

Los tribunales confirmaron en el pasado el interés legítimo de un estado de impedir el fraude electoral, tal como lo argumentan estos estados. Lo insólito es que resulta prácticamente inexistente el problema del votante no autorizado que suplanta en las urnas a uno debidamente registrado. Si hay fraude, es de otro tipo.

Tampoco ha faltado el acérrimo crítico de la inmigración ilegal, que delira creyendo que los indocumentados pueden hacerse pasar por votantes para corromper la democracia.

Lo cierto es que está comprobado que este estas leyes dificultan la participación electoral de las minorías étnicas y raciales, además de los jóvenes entre otros grupos. Este es un electorado que suele votar demócrata.

De esta manera, la leyes de esta clase, aprobadas por legislaturas republicanas, tiene el deliberado fin desalentar y excluir el voto que sería para los demócratas.

El Departamento de Justicia estimó que puede haber hasta 795,955 votantes registrados en Texas -la mayoría latinos- que no tienen una identificación personal. La Constitución dice que ellos tienen el derecho de votar, sin que se les impongan condiciones artificiales.