Hay salvación para los neuróticos Hay salvación para los neuróticos

Grupo ayuda a las personas que luchan contra emociones negativas
Hay salvación para los    neuróticos Hay salvación para los neuróticos
Uno de los asistentes a Neuróticos Anónimos, sistema que sigue el patrón de 12 pasos de Alcohólicos Anónimos.
Foto: J.Emilio Flores / La Opinión

Diez años duró el calvario de la esposa de “Octavio Alejandro”. Un día, no hace mucho, él le escupió la cara, la golpeó y la arrastró de los cabellos por todo su apartamento. La humilló por enésima vez movido por la furia, ese demonio que se niega a salir de su alma.

“La ira es cab…, no te deja”, comenta este hombre que desde hace unas semanas encontró en un centro de Neuróticos Anónimos (NA) la paz interior que había buscado por años.

Al revisar su vida, atribuye tanto coraje a los abusos que recibió de niño, al carácter estricto de su padre. Todos esos traumas que trajo de México repercutieron aquí en sus hijos y en su esposa, quien, en defensa propia, también se volvió violenta.

“Yo la hice así, mi enfermedad la hizo así”, reconoce “Octavio Alejandro”, quien ahora sueña con el día en que sus hijos lo consideren el mejor padre del mundo. “No les he dado un día de felicidad”.

Para las personas que luchan contra emociones negativas (ansiedad, miedo, soledad, celos, depresión o tendencias suicidas), los grupos de Neuróticos Anónimos, que se basan en el programa de recuperación de Alcohólicos Anónimos (AA), han sido la tabla de salvación.

Fundada en Washington D.C. hace 48 años, la organización tiene 76 centros que ofrecen ayuda a la comunidad hispana en nueve estados del país, de los cuales la mitad están en el Sur de California. El condado de Los Ángeles, con 16 grupos, es la jurisdicción donde NA tiene mayor presencia.

“Yo misma no me puedo ayudar. Por eso vengo, para contener mis emociones”, dice una mujer que por primera vez acudía a un centro ubicado en el vecindario angelino de Westlake, que desde hace casi 32 años ha sido el diván donde muchos migrantes han descargado sus problemas.

Todos los días, en un ambiente de camaradería, muchos “locos”, como ellos se autonombran, se congregan para hablar sobre sus aflicciones y escuchar las de otros. Suelen expresar lo que han hecho en las últimas 24 horas, porque, de acuerdo a su filosofía, viven “un día a la vez”.

“Son grupos muy efectivos porque las personas que se sienten mal emocionalmente reciben ayuda de otras que están en situaciones similares”, comentó la psicóloga clínica Regina Mendoza.

“Esto ayuda a que la persona no se sienta tan sola en su situación”, explica.

En medio de los testimonios de NA en Westlake se escucha que una persona grita “puente”; luego otra interviene y más tarde lo hace alguien más. Para ellos, la palabra significa que se identifican con lo dicho.

“En este programa te ayudan a entender tus defectos y te dicen que no eres culpable, sino que tienes una enfermedad”, indica uno de los miembros más experimentados del centro.

El grupo afirma que su programa de rehabilitación ha sido aprobado por especialistas, pero son sus miembros los que guían las reuniones. Su método se fundamenta en escucharse mutuamente, aunque, al final, cada quien debe trabajar sus propios “doce pasos”, un sistema de estabilidad emocional que inicia con la aceptación del problema, continúa con un inventario moral y la reparación de “daños”, y concluye con la práctica y tender la mano a los que pasan por una situación similar.

“El ver que la gente se recupera nos demuestra que estos grupos de apoyo funcionan bien”, subraya la psicóloga Mendoza.

Pocos conocen los apellidos de sus compañeros: el anonimato es su base espiritual, su escudo protector. “Lo que aquí se dice, aquí se queda”, establece una de sus normas.

En el pequeño salón de Westlake todas las noches se exponen problemas familiares, traumas de la infancia y debilidades, pero también palabras de aliento. “Dios concédeme serenidad”, reza un cartel que se lee al final de cada sesión. Porque es sosiego, dicen, lo que necesitan los enfermos del alma.