Otro capítulo de novela Clemens

Que Brian McNamee guardó desechos de los esteroides y HGH por protección

Otro capítulo de novela Clemens
Brian McNamee sale ayer muy meditabundo ayer del tribunal federal.
Foto: AP

WASHINGTON, D.C. (AP).- Brian McNamee testificó ayer que guardó desperdicios médicos tras inyectar a Roger Clemens con sustancias para mejorar el rendimiento porque su esposa se quejó de que el preparador físico sería el chivo expiatorio si sucedía algo.

McNamee indicó en el juicio contra Clemens que le contó a su esposa que había inyectado esteroides y hormona de crecimiento humano al estelar pitcher. Según McNamee, la mujer le dijo que si algo salía mal “tú cargarás con la culpa”.

Por mucho tiempo preparador físico de Clemens, McNamee se presentó por segundo día en el proceso por perjurio en un testimonio que en total llegó a casi 10 horas, incluyendo los primeros y breves momentos de lo que se avecina será un extenuante careo que continuará hoy.

La amplia exposición fue similar a las declaraciones anteriores de McNamee: dijo que le inyectó a Clemens esteroides y la hormona de crecimiento humano en 2000 y esteroides en 2001, además de que le entregó a la esposa del expelotero, Debbie Clemens, una inyección de esa hormona en 2003.

Eso fue adicional al testimonio que presentó el lunes, cuando habló de una serie de inyecciones de esteroides que, afirmó, le dio a Clemens en la temporada del año 1998, cuando estaba al servicio de los Azulejos de Toronto.

Incluso hasta describió sus problemas maritales, problemas económicos y los apuros legales que surgieron cuando se vio involucrado en una investigación federal sobre sustancias prohibidas en los deportes en la que se convirtió en un testigo reacio, pero cooperativo, contra uno de los peloteros más exitosos de todos los tiempos en las Grandes Ligas.

“Eso me destruyó. Me mató. Me puse en una situación en la que tuve que hacer esto. Tenía que decir la verdad”, dijo.

No obstante, hubo algunos detalles nuevos y fascinantes en la audiencia de ayer, sobre todo al escucharlos resonar en la sala del tribunal mientras Clemens se encontraba a corta distancia de McNamee.