Ecos del debate

Uno de los aspectos que más llamó la atención del pasado debate entre los candidatos a la presidencia de México fue que Josefina Vázquez Mota presentara una faceta que no le conocíamos, la de mujer aguerrida, dispuesta a criticar sin piedad a cada uno de sus tres contendientes.

A Peña Nieto le cuestionó que le hubiese dedicado su tesis al exgobernador Arturo Montiel, acusado de enriquecimiento ilícito y le recriminó también que cuando fue a la Ibero se hubiera refugiado en el baño para evitar las manifestaciones de repudio de los estudiantes. A López Obrador lo presentó como un priista más y le recordó que en su juventud perteneció al tricolor que ahora tanto aborrece, mientras que a Quadri lo descalificó por pertenecer a un partido manejado por una de las figuras más odiadas del país, la profesora Elba Esther Gordillo.

La estrategia, obviamente, le ganó ciertas simpatías porque le puso un poco de sal y pimienta a un debate que en su mayor parte no resultó más que una exposición aburrida de todo lo que ya sabemos que proponen los candidatos. No hubo, como se había esperado, un intercambio fuerte de ataques, sobre todo entre los que, según las encuestas previas al debate, están como punteros, López Obrador y Enrique Peña Nieto.

De este último era de esperarse que, en lugar de atacar, prefiriera la estrategia de mostrarse propositivo y presidencial, sin perder la compostura ni salirse del guión. Pero quien realmente sorprendió por no irse a la yugular contra Peña Nieto fue El Peje. Al igual que su rival priista, el candidato del partido del sol azteca se mostró sereno, conciliador y seguro de que será, ahora sí, el próximo ocupante de Los Pinos. Las encuestas, dijo, así lo confirman.

Hasta antes del debate la mayoría de los sondeos le daban al priista, en promedio, una ventaja de 15 puntos por encima de AMLO. Para muchos esta brecha es inexplicable dadas las numerosas manifestaciones de rechazo contra el PRI que han protagonizado los jóvenes en todo el país durante las últimas semanas.

Esta situación, sin embargo, ha dado un giro inesperado en los últimos días. El pasado martes, la encuestadora Berumen y Asociados dio a conocer un sondeo en el que se indica que AMLO está solo cuatro puntos abajo del priista. Según la encuesta, Peña Nieto tiene 35.9% de la intención de voto, mientras que López Obrador cuenta con el 31.8% y la panista Vázquez Mota, alcanza sólo un 20.7%.

En este escenario lo que se anticipa es, obviamente, una competencia muy cerrada entre Peña Nieto y AMLO. El temor es, de nuevo, que no vaya a darse la sospecha de un fraude electoral y que el país, en lugar de resolver sus profundos problemas, los agrave. El IFE tiene ahora la gran responsabilidad de no fallar y aplicar todos los mecanismos de los que dispone para asegurar que el 1 de julio México pueda llevar a cabo una elección clara y transparente.