Una historia de Pedro

Una biografía (no autorizada) del apóstol Pedro

Ya que junio acaba de deshojar la última margarita de sus 30 días, intentemos la biografía de San Pedro cuyo día clásico celebramos el 29.

Como Jesús quería estar rodeado de gente libre de estrés optó por pescadores para armar la banda de los doce.

Pedro fue el primer llamado. Al principio, solo le dictaba la pesca. Pero terminó enviándoles cartas sofisticadas a sus feligreses de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia. Inclusive escribió una bella carta que suelen utilizar poquísimos novios a la hora de contraer matrimonio.

Pedro era durito de cerviz para aprender. Pero pescando rápido no se nota. Tal vez lo escogió Jesús porque era una caja de música, extrovertido. Un encanto de hombre. Tocaba el arpa en las fiestas.

Cuando Jesús andaba de picnic por el lago de Galilea vio a Pedro y a Andrés, su hermano. De una los pescó a los dos. “Yo os haré pescadores de hombres”, les notificó.

Pedro, nacido en Betsaida -aunque se la pasaba en Cafarnaún-, era casado. Nadie supo si era buen marido o no. Parece que le iba mejor con la suegra. Le demostró su afecto cuando a ella se le subió la fiebre. Casi revienta el termómetro de arena. Pedro llamó a Jesús y sanseacabó.

Bien por Jesús que se gastaba una exquisita ironía: inició la revolución femenina curando a la suegra de Pedro.

Al principio, Pedro se llamaba Simón. Jesús lo rebautizó Pedro que quiere decir piedra. Menos mal todavía no se habían inventado los sicólogos: no habrían aceptado el cambio de nombre por los traumas que ocasiona.

También era adivino. Según Mateo (16,16) una vez Jesús les preguntó a quemarropa quién creía que era él. Pedro respondió: “Tú eres el Mesías y el hijo de Dios vivo”. Así se lo metió al bolsillo de por vida.

Los amigotes de Jesús eran tres: Pedro, Santiago y Juan. “Los demás eran los demás”, como en la canción de Lavoe. La primera vez que lo acompañaron en exclusiva fue con motivo de la curación de la hija del jefe de la sinagoga. ¡A Jesús siempre lo persiguió el eterno femenino! Hasta le inventaron delicioso chisme con la Magdalena.

¿Y ante quién se transfiguró Jesús sino ante ellos tres? El terceto volvió a tener el privilegio de estar con el Maestro en la agonía de Getsemaní. Ese día, el Galileo tenía la moral a la altura del betún. De ñapa, los tres se le durmieron. Los despertó para darles el notición: Judas, el que regó el vino, lo entregaría. Les pidió compañía.

Cuando prendieron a Jesús, “uno” sacó la espada y cortó oreja en Getsemaní, sin oír ningún aviso, como en los toros. Juan asegura que fue Pedro. Si lo dice Juan, “Garganta profunda” de Jesús, pónganle la firma.

Una vez prendido Jesús, Pedro lo siguió de lejitos, caminando raro, como los cojos, para que no lo identificaran. Pero una criada lo hizo quedar como un zapato. Pedro negó tres veces a su Maestro. A la tercera negativa, el gallo cantó por segunda vez. Jesús se lo había anticipado. El gallo sería sacrificado después en un tremendo sancocho “trifásico” (de tres carnes).

Siempre me llamó la atención el Pedro francote, echado pa’ delante, campechano, con falso alzhéimer. Le hacía siesta a un atardecer. Al final salió adelante y ahí tiene a la Iglesia marchando de la mano de Benedicto XVI.