¿Sabes cómo te roban la identidad?

El robo de identidad es un delito que sucede a diario y cualquiera de nosotros puede
¿Sabes cómo te roban la identidad?
Uno de los errores es tener el dinero en cuentas de ahorro a poco interés mientras se pagan deudas al 15%.
Foto: Archivo / La Opinión

El robo de identidad es un delito que sucede a diario y cualquiera de nosotros puede ser víctima de él. Pero, ¿qué es exactamente el robo de identidad?

Se le llama así al delito que ocurre cuando alguien roba tu información personal con el propósito de apoderarse de tus cuentas de crédito, abrir nuevas cuentas, obtener un préstamo, alquilar un apartamento, tener acceso a tus cuentas bancarias o cometer otros delitos usando tu identidad personal.

Cuando eso sucede, las consecuencias pueden ser devastadoras. Peor aun, debido a que por lo general no involucra robo físico, puede que las víctimas del robo de identidad no lo noten hasta que el daño hecho sea significativo -a menudo, varios meses y miles de dólares después-.

¿Cómo roban y usan los ladrones tu información personal? Lo hacen de diversas maneras bastante ingeniosas, por métodos que no están relacionados al robo de información en el internet, sino que son puro robo a la antigua:

Trasteando en tu correo o tu basura en busca de estados de cuenta del banco o de las tarjetas de crédito, ofertas de crédito preaprobadas e información sobre impuestos.

Robándote de tu billetera o bolso tu información personal, como tarjetas de identificación, crédito o del banco.

Llenando planillas de cambio de dirección para dirigir tu correspondencia a otro sitio.

Haciéndose pasar por tu casero o alguna otra persona que tiene derecho legal a esa información para apropiarse de tu informe de crédito.

Adquiriendo información personal que compartes en sitios no seguros de Internet.

Comprándole a una fuente con información datos personales sobre ti -por ejemplo, un empleado de una tienda que obtiene tu información de una solicitud de tarjeta de crédito, o echándole una ojeada a la información en tu tarjeta de crédito cuando realizas una compra-.

Obteniendo tus expedientes personales de tu empleo.

Luego pueden usar tu información personal al abrir nuevas cuentas de tarjetas de crédito usando tu nombre, fecha de nacimiento y número de Seguro Social. Cuando esos delincuentes usan las tarjetas de crédito y no pagan las facturas, el delito se refleja en tu informe de crédito. Además, establecen servicios de teléfono o celular, o abren una cuenta de banco a tu nombre, y firman cheques sin fondo en esa cuenta.

No es extraño que falsifiquen cheques o tarjetas de crédito (y saquen de paso todo el dinero de tu cuenta bancaria), que compren autos mediante préstamos que piden a nombre tuyo, o que llamen a la compañía de tu tarjeta de crédito y -haciéndose pasar por ti- cambien la dirección de la cuenta. Las facturas son enviadas a la nueva dirección, de modo que no te des cuenta del problema hasta que revises tu informe de crédito. Y una de las cosas peores que pueden hacer y que puede arruinar tu crédito durante años: declararse en bancarrota a tu nombre para evitar pagar las deudas en que han incurrido usando tu identidad.

(Agradecemos al buró de crédito Equifax parte del material usado para este artículo. Equifax es el único buró de crédito nacional que ofrece sus informes en español, además de material de información y orientación en nuestro idioma para la comunidad hispana).

La socióloga del dinero

Algunas de nuestras emociones y experiencias pueden retorcer nuestras decisiones y llevarnos por el mal camino financiero.

Para evitarlo, es necesario comprender la sicología que produce algunos de los errores más generalizados que cometemos con relación al dinero.

Por ejemplo, los propietarios de viviendas pagan altas primas en seguros de casas, pero solo el 7% de ellos hace reclamaciones a sus aseguradoras. Y una inmensa mayoría de ciudadanos prefiere tener su dinero en cuentas de ahorros donde ganan un mínimo de interés.

Efectivamente, hasta los que más parecen saber sobre asuntos del bolsillo caen en trampas que, según los economistas del comportamiento, pueden explicarse a través de la sicología. Y crear conciencia sobre los errores que cometemos con nuestro dinero nos ayudará a no repetirlos y salir hacia adelante con nuestras finanzas en buen estado. Estas son algunas de esas equivocaciones más comunes:

Un error típico es guardar el dinero en una cuenta de ahorro al 3% de interés mientras se mantiene un saldo alto en una o más tarjetas de crédito a las que hay que pagar el 15%, o preferir no comprar un auto nuevo para ahorrarse la letra mensual pero pagar facturas estratosféricas al mecánico para mantener un auto super viejo. Esos son errores de “contabilidad mental”. Los números se hacen en la cabeza, no en papel, donde la realidad podría hacernos cambiar de comportamiento.

Hay quienes prefieren tener mucho dinero en una cuenta de money market -donde se gana poco interés, pero se disfruta de total seguridad- en vez de arriesgar un poco más en acciones. Y por ejemplo, evitamos a toda costa los cuatro dólares de diferencia en el precio de dos productos similares, pero evitamos el producto que quizá cuesta más, tiene mayor calidad y trae un cupón de descuento de cuatro dólares – todo porque este descuento requiere llenar un formulario y enviarlo por correos antes de recibir los cuatro dólares-. Como solo podemos evitar las pérdidas que resultan muy evidentes, tenemos la tendencia a concentrarnos en lo inmediato.

Más de dos tercios de los que vivimos en este país no tenemos seguro de vida. La gran realidad es que las personas entre 35 y 65 años tienen un mayor riesgo de lesionarse seriamente y no poder trabajar por un tiempo considerablemente largo que morir. Sin embargo, sólo un tercio de los que caen dentro de esas edades tienen seguro de incapacitación. Según los sicólogos, esto es así porque uno piensa en lo peor que puede pasar y no en lo que tiene mayor probabilidad de ocurrir.

La mayoría de las personas no se sientan a hacer un presupuesto mensual o no se inscriben en el plan 401(k) de retiro financiado por la empresa, o no hacen la contribución necesaria para obtener la parte que brinda el empleador. ¿Por qué? Porque queremos el fruto inmediato; no queremos esperar el tiempo de cosechar.

Seguir al rebaño es otro error financiero común que se debe a la fuerza que los otros ejercen sobre nuestras ideas y decisiones. Por eso, muchos ahora compran acciones de etanol; después de todo, todo el mundo cree que ahí están las ganancias. Y ese “todo el mundo” está constituido por nuestros amigos y nuestra familia. Ninguno de ellos es experto en finanzas, pero nos dejamos llevar por lo que dicen y hacen.