Rostros de la elección

Él mismo ha pedido una segunda oportunidad para 'seguir hacia adelante', como reza el lema 'Forward' de su campaña de reelección
Rostros de la elección
Progresista, competente, racional y decente. Así ha sido Barack Obama para la revista 'The New Yorker', que apoya su reelección.
Foto: EFE

WASHINGTON, D. C.— El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha dejado de ser el mito que deslumbró en 2008 para convertirse en un político de carne y hueso que acumula logros y fracasos. Tras, cuatro años en la Casa Blanca pide ahora una segunda oportunidad para llevar al país “a un lugar mejor”.

Eso sí, el camino será “difícil”, como dijo el primer presidente afroamericano en la historia de EEUU en la Convención Demócrata realizada en septiembre en Charlotte, Carolina del Norte, que lo proclamó oficialmente como candidato a la reelección y en la que dio un discurso realista frente al tono esperanzador del de Denver en 2008.

La debilidad de la economía estadounidense acentuada por un alto desempleo y la crisis en Europa es hoy el principal enemigo para su reelección y permanece como la mayor preocupación entre los votantes.

De ahí que su principal promesa para un segundo mandato lejos de sus ambiciosos planes de 2008 sea poner en marcha una serie de iniciativas para reactivar la economía: más gasto en educación, más empleos en el sector manufacturero, menos dependencia en el petróleo extranjero y más impuestos a los ricos.

Obama acaba de cumplir 51 años, su cabello se ha llenado de canas y su hija mayor, Malia, ha comenzado en el instituto, pero sigue siendo el mismo hombre del que Michelle Obama se enamoró cuando se conocieron en Chicago y “conoce el ‘Sueño Americano’ porque lo ha vivido”, en palabras de la primera dama.

Un 4 de agosto de 1961 nacía en Hawai —el estado más joven y más lejano del país— un niño llamado Barack, como su padre, el economista keniano educado en Harvard Barack Obama Sr., pero a quien le dejó una gran huella su madre, Stanley Ann Dunham, una antropóloga de Kansas.

Tras la separación de sus padres cuando apenas tenía dos años, el pequeño Barack Hussein volvió a ver a su progenitor solo una vez más y el nuevo matrimonio de su madre lo llevó al país de su padrastro, Indonesia, donde se educó en escuelas tanto musulmanas como católicas.

A los 10 años su madre lo envió de vuelta a Hawai, con sus abuelos, para que recibiera una mejor educación. En su adolescencia hubo escarceos con las drogas y estaba más pendiente del baloncesto que de los libros, pero fue un alumno brillante y terminó estudiando Política en la Universidad de Columbia y Derecho en Harvard.

Chicago, la ciudad de Michelle — una abogada con la que Obama se casó en 1992 y con quien tiene dos hijas, Malia y Sasha—, le ha dado mucho al presidente. Allí se mudó en los años 80 y fue trabajador social, luego profesor y defensor de los derechos civiles, hasta dar el salto a la política en 1997 con su elección como senador estatal de Illinois.

Galardonado con el Nobel de la Paz en 2009 por sus “esfuerzos extraordinarios por reforzar la diplomacia internacional” puso fin a la guerra de Irak, ha fijado el camino para la retirada de Afganistán y autorizó la operación militar que acabó con la vida de Osama bin Laden el 1 de mayo de 2011.

También aprobó en 2010 una histórica reforma que establece el seguro médico obligatorio, un logro sobre el que la sociedad estadounidense está muy dividida.

Sin embargo, no ha cumplido la promesa de cerrar la polémica cárcel de Guantánamo y los hispanos —una fuerza creciente en EEUU— le reclaman que tampoco haya puesto en marcha una reforma migratoria.

Él mismo ha admitido que uno de los mayores errores de su mandato ha sido no saber “conectar” mejor con los ciudadanos y por eso pide ahora una segunda oportunidad para “seguir hacia adelante”, como reza el lema, Forward, de su campaña por la reelección.