Acción Diferida le da respiro por dos años

Más que un permiso renovable por dos años, jóvenes beneficiados por la política de Acción Diferida en Illinois, como Gerardo Salinas, quieren que este sea el primer paso para una reforma migratoria integral que incluya también a sus familias.
Acción Diferida le da respiro por dos años
Gerardo Salinas recibió la tarjeta de autorización de empleo del USCIS, el pasado 24 de noviembre.
Foto: Belhú Sanabria

Chicago.- “Justo en el momento indicado”, fueron las primeras palabras de Gerardo Salinas cuando recibió la tarjeta de autorización de empleo del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos, (USCIS, por sus siglas en inglés), el pasado 24 de noviembre.

Salinas, un joven mexicano de 26 años, quien es invidente, contó a La Raza que como a mediados de diciembre culminará su asociado en educación general en el colegio comunitario Richard Daley, sometió una solicitud para ser aceptado en la Universidad de Illinois en Chicago (UIC), donde quiere estudiar Ciencias Políticas.

“A mi familia no le alcanzaba para pagar mis estudios; pero gracias a una beca de una institución privada pude juntar para pagar mis estudios en el colegio comunitario”, indicó Salinas.

Este michoacano fue aceptado en la UIC; pero en ese momento todavía no contaba con su permiso de trabajo y menos con una identificación del estado. Fue asignado como estudiante internacional, por lo que su semestre costaría tres veces más que si fuera residente de Chicago.

Según Salinas, ahora que obtenga su identificación del estado –gracias a la Acción Diferida-, podrá continuar sus estudios como estudiante regular.

Asimismo, por ser indocumentado, este joven no contaba con los aparatos especiales y recursos disponibles para un ciudadano estadounidense con discapacidad. “Para estudiar sólo tenía tres cosas: mi grabadora que me servía para escuchar las clases, mi memoria para retener lo aprendido y con una persona, que escribía todo lo que le dictaba a la hora de dar exámenes; era todo un reto”, dijo.

Ahora, además del permiso de trabajo, Salinas podrá tramitar su seguro social y su identificación del estado. “Ahora me siento más seguro y sin miedo, porque tengo un documento que me permitirá respirar tranquilo por dos años, con la opción de que pueda ser renovable” y agregó que “nosotros los ‘soñadores’ queremos que surja una reforma integral que alcance a nuestras familias”.

Un cruce a ciegas

Salinas recordó cómo la gente no quería cruzar la frontera con él, pues pensaban que serían descubiertos porque su discapacidad le impediría correr en el desierto. Después de tres semanas y con la ayuda de su madre y hermana logró cruzar la frontera entre México y Arizona, en el año 2000.

El joven ha enfrentado retos desde los 13 años, cuando después de seis operaciones en cada ojo debido a un desprendimiento de retina, perdió la vista. Fue en ese momento cuando su familia decidió emigrar a los Estados Unidos, para que él recibiera una adecuada atención médica.

“En el desierto pasamos hambre porque nos quedamos sin dinero. Dormíamos algunos días hasta en caballerizas; en todo momento corrimos peligro porque en el camino habían alambres, vidrios, perros, de todo, y yo sin poder ver. Sin embargo, lo logramos”, testificó.

Ni bien llegó a Chicago, tuvo que estudiar paralelamente inglés y el sistema braille, para poder terminar su primaria y graduarse de la secundaria. “Era prácticamente como aprender dos idiomas y aunque finalicé mis estudios, las cosas fueron muy difíciles al comienzo”.

“Ahora que tengo mi permiso, pienso que todo sacrificio valió la pena”, sonrío Salinas, mientras sostenía orgulloso este documento.