Miedo y fin de mundo

Sociedad

Los menos alarmados son los sinvergüenzas y los ateos que ni le temen a Dios ni le tiemblan las carnes por el Diablo. Para ellos la vida es un placer, incluso haciendo daño al prójimo, porque dicen que “este mundo es de los vivos”, que no existe el infierno y que el cielo es solo el espacio donde se mueven los astros.

En el Armagedón o apocalipsis, algunos planean emborracharse, hacer el amor y derrochar hasta el último segundo en goces paganos.

Los piadosos bien portados, quienes creen en el paraíso, están emocionados en conocer al Señor; empacan lo inmaterial desde hace meses y ensayan la primera plática con los ángeles celestiales. Para ellos es otro comienzo.

A los pecadores les tiembla hasta usted sabe que. Se confiesan con curas buscando absolución pero siguen errando; van al siquiatra y sufren insomnio pensando en cómo será ese fin: un meteorito gigante; sismos; guerra nuclear; pestes y hasta el regreso de Jesús castigando con rayos y centellas a los impenitentes.

El fin del mundo es el tema de moda y quienes lo pusieron en la palestra de la historia fueron los mayas, cultísimos antepasados, expertos en matemática y astrología, que, de acuerdo a evidencias halladas, tuvieron contacto con seres extraterrestres que les ilustraron sobre conocimientos del futuro. Hace pocos días fui a las ruinas mayas de Tikal en Guatemala, y vi las impresionantes edificaciones de arquitectura perfecta rebosadas de jeroglíficos con los cuales plasmaron su cultura y sabiduría. Ciertos arqueólogos descifraron los códices y uno de estos, la fecha del calendario Maya “el 13 Ahau, al final del último Katún”, lo explicaron como el plazo límite del fin del mundo.

En mi visita a las ruinas experimenté gran tranquilidad y emoción al saber que es un equívoco interpretativo. De acuerdo a los mayas lo que la humanidad ha estado recibiendo es luz divina entre 1995 y el 21 de diciembre de 2012.

Si no se han dado cuenta, el fin del mundo ya está sucediendo y, por ignorantes, vamos a perecer. Los terremotos, huracanes y tsunamis ocurren por el cambio climático provocado por el hombre: deforestación; explotación excesiva de los recursos naturales; minería agresiva y tóxica; uso extremo de motores a gasolina y extracción de petróleo indiscriminada. Todo esto ha causado fatales perjuicios ecológicos.

Por otro lado, el fin del mundo lo sufren los corazones perversos y codiciosos. Los seres egoístas. Lo padecen quienes eligieron el camino de la promiscuidad, la mentira, el odio, la venganza, la ambición y la indiferencia social. Lo viven quienes promueven guerras por el petróleo y los que se dedican al narcotráfico.

Los mayas, con sus profecías, nos indicaron que debemos cambiar o perderemos todo. Ellos predijeron que solo la transformación interior puede darnos nuevos sentidos integrándonos a la tierra en paz y armonía.

No hay que tener miedo, pero sí conciencia y compromiso. Evolucionemos nuestra actitud. Seamos mayas. No es una cuestión de raza, sino espiritual.