Andrés Neuman no idealiza la locura

Escritor argentino presenta su noveno libro de poesía
Andrés Neuman no idealiza la locura
Andrés Neuman reúne dos nuevos poemarios: 'No sé por qué ' y 'Patio de locos'.
Foto: Wordpress.com

SEVILLA, España.— El poeta y narrador Andrés Neuman, nacido en Buenos Aires en 1977 y residente en Granada (España), reúne dos nuevos poemarios, No sé por qué y Patio de locos (Pre-Textos), en un solo libro, que acaba de publicar y que construye con la idea de que “no conviene idealizar la locura”.

Neuman, quien presentó el viernes en Sevilla (sur de España) el que es su noveno libro de poesía, explicó que ha unido dos poemarios tan distintos en un solo volumen porque los poemas están pensados “a partir de la tensión entre dos mitades que se influyen, se diferencian y discuten entre sí”, ya que No sé por qué agrupa poemas intimistas y Patio de locos composiciones menos líricas, a veces crudas y agresivas.

Un manicomio inspira la mitad de su libro…

Siempre me ha parecido exacto el adagio “cada loco con su tema”, y propongo un desarrollo poético de esa idea, con humor y con dolor. Los poemas van construyendo un espacio donde nadie parece dueño de sus propias obsesiones. Ni siquiera los médicos, ni tampoco la voz que narra las escenas, que empieza a enloquecer mientras las cuenta.

¿Cuál es el último patio de locos en el que ha estado?

Le agradezco que suponga que he logrado salir.

¿Mientras más cuerdo, menos generoso?

La locura conviene no idealizarla ni mucho menos estetizarla. La locura tiende al egocentrismo, ya que es un mecanismo absorbente. Y eso termina generando soledad. La cordura es más generosa por puro sentido práctico, porque sabe que necesita al otro para sobrevivir.

¿Tiene una definición de locura?

Una definición tajante, no. Tendría que estar loco para considerarme capaz de tanto. Quizá la locura se relacione con la imposibilidad de manejar las metáforas que nos vinculan con lo real. Por eso la poesía, incluida la más delirante, tiene efectos benéficos, brinda instrumentos para hacernos cargo de nuestras obsesiones, que siempre están al borde de gobernarnos.

¿Admite acogerse a la tradición de la escatología?

Más que la escatología, me interesaba la dignidad de lo considerado feo, que para mí es una forma de ampliar la belleza. La belleza no es un objeto sino un estado de atención. No le veo sentido poético, por ejemplo, a escribir la enésima oda a unos pies blancos y suaves. Lo interesante sería fascinarse por sus callos y asperezas. Ahí hay un desafío de lenguaje y un acto de amor.

¿Qué es más poético, un cuervo o un ruiseñor?

Desde que el maestro Keats lo coronó, el ruiseñor canta para la eternidad, es un pájaro que no muere. Por eso el cuervo me parece más feo y actualmente más fértil como material poético: es portavoz de lo imperfecto, su canto es limitado, sabe que morirá pronto.