Inestabilidad importada

Inestabilidad importada
Pobladores de Apizaco, atestiguan la llegada de 'La Bestia', el tren carguero utilizado por migrantes centroamericanos.
Foto: La Opinión - / Gardenia Mendoza

El Salvador

El Salvador continúa siendo un lugar poco seguro, a pesar de que la sangrienta guerra civil que tuvo lugar en este país finalizó en 1992. Más de 260 salvadoreños abandonan la nación centroamericana a diario. Deciden arriesgar sus vidas y dirigirse hacia Estados Unidos mediante viajes en autobuses viejos y trenes peligrosos o incluso a pie, recorriendo distancias inimaginables.

Muchos son víctimas de robo, secuestro, violación o asesinato al cruzar Guatemala y México. Otros tantos se ven obligados a prostituirse y a convertirse en contrabandistas o traficantes de drogas. Si se niegan, mueren a manos de los carteles o las pandillas que se benefician con el tráfico internacional de drogas. Muchos son obligados a fumar, ingerir o inyectarse drogas. Así los vuelven adictos a las drogas, dejándolos dependientes y descorazonados.

Miles de salvadoreños se ven obligados a abandonar El Salvador debido a la falta de trabajo y a que es un país con un grave índice de peligrosidad donde el respeto por la vida es casi inexistente. El Salvador encabeza la lista de países en América Latina que obliga a sus ciudadanos a emigrar.

Hoy la violencia gira entorno a las pandillas, no a la política. Y al igual que Estados Unidos jugó un papel en la guerra civil de este país, hoy también tiene un impacto en la violencia pandillera.

En la década de 1980, América Central era un lugar de mucho conflicto. El presidente Reagan aprovechó las afirmaciones desmedidas sobre el triunfo del comunismo en esa región y sus avances hacia nuestra frontera al sur para justificar la ayuda y las armas a las cuadrillas de la muerte en El Salvador y el apoyo al gobierno de derecha.

La guerra civil contra los rebeldes de izquierda se cobró la vida de más de 80,000 personas. Muchos de los que fueron asesinados eran personas inocentes, civiles de la clase obrera que no apoyaban ni a los soldados ni a las guerrillas.

Estados Unidos continúa siendo la fuente de inestabilidad en El Salvador de dos maneras.

En primer lugar, ha deportado a miles de prisioneros que se encontraban en la cárcel por asuntos relacionados con las pandillas. Las cárceles en El Salvador no tienen capacidad para albergar la interminable cantidad de presos deportados por EE.UU., por lo tanto, ahora muchos de estos delincuentes ahora deambulan por las calles.

En segundo lugar, la demanda de drogas ilegales en Estados Unidos incita a las pandillas en El Salvador.

Por lo tanto, cuando los políticos de EE.UU. denuncian a la pandilla salvadoreña MS-13, continúan inculcando el temor pero no ofrecen soluciones para ayudar a El Salvador a pelear contra el delito y la violencia.

Una solución es enviar más ayuda de Estados Unidos a El Salvador para combatir la pobreza.

Una solución diferente, que contaba con el apoyo de Ron Paul, ex candidato presidencial del Partido Republicano, es la polémica propuesta de legalizar las drogas en Estados Unidos para retirar el elemento delictivo y la violencia del tráfico de drogas.

Es el tráfico de drogas —y las pandillas que se benefician del mismo— el que controla a El Salvador, ya que los carteles ahora operan ampliamente en América Central y las principales víctimas son civiles inocentes.

Otra contribución devastadora al aumento en la violencia fue la eliminación de la moneda de El Salvador, el colón.

En el 2001, El Salvador adoptó el dólar como moneda nacional. Los políticos salvadoreños prometieron prosperidad y crecimiento económico como nunca visto para todos los salvadoreños. Pero las cosas no se han dado así.

El presidente Francisco Flores prometió en el 2001 más inversiones extranjeras para El Salvador, y como resultado, procedió a dolarizar la moneda. Esto ha tenido un impacto negativo en los propietarios de pequeñas empresas locales, mientras que la mayoría de los propietarios de grandes empresas extranjeras ha visto beneficios. Especialmente aquellos que operan las maquilas en El Salvador y pagan menos de 5 dólares por día.

Por lo tanto, es claro que El Salvador no está en mejor situación con el dólar. El cambio de moneda ha creado más pobreza y un aumento en los homicidios y demás delitos.

Volver al colón les permitiría a la empresas locales, pequeñas y grandes por igual, a lograr índices más altos de producción. El dólar ha convertido a El Salvador en un lugar atractivo y en un incentivo económico para los carteles de drogas nacionales e internacionales se instalen allí. El lavado de dinero también se está volviendo algo frecuente.

Los salvadoreños hace más de 30 años que no conocen un verdadero estado de paz. Al igual que todos los demás en el mundo, se merecen la oportunidad de tener una vida normal. Una vida en la que puedan ir al trabajo o a la tienda sin el temor de ser asesinados tan sólo por una moneda de 25 centavos de dólar o un dólar.

Estados Unidos debe ayudarlos a lograr esta oportunidad. La oportunidad simplemente de vivir en paz.