‘Canelo’ en pasado imperfecto

La pálida actuación del mexicano recuerda que hay otras maneras de perder

Saúl 'Canelo' Álvarez es acorralado contra las cuerdas por el mejor libra por libra, Floyd Mayweather, en la función del sábado.
Saúl 'Canelo' Álvarez es acorralado contra las cuerdas por el mejor libra por libra, Floyd Mayweather, en la función del sábado.
Foto: AP

ANÁLISIS

LAS VEGAS.— Con la cara limpia y sin huellas visibles del castigo, Saúl “Canelo” Álvarez pasó tímidamente por la sala de prensa del MGM Grand Garden Arena, apenas después de su penosa derrota ante Floyd Mayweather Jr. en la que dejó, entre otras cosas: su invicto, su título de campeón y un trozo grande de su credibilidad.

Dijo lo que ya había dicho en el cuadrilátero.

“No pude alcanzarlo. Lo intenté, pero no pude. Lo siento por mis seguidores. Trataré de hacerlo mejor en la próxima oportunidad”, fue todo lo que dijo.

Así de fácil se salió de lo que debía ser una explicación mucho más picante, sobre todo después de la expectativa creada en torno a su nombre ya visto como una estrella del boxeo mundial.

“Lo intenté, pero no pude”, expresó.

Mentira, no lo intentó, porque no fue capaz de vender cara la piel en la noche más importante, ya no se sabe si para él, pero sí para sus seguidores.

Por eso tenía la cara limpia y los mechones, tipo James Dean, más relucientes.

Intentarlo habría sido jugarse a fondo en esa primera mitad de táctica y estrategia del combate, cuando, una vez enterados de que el plan inicial se venía abajo, apelar al viejo método, siempre vigente, de morir matando, poniendo testosterona a falta de recursos.

Morir matando, en sentido figurado, como sí lo hizo Miguel Cotto que salió sangrante, roto y vencido, pero con el honor intacto.

Pasó en puntillas “Canelo” por la sala de prensa, como lo había hecho en el cuadrilátero. Sin respuestas.

El temor de que a la superioridad técnica de Floyd se agregara la fragilidad mental del mexicano, fue un lastre desde el primer asalto cuando éste salió a plantar cara y no a correr, le tiró 27 jabs y le conectó 11.

Así que como no hubo un rival corriendo por el ring, sino un atleta endiablado en una condición física excepcional, no hubo plan a ejecutar.

Y así, se murió de nada.

“Es muy inteligente y muy elusivo”, decía. “Cómo pelea solo marcando puntos para ganar los asaltos entonces no hay manera de intercambiar golpes con él; y no encuentras cómo conectarlo”, insistió.

Las cifras del combate cuentan que Mayweather lanzó 505 golpes y aterrizó 232 (46%).

Y Álvarez , supuestamente, puso 526 con 117 (22%). Esto habla de superioridad en acciones de ataque.

Mayweather lanzó 330 jabs con 139 en la cara de su rival (42%). “Canelo” lanzó 294 con 44 en lugar bueno (15%). Esto explica el festival del “Money”.

Luego, en los golpes de poder, Mayweather lanzó 175 y conectó 93 (53%) y, según Compubox, “Canelo” dizque lanzó 232 y dizque conectó 73 veces a su rival para un 31%.

Si estos últimos números fueran reales no habríamos visto la diferencia abismal que hubo en la pelea y “Canelo” Álvarez no habría recibido el duro correctivo que le recetaron el sábado.

Que Mayweather es un peleador superior al tapatío, lo sabían todos, y por eso era necesario un plan de choque para contrarrestarlo y tratar de ganar, pero “Canelo” lució fatal, no llevó nada nuevo al pleito, no fue un mejor rival que otros y como otros, repitió la triste historia de ahogarse en medio de la resignación, sin jugárselo todo.

Ahora, apenas podrá mirarse al espejo, pero en unas semanas volverá a mirar su futuro, ya no tan claro, porque una cosa es perder con Mayweather (todos perdieron con Mayweather) dando una buena batalla y enseñando honra y valentía y otra cosa es caer sin hacer nada, recibir un cheque e irse a casa.

Las derrotas sorpresivas casi siempre tienen una explicación, pero las anunciadas tienen de malo que a la frustración de la incapacidad le agregas el estigma de la humillación.

“Canelo” Álvarez, la noche del sábado, frente a los medios en el MGM, con la cara limpia y el alma rota.

A poco no hubiera sido mejor que tuviera la cara rota y el corazón tranquilo.