El pasado no olvida

Juicio migratorio a ex soldado guatemalteco revive horrores de la guerra civil
El pasado no olvida
El acusado, Jorge Sosa Orantes
Foto: Suministrada

RIVERSIDE (AP). — Ramiro Osorio dice que miraba entre las tablas de madera de una iglesia cuando vio hombres armados llevarse a niños pequeños de su poblado en Guatemala y estrellarlos contra un árbol antes de lanzar sus cadáveres a un pozo.

Osorio, que tenía 5 años en ese entonces, dijo que los solados le arrebataron a su madre y la llevaron a un pozo mientras la mujer imploraba por su vida.

“Escuché a mi mamá gritar pidiendo auxilio y ‘¡Por favor, no maten a mis hijos! Ellos no saben nada, nosotros no sabemos nada”, declaró Osorio este viernes en el juicio de un ex soldado guatemalteco acusado de mentir sobre la masacre de 1982 en su solicitud de ciudadanía.

Jorge Sosa Orantes, ex subteniente de una unidad de las fuerzas especiales de Guatemala, batalla por mantener su ciudadanía estadounidense. Si lo declaran culpable de hacer declaraciones falsas y obtener la ciudadanía ilegalmente, podría ser condenado a 15 años de prisión.

Aunque el caso no es sobre crímenes de guerra, ha vuelto a poner en el candelero narraciones de los horrores de la guerra civil de Guatemala en este tribunal del sur de California. Unas 200 mil personas fueron asesinadas durante la guerra civil de Guatemala, que concluyó en 1996, en su mayoría a manos de fuerzas del gobierno y grupos paramilitares.

Los fiscales dicen que la patrulla de Sosa llegó a Dos Erres en diciembre de 1982 para buscar fusiles que creían los guerrilleros se habían robado, y entonces decidieron matar a los vecinos después que algunos soldados comenzaron a violar a las mujeres. La masacre dejó un saldo de por lo menos 160 muertos.

No se encontraron armas en la villa y los pobladores no se resistieron. Pero la patrulla recibió órdenes de matar a todos para cubrir la violación de mujeres a manos de soldados, dijeron los fiscales.

El defensor Shashi Kewalramani dijo que el servicio militar de Sosa no era secreto para las autoridades estadounidenses porque les contó su participación en el ejército cuando solicitó asilo antes de tomar la ciudadanía, información que estaba en su registro en inmigración.

El abogado advirtió a los jurados que Sosa está sometido a juicio por la forma en que respondió a las preguntas en su solicitud de ciudadanía, no por atrocidades de guerra.

Después de que su solicitud de asilo le fue negada, Sosa se mudó a Canadá, donde obtuvo la ciudadanía. Recibió una tarjeta de ciudadanía estadounidense después de casarse con una estadounidense y se naturalizó en 2008.

Dos años después, autoridades estadounidenses registraron su casa en Moreno Valley. Entonces Sosa, un instructor de karate, decidió irse a México y abordó un vuelo a Canadá. Fue arrestado y extraditado el año pasado a Estados Unidos.

En años recientes, Guatemala comenzó a enjuiciar a ex militares acusados de la matanza de Dos Erres. Cinco de ellos han sido condenados a más de 6 mil años de prisión, entre ellos uno que fue detenido por autoridades de seguridad nacional de Estados Unidos y deportado a Guatemala.

Los fiscales guatemaltecos desean que Sosa sea extraditado para enfrentar cargos por los asesinatos.

Osorio, quien fue criado por un soldado pero se fue de Guatemala y recibió asilo en otro país, testificó ante los jurados cómo hombres armados llegaron una noche a su vivienda en Dos Erres, donde vivía con sus padres y seis hermanos y hermanas. Su padre y su hermano mayor fueron enviados a la escuela del poblado y resto de los niños a la iglesia.

Osorio podía escuchar a los hombres gritar fuera de la iglesia. Las mujeres comenzaron a llorar y en eso llegaron varios hombres armados y se llevaron por el pelo a las jovencitas.

Un hombre entró a la iglesia con un mensaje: “Si saben rezar, recen, porque nadie los va a salvar de esto”, recuerda Osorio que le dijeron.

Después que los soldados se llevaron a la madre de Osorio, corrió a parte trasera de la iglesia donde las mujeres y niños estaban custodiados. Se quedó dormido, llorando, debajo de una banca.

Cuando se despertó sólo quedaba un puñado de niños.