Crónica de los cierres de gobierno en EEUU

A través de la historia, el gobierno de Estados Unidos ha sufrido varios cierres y sus consecuencias.

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Crónica de los cierres de gobierno en EEUU
La amenaza de un cierre de gobierno en EEUU se convirtió en un arma en los 80.
Foto: AP / J. Scott Applewhite

WASHINGTON ( AP ) – Estamos acostumbrados a políticos cerrados, pero ¿por qué un candado a la Estatua de la Libertad?

No se ven otras democracias que cierren sitios de interés y envíen a funcionarios a casa sólo porque sus partidos políticos no se llevan bien. Los funcionarios belgas, por ejemplo, continuaron sus labores muy bien durante año y medio, mientras que los políticos discutían sobre la formación de un nuevo gobierno.

La posibilidad del cierre parcial este martes es un capricho de la historia de Estados Unidos. Así que si usted se aburre de culpar a los republicanos o al presidente Barack Obama, puede trasladar un poco de responsabilidad a los padres de la patria.

A continuación una breve historia de los cierres del gobierno al estilo americano:

Los redactores de la Constitución dieron el control al Congreso sobre el gasto como una forma de limitar el poder de la presidencia. El gobierno sólo puede gastar el dinero “como consecuencia de asignaciones autorizadas por la ley”, o en otras palabras, después de la autorización del Congreso, y con la firma del presidente.

Cuando los burócratas quisieron gastar más de lo que el Congreso daba, el Departamento de Guerra y otros organismos ordenaron artículos a crédito. Luego irían al Congreso para pedir un crédito y pagar las cuentas. Los legisladores se sintieron obligados a cubrir las deudas del gobierno, pero no estaban contentos. El poder ejecutivo estaba socavando el poder de la bolsa del Congreso.

El Congreso respondió con una serie de leyes como la conocida como “Ley antideficiencia”.

Gracias a ella, los funcionarios que por error gastaron dinero del Congreso sin su aprobación enfrentaron acciones disciplinarias.

La ley antideficiencia parecía clara. Pero como de costumbre, el Congreso envió mensajes contradictorios. Los legisladores no pudieron pasar facturas rutinarias a tiempo. A veces, las agencias pasaron todo un año sin presupuesto. Generalmente, los legisladores aprobaban dinero a corto plazo, lo que llamaban “resolución contínua”.

A veces, el Congreso no podía ponerse de acuerdo en resoluciones sobre temas como el aborto, la ayuda externa o aumentos de sueldo del Congreso. Algo así como la lucha actual sobre la reforma de salud. Pero las agencias gubernamentales no cerraron y secretarios del gabinete no fueron esposados.

Este sistema funcionó por décadas, hasta el gobierno de Carter.

Purista de las normas, Carter pidió a su Fiscal General examinar la Ley Antideficiencia. En abril de 1980, el procurador General Benjamin Civiletti emitió una opinión sorprendente: “La autoridad legal para las operaciones continuas puede o no existir”, escribió.

Si no existía, el gobierno debería enviar a sus empleados a casa. Civiletti incluso declaró que cualquier agencia que rompiera esa ley sería procesada. La Comisión Federal de Comercio sufrió los efectos de esta decisión.

Cerca del final de su periodo, Civiletti aclaró el significado de la ley. En un cierre de gobierno, la milicia, el tráfico aéreo, las prisiones y otras áreas que protegen la seguridad o propiedad humana, deben continuar trabajando. Lo mismo sucedería con áreas como la seguridad social, que el Congreso financió de forma indefinida.

Con la amenaza de cierre como un arma, las peleas por el presupuesto nunca serían las mismas, y una grande se gestaba.

El republicano Ronald Reagan se mudó a la Casa Blanca en enero de 1981 con la promesa de reducir los impuestos y el tamaño del gobierno.

Para el lunes 23 de noviembre de 1981 el gobierno había estado técnicamente sin dinero el fin de semana, pero el Congreso aprobó el gasto de emergencia para que siguiera funcionando. Esa mañana, Reagan ejerció su primer veto.

Fue el primer cierre del gobierno, pero duró sólo unas horas. Por la tarde, el Congreso aprobó una prórroga de gasto de tres semanas. Los trabajadores regresaron a la oficina la mañana del martes. El costo estimado fue de más de $80 millones.

Se estableció el patrón: durante sus dos mandatos, Reagan y los demócratas del Congreso discutieron regularmente sobre el cierre, y dos veces más los trabajadores fueron enviados a casa durante medio día.

El presidente George H.W. Bush utilizó la táctica una vez.

El presidente Bill Clinton y Gingrich. Dos grandes hombres con grandes ideas y grandes egos, el presidente demócrata y el vocero de la Cámara Republicana acabaron en una lucha en 2 ocasiones.

Estos dos cierres, por 6 y 21 días respectivamente, fueron los más largos.

Estre los problemas graves que estaban en juego en 1995, estaban el futuro de Medicare, los recortes de impuestos, la ayuda a los pobres y el déficit presupuestario.

Estas experiencias demostraron que los cierres no ahorran dinero, sino que cuestan millones: el primer cierre se tradujo en 800,000 trabajadores que finalmente cobraron por quedarse en casa.

A pesar de la oposición pública, Clinton y los republicanos no lograron resolver sus conflictos y 280,000 empleados se fueron a casa por otras tres semanas.

Se dijo que el presidente “ganó” la pelea. Los republicanos sufrieron una paliza en las encuestas y aceptaron la mayoría de las condiciones de Clinton.