Claudio Talavera Ballón en SF Open Studios

El artista plástico originario de Arequipa, Perú, mostrará en la segunda semana de SF Open Studios su forma de preservar la memoria
Claudio Talavera Ballón en SF Open Studios
Claudio Talavera Ballón nos abrió las puertas de su casa, pero también dará la bienvenida al público de SF Open Studios.
Foto: Ricardo Ibarra / El Mensajero

SAN FRANCISCO.— Cuando Claudio regresaba a casa luego de trajinar por el río, charlar con campesinos y bailar con perros, su “vieja” —o sea, su madre— le preguntó: “¿Y qué fue lo que aprendiste”. Nada, contestó el niño. “Mañana te vas a hacer lo mismo, pero tienes que regresar a la casa habiendo aprendido algo. Si no te da la gana de aprender nada, al menos tráeme un dibujo de lo que estás viendo y lo que estás viviendo”.

Este episodio familiar en la vida del pintor peruano, Claudio Talavera Ballón, marcó su memoria creativa. Desde entonces reconoció que el campo y el contacto con la naturaleza le brindaban más enseñanzas que el colegio de curas al cual asistía. “Era el alumno problema porque siempre estaba dibujando. No prestaba atención en las clases porque no me interesaban. Si no me hubieran matriculado en el colegio mi vida hubiera sido un paraíso”, narra sentado en su estudio instalado en un garaje del Distrito de la Misión, ante un tazón con cacahuates salados y una limonada que exprimió… “es con todo y cáscara, para sacarle toda la vitamina”, me dice.

Claudio Talavera participará en la segunda semana de los SF Open Studios, el fin de semana del 26 y 27 de octubre, incluidos los vecindarios de la Misión, Castro, Bernal Heights, Noe Valley, Upper Market, West Portal y Glen Park, oportunidad para conocerlo a él y su obra en el 3712 de la calle 25, casi esquina con Guerrero, de 11:00 a.m. a 6:00 p.m.

Estas crónicas visuales que hace Claudio, originario de Arequipa, Perú, lo volvieron “preservacionista” —como él mismo define—, notable en las paredes de su taller y de su casa, con cuadros que exponen puertas viejas de madera corroída, casonas antiguas, balcones ondulados, callejones laberínticos, ancianos y ancianas en algún escondrijo de la serranía sudamericana, pescadores, trabajadores, campesinos.

“Trato de salvar cosas mediante la pintura. En el Perú hay un boom constructivo que está avanzando, que da miedo, un ‘progreso’ incontrolable que está destruyendo todo a su paso. Cuando vivía en los pueblos me gustaba mucho conversar con los viejos —los considero personas muy sabias—, con los campesinos también, y me dediqué a pintarlos, porque me dieron muchas lecciones y están por completo desapercibidos y dentro de poco van a morir, y nadie se acuerda de ellos y nadie los conoce”, relata luego de bajar el volumen a alguna melodía cantada por Jim Morrison.

La diferencia entre el oficio de diseñador gráfico que realizaba en su juventud y la nueva narrativa plástica que desarrolló Claudio fue influenciada por el pincel de Luis Palao Beristáin, quien lo invitó a convertirse en su discípulo, en Calca. “No podía rechazarlo, era como si Diego Rivera te estuviera invitando a ser su aprendiz, así de grande fue para mí”.

En aquel pueblo del Cusco, el residente de la Misión saldría de casa por la mañana “y no había nadie en la calle”, o salía al mediodía “y no había nadie”, o se aventuraba por la noche “y no había nadie”. Lo único que podía entretenerlo era su propia creatividad. “La gente ve una pintura y dice ‘qué fácil’, pero es mucho trabajo, mucho pintar para llegar ahí”.

En aquel lugar, además, donde iba “cambiando pinturas por comida, rogándole al dueño de la casa cambiar cinco pinturas por el alquiler de la casa, cambiando pintura por tomates, por cebolla, por gaseosas, por pollos, por cosas”, reconoce que alguna vez estuvo tentado a rendirse “al sistema”, hacerse banquero, cortarse el cabello, usar saco y corbata, pero “uno va disfrutando de un montón de cosas y uno se da cuenta de que la vida es sencilla, que no se necesita tanto para vivir y que se puede vivir así”.

Claudio Talavera Ballón, habitante ahora de San Francisco, casado con la argentina Mariela Talavera, anuncia que, a estas alturas, jamás podría ni pensar en abandonar la pintura. Como alguna vez le dijo su madre: “Ya ponte a dibujar lo que has visto”, y hasta ahora sigue capturando esos paisajes por los cuales va caminando.

La tercera semana de los SF Open Studios, el fin de semana del 2 y 3 de noviembre, incluyen los barrios de SOMA, Tenderloin, Potrero Hill, Dogpatch, Bayview, Portola y Excelsior. Si es usted de esos que descargan apps en el móvil, quizá quiera descargar SFOS, de ArtSpan, para intimar con el arte que abunda por estos días en la ciudad.