Siguiendo la cosecha

La organización Tzu Chi ofrece clínicas gratuitas para los campesinos migrantes
Siguiendo la cosecha
Miembros de la organización Tzu Chi ayudan en los preparativos de una clínica móvil en Los Ángeles.
Foto: La Opinión - J. Emilio Flores

Muchos saben de las dificultades que enfrentan los migrantes hispanos que trabajan en los campos de California. Pero no todos conocen a fondo los efectos que dicho trabajo causa en su salud, como Tzu Chi, una organización sin fines de lucro que ofrece atención médica a través de sus clínicas móviles, desde 1993.

La idea original de Tzu Chi, cuya traducción significa compasión y alivio, nació en 1966, cuando su fundadora, la Maestra budista Cheng Yen de Taiwán convenció a 30 amas de casa para que ahorren dos centavos diarios en su alcancía de bambú para donar a aquellos que lo necesitaran. “El concepto es levantarse cada día, agradecidos por estar vivos y sanos y devolver las bendiciones que tenemos, ayudando a otros”, explicó la presidenta de la organización Debra Bourdeax. La idea original se convirtió en la organización sin fines de lucro que hoy ofrece clínicas gratuitas a quienes lo necesiten.

“Como los campesinos migrantes, nosotros también somos inmigrantes y esta es nuestra manera de agradecerle a este país que nos dió tantas oportunidades”, explicó Boudreax.

La presidenta de la organización explicó que las clínicas móviles siguen la cosecha durante tres meses, proveyendo servicios odontológicos, de acupuntura para el dolor y educación sobre medicina preventiva. La organización también cuenta con una clínica móvil dedicada a la visión.

“Los mayores problemas de salud que sufren los campesinos son el dolor de la espalda y de pies, por el duro trabajo que realizan durante la cosecha. También vemos muchos problemas de uñas de pies encarnadas que dificultan su labor y casos de obesidad en los niños por el tipo de dieta que llevan”, describió Boudreax. La organización también ofrece vacunación para los niños, botiquines con cepillos de dientes y productos de higiene y mantas hechas con botellas de plástico recicladas, que por su material son sumamente abrigadas.

“Muchos campesinos se sienten agradecidos pero no tienen dinero para dar, asi que que tratan de pagarnos con lo poco que tienen, tomates, duraznos y uvas”, indicó Boudreax.

Ella describió la vida que llevan los campesinos que pudo observar en uno de los viajes, “Fuimos a asistir a la gente en un campo de uvas, en Lamont, California donde vivían 45 familias, 167 residentes de los cuales el 25% eran niños. Durante el verano, las temperaturas son muy altas, de hasta 105 grados a las diez de la mañana. Los trabajadores comienzan a las cuatro de la mañana hasta el mediodía y desde las cuatro de la tarde hasta las ocho de la noche”.

La Presidenta opinó que más personas deberían sumarse al movimiento de ayuda. “Todos necesitamos ser más compasivos y preocuparnos por los demás, sembrar donde podamos las semillas del amor. Todos podemos hacerlo”, aseguró.